Número Equivocado Capítulo 45 Feliz cumpleaños, Príncipe
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Capítulo 45 Feliz cumpleaños, Príncipe

Miércoles, 3 de septiembre 17:42

Habían pasado diez días desde que regresaron de Italia.

Diez días en los que la distancia había vuelto a formar parte de su rutina.

Pero ya no era la misma.

Ahora sabían que podían vencerla.

Las videollamadas seguían siendo interminables.

Los mensajes de buenos días nunca faltaban.

Y cada noche terminaban despidiéndose de la misma manera.

Andrés: Buonanotte, pesada.

Danna: Buonanotte, pesado.

Aquel "pesada" todavía conseguía sacarle una sonrisa.

Aquella mañana Danna se despertó mucho antes de que sonara el despertador.

Miró la fecha.

3 de septiembre.

Sonrió inmediatamente.

Era el cumpleaños de Andrés.

Cogió el móvil.

Eran las ocho de la mañana.

Escribió despacio.

Danna: Feliz cumpleaños, pesado.

No tardó ni un minuto en responder.

Andrés: Gracias, pesada.

Ella sonrió.

Todavía le hacía ilusión leer aquel apodo.

Aquella tarde, su tío la llamó al salón.

—Cariño...

Tengo una sorpresa.

Danna frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

Su tío sonrió.

—El padre de Andrés nos han invitado a pasar la tarde juntos para celebrar su cumpleaños.

Los ojos de Danna se iluminaron.

—¿De verdad? Su tío asintió.

—Pensamos que sería el mejor regalo para los dos.

Ella no pudo evitar abrazarlo.

Hacía solo diez días que se habían despedido.

Pero sentía que había pasado muchísimo más tiempo.

A las seis de la tarde llegaron a casa de Andrés.

El jardín estaba decorado con pequeñas luces y algunos globos azules y blancos.

Había música de fondo.

Familiares.

Amigos.

Y una enorme mesa llena de comida.

Pero Andrés todavía no había salido.

Irene apareció sonriendo.

—Está dentro.

Dice que hasta que no lleguen todos los invitados no sale.

Danna soltó una pequeña risa.

—Sigue siendo igual de impaciente.

—Y de pesado.

Las dos comenzaron a reír. Mientras todos terminaban de llegar, Danna sacó discretamente una bolsa de regalo que había escondido durante todo el camino.

La observó unos segundos.

Dentro había un álbum de fotos.

Lo había preparado durante varios días.

En la portada había pegado una fotografía del Coliseo.

Y, debajo, una frase escrita con rotulador negro.

"Nuestro lugar favorito."

Respiró hondo.

Esperaba que le gustara.

Unos minutos después apareció Andrés.

En cuanto la vio...

Sonrió.

Y caminó directamente hacia ella.

—Hola, pesada.

Ella abrió los brazos.

—Feliz cumpleaños.

Lo abrazó con fuerza.

Muchísima más de la que había imaginado. Cuando se separaron, Andrés sonrió.

—Creo que este ya es el mejor cumpleaños de mi vida.

Danna levantó una ceja.

—Espera.

Todavía no.

Le entregó la bolsa.

—Esto también es para ti.

Él la cogió sorprendido.

—¿Puedo abrirlo?

Ella asintió.

—Claro.

Andrés abrió el paquete despacio.

Sacó el álbum.

Durante unos segundos se quedó completamente inmóvil.

La portada mostraba la fotografía del Coliseo.

Pasó lentamente la primera página.

Había fotografías del viaje.

La Fontana di Trevi.

Los helados. Las pulseras.

El primer paseo.

La terraza del hotel.

Cada imagen tenía una pequeña frase escrita por Danna.

"El lugar donde dejé de imaginarte para empezar a conocerte."

"El día que entendí que un error podía cambiar una vida."

"El viaje que siempre llevaré conmigo."

Andrés pasó otra página.

Y otra.

Hasta llegar a la última.

Allí solo había una fotografía.

La de los dos abrazados delante del Coliseo.

Debajo, escrito con su letra, podía leerse:

"Feliz cumpleaños...

Gracias por convertir un número equivocado en la mejor historia de mi vida."

Y justo debajo...

Con cariño,

Tu pesada.

Andrés levantó lentamente la vista. Los ojos le brillaban.

—¿Tú has hecho todo esto?

Ella sonrió.

—Sí.

Quería regalarte algo que no pudiera comprarse.

Él cerró el álbum con cuidado.

Como si fuera un tesoro.

—Es el mejor regalo que me han hecho nunca.

Más tarde, cuando la fiesta ya estaba más tranquila, los dos se alejaron unos metros del jardín.

Se sentaron en un columpio de madera que había al fondo.

Las luces iluminaban suavemente el lugar.

Andrés seguía sujetando el álbum.

—¿Sabes una cosa?

—¿Qué?

Él sonrió.

—Hay algo que llevo queriendo decirte desde Italia.

Ella lo miró curiosa.

—Dime. Andrés respiró hondo.

—Creo que ya no quiero llamarte solo "pesada".

Danna sonrió.

—¿Ah, no?

—No.

Ella cruzó los brazos.

—Entonces...

¿cómo piensas llamarme?

Él la miró directamente a los ojos.

Sonrió.

—Principessa.

Ella sintió un pequeño vuelco en el corazón.

—¿Principessa?

—Sí.

Porque Italia siempre será el lugar donde comenzó nuestra historia.

Y cada vez que diga esa palabra...

Recordaré el viaje donde me enamoré todavía más de ti.

Danna bajó la mirada.

Aquellas palabras le llegaron al corazón. Sonrió.

—Entonces...

Yo también quiero cambiarte el nombre.

Andrés arqueó una ceja.

—¿Sí?

Ella asintió.

—A partir de hoy...

Tú eres mi Principe.

Él soltó una pequeña risa.

—¿Principe?

—Sí.

Porque desde que llegaste a mi vida...

Has conseguido hacerme sentir como una princesa.

Y porque quiero que Italia siempre viaje con nosotros.

Andrés negó con la cabeza sonriendo.

—Me encanta.

Ella levantó un dedo.

—Pero una cosa.

—¿Cuál? —Seguirás siendo un pesado.

Los dos comenzaron a reír.

Él le dio un beso en la frente.

—Trato hecho...

Principessa.

Ella entrelazó su mano con la de él.

—Trato hecho...

Principe.

Cuando la fiesta terminó y las familias comenzaron a despedirse, Andrés acompañó a Danna hasta el coche.

Antes de que subiera, abrió el álbum una vez más.

En la primera página escribió una frase.

Después se lo devolvió.

—No la leas hasta llegar a casa.

Ella sonrió.

—Vale.

Durante todo el camino no dejó de preguntarse qué habría escrito.

En cuanto llegó a su habitación, abrió el álbum.

En la primera página, debajo del título, Andrés había añadido unas palabras.

"No sé cuántos viajes nos esperan.

No sé cuántas ciudades conoceremos.

Pero tengo claro una cosa.

Mientras tú camines a mi lado... cualquier lugar será Italia para mí."

Danna cerró el álbum con una sonrisa.

Lo colocó junto a la libreta azul.

La moneda.

La pulsera.

Y el marco con las fotografías.

Después miró el móvil.

Un nuevo mensaje había aparecido en la pantalla.

Andrés: Buonanotte, Principessa.

Ella respondió sin dejar de sonreír.

Danna: Buonanotte, Principe... aunque sigas siendo un pesado.