Capítulo 44 Ya no existe la distancia
Lunes, 25 de agosto 18:26
La habitación de Danna volvía a ser la misma de siempre.
La estantería.
El escritorio.
Las fotografías.
La lámpara de la mesilla.
Todo estaba exactamente igual.
Y, sin embargo...
Ella sentía que había cambiado.
Dejó la maleta en medio de la habitación y abrió la cremallera.
Lo primero que sacó fue la libreta azul.
Después la fotografía delante del Coliseo.
La pulsera.
Y la pequeña moneda italiana.
Los colocó cuidadosamente sobre el escritorio. Sonrió.
Italia ya no estaba a miles de kilómetros.
Ahora también estaba allí.
En cada uno de aquellos recuerdos.
El móvil vibró.
Andrés: ¿Ya has deshecho la maleta?
Danna sonrió.
Danna: No.
Solo he sacado las cosas importantes.
Andrés: ¿Yo estoy dentro de las cosas importantes?
Ella soltó una risa.
Danna: Muchísimo.
La respuesta llegó al instante.
Andrés: Menos mal.
Pensaba que me habías dejado entre los calcetines.
Durante toda la tarde hablaron por mensajes.
Como siempre.
Pero había algo distinto.
Ahora, cuando Andrés decía:
"¿Te acuerdas de aquella plaza?"
Danna sabía exactamente cuál era.
Cuando él hablaba del helado de vainilla, ella podía imaginar su cara intentando convencerla de que era mejor que el de chocolate.
Y cuando mencionaba Roma...
Ya no era un sueño.
Era un recuerdo compartido.
Aquella noche hicieron una videollamada.
Era la primera desde que habían vuelto.
Cuando la pantalla se encendió, ambos comenzaron a reír.
—Qué raro se hace volver a verte así —dijo Danna.
—Muchísimo.
—Hace tres días estabas sentado a mi lado.
—Y ahora vuelvo a estar dentro de un móvil.
Ella hizo una pequeña mueca.
—No me gusta.
Andrés negó con una sonrisa.
—A mí tampoco.
Pero solo es por un tiempo. Danna levantó la vista.
—¿Qué quieres decir?
Él apoyó los codos sobre la mesa.
—Que he estado pensando una cosa.
Ella sonrió.
—Eso siempre me da miedo.
—No te rías.
Es en serio.
—Vale.
Te escucho.
Andrés respiró hondo.
—No quiero que pase mucho tiempo hasta volver a verte.
Danna sintió un cosquilleo en el estómago.
—Yo tampoco.
—Entonces...
¿Por qué no hacemos un trato?
Ella arqueó una ceja.
—¿Otro más?
—Sí. Cada mes...
Uno de los dos irá a visitar al otro.
Aunque solo sea un fin de semana.
Danna permaneció unos segundos en silencio.
Le encantaba la idea.
—¿Y nuestras familias aceptarán?
—Estoy seguro de que sí.
Después de Italia...
Creo que ya confían bastante en nosotros.
Ella sonrió.
—Entonces...
Trato hecho.
Los dos levantaron el dedo meñique hacia la pantalla.
Sabían que no podían tocarse.
Pero aun así hicieron el gesto.
Como si realmente estuvieran uno frente al otro.
Antes de despedirse, Andrés sonrió.
—Por cierto.
—¿Qué? —Tengo una sorpresa.
Danna abrió mucho los ojos.
—¿Otra?
—Sí.
Pero tendrás que esperar.
—No me gustan las sorpresas.
—Mentira.
—Un poco.
Él comenzó a reír.
—Prometo que esta te va a gustar.
—¿Pista?
—No.
—¿Una pequeñita?
—Solo una.
Tiene que ver con nosotros.
La llamada terminó unos minutos después.
Pero Danna se quedó pensando en aquella frase.
"Tiene que ver con nosotros."
No tenía ni idea de lo que Andrés estaba preparando. Y, por primera vez en mucho tiempo...
Le encantaba no saberlo.
Antes de acostarse, abrió la libreta azul.
Pasó lentamente las páginas.
En ellas ya había frases, fechas y recuerdos de Italia.
Cogió el bolígrafo.
Y escribió:
"Siempre pensé que la distancia era el final de una historia. Ahora sé que solo es el espacio que separa un reencuentro del siguiente."
Cerró la libreta.
Miró la fotografía del Coliseo.
Y sonrió.
Porque el viaje había terminado.
Pero la aventura...
No. La aventura acababa de empezar.