Nunca (Arpías 4) Capítulo 1
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Capítulo 1

Day

—A sí están las cosas, Rita. —No aparto la mirada de sus ojos oscuros—.

Nos conocemos desde hace ya un tiempo. Creo que hasta ahora me he portado bien contigo.

He sido paciente, considerada… Incluso me atrevería a decir que te he consentido más de lo que debería.

Pero tengo otra faceta que aún no has visto.

Por mucho que espere paciente, sigue sin cooperar.

Aprieto los dientes porque no me gustaría tener que llegar a otros extremos.

Va a hacer dos años que huimos de la vida que conocíamos casi con lo puesto.

Primero nos alojamos en diferentes moteles de mala muerte. Eran seleccionados a conciencia. Preston hizo un listado detallado de los que sabía que no harían preguntas ni pedirían documentación a la hora de registrarnos. Nao se enamoró de él más si cabe al verlo en su nueva faceta de delincuente.

A día de hoy, sigo pensando que la vida lo puso en nuestro camino como una especie de milagro. Y viniendo de una persona empírica es todo un cumplido. Sin su ayuda y sus contactos, hubiese sido casi imposible escapar sin dejar rastro.

Como buenos fugitivos, nunca pasábamos más de dos noches seguidas en el mismo sitio. Durante meses nos convertimos en nómadas. Necesitábamos estar en continuo movimiento para que Madre y toda la organización de GenoLabs no fuese capaz de alcanzarnos.

Tras la deducción de Row de que la cura para la hermana de Thomas era el bebé de Neva, no podíamos arriesgarnos a que se apoderase de ella. Creo que cualquiera de nosotros le hubiese arrancado la garganta con las manos si hubiese tenido la oportunidad.

Mantenerla a salvo se volvió nuestra prioridad. Pero no era seguro para ella y su bebé no tener un lugar permanente. Al final, Jesse encontró una granja a buen precio. Y lo mejor de todo es que aceptaban el pago en metálico.

No fueron meses fáciles. A todos nos consumían las emociones. Sin embargo, para Neva y Row fueron catastróficos. Tenían que vivir toda aquella locura sin tener al lado a las personas que amaban.

Rita bala y me saca de mis pensamientos.

—Se acabó, Rita. —Me acomodo los guantes—. No quería llegar a esto, pero ya que no lo pones fácil, no me dejas otra opción.

Rodeo a la cabra y tomo asiento en el pequeño taburete que hay a su espalda.

—No me mires así porque la culpa no es mía. Si llevases una dieta rica en fibra, no tendríamos esta conversación.

La cabra gira la cabeza cuanto le permite el cuello y me dedica una mirada cargada de desprecio. No sé en qué momento empecé a interpretar las expresiones faciales de una cabra, pero estoy convencida de que acaba de llamarme de todo menos guapa.

—Sí, sí… Tú sigue juzgándome. Ya veremos quién ayuda a quién dentro de cinco minutos.

Levanto la cola con una mano mientras con la otra preparo el lubricante.

—Como se entere Row de que tengo más intimidad con una cabra que ella, se va a cabrear más de lo que está.

La cabra responde con un balido que suena indignado.

—¡Maldita sea, Rita! No me metas prisa. Esto requiere delicadeza.

Me concentro en lo que estoy haciendo cuando noto que el animal vuelve a tensarse.

—¡Rita! No me obligues a inmovilizarte. Las dos sabemos que acabarás perdiendo.

La cabra da un pequeño salto hacia delante. Y yo, que sigo sujetándole la cola, salgo despedida hacia atrás de ella con el taburete y todo.

—¡Hostia!

El taburete se vuelca y termino con el culo sobre la paja.

Observo a la cabra que, orgullosa de sí misma, camina con parsimonia. A mí no me engaña… Sé perfectamente que disfruta de haberme humillado.

—Esto ha sido un golpe bajo.

Ni siquiera se digna a mirarme.

—Te estoy hablando.

Comienza a masticar.

—Que sepas que ahora lo haré con menos cariño.

Justo cuando consigo volver a ponerme de pie, la puerta del establo se abre.

—¿Day?

Alzo la cabeza en el momento que Jesse aparece y se apoya en el marco con una cesta llena de huevos bajo el brazo. Su mirada pasa de mí a la cabra y al lubricante que sostengo en la mano. Después se fija en el taburete a mi espalda. Durante unos segundos permanece serio con la cabeza ladeada.

—Listilla... —Suspira teatralmente—. No seré yo quien juzgue tus fetiches, pero…

—¡Fuera! —lo corto antes de que continúe.

Aunque sé que a Jesse Jones no hay quien lo pare

—Solo digo que llevamos dos años juntos y jamás pensé que tendría que competir con una cabra.

—Jesse…

—Creo que estoy en desventaja. Tiene unos ojos preciosos.

—Me estás cabreando.

La cabra bala justo en ese momento y él sonríe.

—¿Ves? Hasta ella está de acuerdo.

Cojo uno de los cepillos que usamos con los animales y se lo lanzo. Me indigno cuando lo esquiva con facilidad.

—Cariño, la violencia nunca resuelve nada.

—¿Quieres comprobarlo? —lo desafío, poniendo mis manos en la cintura.

—La verdad es que no.

Se acerca unos pasos mientras intenta contener la risa. Lo conozco demasiado bien y sé que está haciendo un verdadero esfuerzo por no carcajearse.

—¿Qué ha pasado? —pregunta al llegar a mi lado y señala a la cabra, que nos mira aburrida.

Me debato entre si contárselo o sacarlo a patadas de aquí.

—Está estreñida —digo al fin.

—¿La cabra o tú?

Lo fulmino con la mirada.

—¡La cabra, idiota!

—Menos mal.

—¿Por qué?

—Porque si fueses tú, se te cuartearía más la cara cuando tuvieses que apretar.

Toca mi ceño fruncido y le suelto un manotazo.

—Son líneas de expresión, estúpido.

—Eso es lo que dice uno cuando se hace viejo.

Sí, han pasado dos años y Jesse sigue tan irritante como siempre. Quizá esa es su habilidad. O más bien diría su defecto.

No puedo evitar resoplar.

—¿Has venido solo a reírte de mí?

—No.

Deja la cesta sobre una de las balas de heno que tenemos apiladas.

—He venido porque Neva dice que Everly lleva diez minutos preguntando por su tía Day y amenaza con organizar una revolución infantil si no apareces.

Toda la mala leche que me producen las gilipolleces de Jesse se evapora al escuchar ese nombre.

Sonrío sin poder evitarlo.

La pequeña ya ha cumplido un año y manda en toda la granja.

—Dile que, en cuanto termine con Rita, voy.

Él observa de nuevo a la cabra.

—¿Va para largo?

Miro a la cabra. Y ella me mira a mí.

Suelto un suspiro porque las dos sabemos perfectamente que sí.

—Depende de su colaboración.

Jesse se acerca despacio hasta situarse junto al animal. Y comienza a acariciarla entre los cuernos.

—Rita… —«¿Puede una cabra levantar las orejas? Porque juraría que lo acaba de hacer»—. Haz el favor de cooperar con tu madre.

Lo miro arqueando una ceja.

—¿Su madre?

—Pasa más tiempo contigo que con cualquiera.

—Me preocupo por su salud.

«No reconoceré que disfruto cuidando de los animales».

—Y, aun así, me quiere más a mí que a ti —suelta cuando la cabra se roza contra su pierna.

—Porque tú la sobornas con pan.

—Las relaciones sanas se construyen con pequeños detalles.

Esta vez la cabra acerca el hocico al bolsillo de Jesse. Automáticamente, él saca un mendrugo de pan como por arte de magia.

—¡Lo sabía!

Jesse se encoge de hombros.

—Nunca subestimes el poder de los carbohidratos.

La muy traidora empieza a comer de su mano.

«Con razón está estreñida…».

—¿Llevo media hora negociando contigo y este señor aparece con un trozo de pan y ya sois mejores amigos?

—Siempre he sido una persona con carisma.

Ni en vaqueros y con una camiseta agujereada Jesse es capaz de hacer desaparecer al relaciones públicas que lleva dentro.

—Eso se llama chantaje alimenticio.

—Llámalo como quieras, Listilla. Pero tengo a todas comiendo de mi mano. —Me guiña un ojo.

«Será vanidoso…». Pero no puedo evitar sonreír.

Quién me iba a decir a mí, hace unos años, que Jesse y yo llevaríamos tanto tiempo juntos, además, conviviendo a diario, sin matarnos.

Tengo a mis hermanas, a mi rayito de sol y a Jesse. No me imagino mi vida de otra forma.

Bueno, sí…

Me gustaría seguir teniendo esta vida sin la necesidad de tener que escondernos. No sentir la espada de Damocles pendiendo sobre nosotros todo el tiempo. Y que Everly pudiese estar en el mundo sin miedo a que alguien quiera capturarla para experimentar con ella.

Por mucho que todos hayamos intentado adaptarnos a la vida de campo, no olvidamos la verdadera razón por la que nos ocultamos. Aún sigue en pie acabar con Madre, GenoLabs y vengar la muerte de Terry.

Me toco el pecho. Por mucho que pase el tiempo, el dolor nunca desaparece.

Jesse y Preston han creado toda una red para estar informados de lo que ocurre en Chicago.

Seguimos recabando pruebas. Aunque llegan a cuentagotas.

Ojalá tuviésemos a Evan con nosotros. Seguro que sus capacidades informáticas nos serían de gran ayuda.

No obstante, nadie discutió la decisión de Neva de borrarle todos los recuerdos que, de alguna forma, lo involucrasen con nosotras.

De hecho, a ella es a la que más le duele esa decisión, pero lo hizo para protegerlo.

No me gusta ver sufrir a mis hermanas. No soporto que, por los ideales maquiavélicos de una mujer a la que admiré durante toda mi vida, no puedan ser felices.

Suspiro, intentando no dejarme arrastrar por la rabia de nuevo.

Dedicarme a la ciencia me enseñó a ser paciente, y eso es lo único que podemos hacer ahora: esperar.

Me fijo en la cabra, que sigue distraída masticando, y Jesse me hace un gesto con la cabeza.

—Ahora, Day. Púrgala.

Lo miro unos segundos y me entra la risa.

—Eres un manipulador.

—Ya sabes que tengo matrícula de honor en eso.

Aprovecho que la cabra está distraída y, antes de que pueda reaccionar, termino por fin el procedimiento, insertado mis dedos.

Rita pega un pequeño respingo antes de quedarse quieta.

—Espero que tires esos guantes a la basura.

Hago caso omiso al sibarita que arruga el rostro asqueado y espero unos segundos.

De repente, la cabra levanta la cola e intercambio una mirada con Jesse.

—Corre —le digo, poniéndome en pie.

—¿Qué?

—¡Que corras!

Él obedece sin cuestionarme. No llegamos muy lejos cuando escuchamos un sonido inconfundible, como de trompetas, y un olor nauseabundo invade todo el establo.

Jesse retrocede mientras se lleva una mano a la nariz.

—¡Madre de Dios!

No puedo evitar echarme a reír mientras me mira horrorizado.

—¡Pero ¿qué come Rita?!

—El pan que tú le das. —Lo señalo.

—Creo que acabo de perder el apetito para el resto de mi vida.

Me acerco a él, riéndome, me quito los guantes y, tras lanzarlos a un bidón de basura, apoyo la frente contra su hombro.

—Has dicho que querías ayudar.

—La próxima vez recuérdame que me quede recogiendo huevos.

Levanta un brazo y me rodea el hombro mientras contemplamos a Rita, que ahora mastica tranquilamente, como si no acabara de provocar una catástrofe biológica.

—¿Sabes una cosa? —murmura, besándome el pelo.

—¿Qué?

—Echo de menos muchas cosas de nuestra antigua vida, pero no cambiaría esto por volver allí.

Miro a mi alrededor: la granja, los animales, las risas… Pienso en Everly y en el resto esperándonos en casa.

Y sí, puede que nuestra misión sea acabar con todos los que quieren utilizarnos. Pero, incluso rodeados de cabras estreñidas y olor a establo, hemos conseguido algo que GenoLabs jamás pudo darnos: un hogar.