Nunca (Arpías 4) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

—¿Para eso has venido? ¿De verdad crees que vas a convencerme de que entregue a mi sobrina a esa jodida maníaca?

—¡¿Qué?! No sé de qué demonios estás hablando. Walsh dice que la cura para Melissa solo será posible si vosotras volvéis. Lo que sea que busca, lo tenéis vosotras.

—¡Claro que sí! ¡Quiere a Everly, joder! —grito.

—¡¿Quién demonios es Everly?!

—Ya lo sabes. Sabías lo que nosotras tendríamos que sacrificar para que tu hermana se salvara y, aun así, te atreves a venir aquí… —Río sin ganas—. Que te jodan, Hutcher. No voy a darte una mierda. Puedes decirle a Madre que, si quiere a la bebé, venga a buscarla ella misma.

Voy a pasar por su lado, pero me sujeta por el brazo y me empuja de nuevo hacia atrás. Mi espalda golpea la pared con brusquedad.

—¿Dónde mierda crees que vas? Aún no hemos terminado.

Le lanzo una mirada amenazante.

—Vuelve a tratarme así y serás el siguiente en mi rastro de cadáveres —siseo.

El muy cabrón sonríe de manera arrogante.

—¿Vas a usar conmigo la pistola que llevas en la espalda? —Respiro hondo y aparto la vista—. Mírame, Row. No dejes de mirarme, joder.

Con un resoplido, regreso mi mirada a la suya.

—No puedes aparecer aquí después de casi dos años y actuar como si el tiempo no hubiese pasado.

—Fuiste tú quien huyó, y aún no entiendo el motivo.

Frunzo el ceño y sacudo la cabeza de un lado a otro.

—Tú elegiste quedarte y trabajar con Madre.

—¡Por salvar a mi hermana!

—¡Y yo me fui para salvar a mi sobrina!

—Sigo sin saber de qué demonios hablas.

Estrecho la mirada sobre él. ¿Por qué tengo la sensación de que estamos hablando en distintos idiomas?

—Tom, ¿qué fue lo que Madre te dijo que necesitaba para crear la cura?

—A vosotras. Ella asegura que, si no volvéis, no podrá salvar a Melissa. Hasta ahora ha sobrevivido gracias al suero que sintetizan con mi sangre, pero el tiempo se acaba.

Inspiro hondo. Siempre había dado por hecho que Tom sabía la verdad, que a quien Madre necesita para crear la cura es a Everly, no a nosotras.

—Madre no nos quiere a nosotras. A quien necesita es a mi sobrina.

Frunce el ceño. Casi puedo ver cómo los mecanismos en su cabeza empiezan a encajar uno por uno.

—¿El bebé de Neva? —Asiento—. ¿Por qué?

—Porque es única. Nosotras fuimos creadas de manera artificial, pero Ever no. Ella se gestó de manera natural. Lo que sea que tenga en su ADN es la clave para la cura, y eso es lo que Madre persigue.

Se queda en silencio unos segundos. Después resopla y se frota la barba con una mano.

—¿Y si…?

Se queda a media frase y niego con la cabeza.

Sé exactamente lo que me iba a preguntar. «¿Por qué no dejamos que Madre obtenga la cura de Everly?». La respuesta es muy simple. Jamás permitiremos que esa puta desquiciada le ponga un dedo encima a la niña. Ella no vivirá encerrada en un laboratorio. La historia no se va a repetir.

—Lo lamento, Tom. Sé que quieres salvarla, pero yo debo proteger a los míos.

Respira hondo y asiente con la cabeza.

—Lo entiendo.

—¿Alguien más sabe dónde estamos? —Niega con la cabeza—. ¿Me estás diciendo la verdad?

Vuelve a empujarme contra la pared, esta vez es más delicado, y me sujeta por la nuca.

—Nunca te he mentido. No empezaré a hacerlo ahora.

Pongo de nuevo las manos sobre su pecho y lo empujo despacio.

—Vete a casa y disfruta con tu hermana todo el tiempo que le queda. Te arrepentirás si no lo haces.

—Necesito salvarla, Row —susurra.

Sus ojos se empañan y aprieta la mandíbula con fuerza. Acaricio su mejilla con suavidad y lo obligo a mirarme.

—Lo siento mucho, pero no puedo ayudarte.

Deja que lo aparte y paso a su lado sin que haga ningún esfuerzo por detenerme. Ya me he alejado varios pasos cuando vuelvo a escucharlo.

—Tened cuidado. No solo yo os he estado buscando todo este tiempo.

Me giro a medias y sonrío en su dirección.

—Descuida. Sabemos cómo cuidarnos de Madre.

—No hablo solo de ella. —Se acerca a mí—. Evan también está siguiendo vuestro rastro, y si yo pude dar contigo…

—¡¿Evan?! —lo corto—. ¿Por qué nos está buscando? ¡Él ni siquiera debería recordarnos! Neva le borró de la memoria toda su relación.

Tom me mira directo a los ojos con un gesto de extrañeza.

—No lo sabes, ¿verdad?

—¿El qué?

—Ese hijo de perra trabajaba para McCain. Su relación con Neva era solo una tapadera. Querían teneros vigiladas y os envió a un infiltrado. Además, él estuvo detrás del ataque al policía. Él fue quien lo empujó a las vías del metro.

—No puede ser… —murmuro.

¡¿Evan?! ¿El friki de las gafas y camisetas de superhéroes? ¡Dios santo! ¿Cómo le voy a contar a Neva que el padre de su hija era un enviado de Madre y McCain para vigilarnos?

Esa información la va a destruir. Y Nao querrá matarlo cuando sepa que intentó asesinar a Preston.

Tom se acerca aún más a mí, me sujeta por la cintura y pega su frente a la mía.

Durante unos segundos solo respiramos el aliento el uno del otro, hasta que él baja la cabeza, deposita un beso fugaz en mis labios y después hunde el rostro en mi cuello.

—No importa el tiempo que pase, te seguiré queriendo, Desconocida —susurra muy cerca de mi oído.

Cierro los ojos con fuerza y, sosteniéndolo por la nuca, mantengo su boca pegada a mi piel durante un buen rato.

No quiero volver a pasar tanto tiempo sin él, pero… ¿qué otra cosa puedo hacer? Él tiene que salvar a su hermana y yo a mi familia. Lo nuestro es imposible.

Tras unos segundos, lo suelto y me aparto despacio.

—Yo seguiré intentando olvidarte —confieso, esbozando una sonrisa triste.

Tom saca un pequeño papel doblado del interior de su chaqueta de traje y lo introduce en el bolsillo del pantalón.

—Si me echas de menos, háblame. Este correo es seguro. —Niego con la cabeza y meto la mano en el bolsillo para devolvérselo, pero me detiene—. Guárdalo, por favor. Si no quieres hablarme, no lo hagas, pero al menos que exista esa posibilidad.

Tras pensarlo un instante, asiento y exhalo con fuerza.

—Mucha suerte, Tom. Espero que encuentres la manera de salvar a tu hermana.

—Y yo que consigáis mantener a esa niña lejos de Walsh.

Nos miramos a los ojos durante un buen rato más y entonces él se da la vuelta y empieza a caminar hacia la salida del callejón.

No puedo evitar que se me escapen un par de lágrimas.

Verlo marcharse resulta aún más doloroso que la primera vez que nos separamos, porque ahora ya no hay rabia ni resentimiento.

El tiempo se ha encargado de cerrar todas esas heridas y solo ha dejado una necesidad abismal de tenerlo cerca. Un imposible, lo sé.

Tom y yo nunca estuvimos destinados a estar juntos, aunque la vida insista en entrelazar nuestros caminos.