Número Equivocado Capítulo 32 Imaginando ese día
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Capítulo 32 Imaginando ese día

Martes, 12 de agosto 21:18

El aire de aquella noche era mucho más fresco que el de los días anteriores.

Danna estaba sentada en el alféizar de la ventana de su habitación con las piernas recogidas, observando cómo las farolas iluminaban la calle.

Había sido un día tranquilo.

Uno de esos días que pasan sin que ocurra nada especial.

Bueno…

Nada especial hasta que el móvil vibró.

Sonrió.

Ya era casi automático.

Andrés: ¿Qué hace mi pesada favorita?

Danna rió antes de responder.

Danna: Esperando a que mi pesado favorito apareciera.

Andrés sonrió al leer el mensaje.

Andrés: Pues ya estoy aquí. Danna: Menos mal.

Andrés: ¿Me has echado de menos?

Danna apoyó la cabeza contra la pared.

Pensó en mentir.

Pero ya no tenía sentido.

Danna: Sí.

Un poquito.

La respuesta llegó apenas unos segundos después.

Andrés: Yo mucho.

Ella sintió cómo una sonrisa aparecía sin pedir permiso.

Durante casi media hora hablaron de cualquier cosa.

De una serie que ambos habían empezado.

De las vacaciones que se estaban acabando demasiado rápido.

Y de lo extraño que era que hablar con alguien pudiera convertirse en la mejor parte del día.

Entonces Andrés escribió:

Andrés: Oye…

Danna: ¿Qué?

Andrés: Llevo pensando una cosa desde ayer.

Ella dejó el móvil sobre las piernas. Sabía que, cuando Andrés empezaba una frase así, siempre terminaba sorprendiéndola.

Danna: Cuéntame.

Los tres puntitos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Andrés: Cuando nos conozcamos…

¿Cómo te imaginas que será?

Danna sonrió.

Había pensado en eso muchas veces.

Demasiadas.

Pero nunca se había atrevido a decirlo.

Danna: ¿La verdad?

Andrés: Siempre.

Respiró hondo.

Y empezó a escribir.

Danna: Creo que estaré muy nerviosa.

Andrés: Yo también.

Danna: Tanto que seguramente no sabré qué decir.

Andrés: Yo seguramente tampoco. Ella soltó una risa.

Danna: Menudo desastre.

Andrés: El mejor desastre.

Pasaron unos segundos.

Después Andrés volvió a escribir.

Andrés: ¿Crees que nos reconoceríamos enseguida?

Danna recordó la videollamada.

Su sonrisa.

Su pelo rizado.

Sus ojos marrón claro.

Respondió sin dudar.

Danna: Sí.

Andrés: ¿Tan segura estás?

Danna: Claro.

Danna: Te reconocería aunque hubiera mil personas.

Andrés leyó aquella frase varias veces.

Sin darse cuenta, se quedó sonriendo delante de la pantalla.

Andrés: Vale…

Mi turno.

Danna: A ver.

Andrés: Yo creo que llegarías antes que yo.

Danna: ¿Por qué?

Andrés: Porque eres muy puntual.

Ella rió.

Danna: Eso es verdad.

Andrés: Estarías mirando el móvil para disimular los nervios.

Danna: También.

Andrés: Y cuando levantaras la cabeza…

Me verías acercarme.

Danna dejó de escribir.

Aquella imagen apareció en su cabeza con una claridad sorprendente.

Podía imaginarlo perfectamente.

Danna: ¿Y qué harías tú?

Andrés tardó unos segundos en responder.

Andrés: Sonreír.

Solo eso.

Porque creo que en ese momento me olvidaría de todo lo que había pensado decir.

Ella sintió un cosquilleo en el estómago.

Nunca una escena imaginaria le había parecido tan real.

Después cambiaron de tema.

Hablaron de música.

De helados.

Y de quién perdería primero una partida de cartas si algún día jugaban.

Las risas volvieron a llenar la conversación.

Hasta que Andrés envió un mensaje inesperado.

Andrés: ¿Y si empezamos a organizarlo?

Danna sintió cómo el corazón se aceleraba.

Miró la pantalla durante varios segundos.

No porque no quisiera.

Sino porque, de repente, todo parecía mucho más cercano.

Danna: ¿De verdad?

Andrés: Sí.

Andrés: Sin fecha.

Solo empezar a pensarlo.

Ella sonrió.

Danna: Me gusta la idea. Andrés: Perfecto.

Andrés: Mañana buscamos un sitio que nos venga bien a los dos.

Danna respondió con un simple:

Danna: Vale.

Pero antes de que pudiera guardar el móvil, llegó otro mensaje de Andrés.

Andrés: Aunque…

Danna: ¿Qué pasa?

Andrés: Mis padres me han dicho hoy que este fin de semana igual tenemos que ir a visitar a mis abuelos.

No sé si podré conectarme mucho.

Danna bajó la mirada.

No era una gran noticia.

Pero tampoco quería darle importancia.

Danna: No pasa nada.

Ya habrá tiempo.

Andrés: ¿No te enfadas?

Ella sonrió.

Danna: No.

Lo importante no es que sea este fin de semana. Lo importante es que algún día pasará.

Andrés apoyó el móvil sobre el pecho.

Aquellas palabras consiguieron tranquilizarlo.

Andrés: Gracias por esperar.

Danna: Gracias por quedarte.

Aquella noche, antes de dormir, Danna abrió la lista que habían escrito días atrás.

Por primera vez añadió una línea nueva.

- Encontrarnos por primera vez.

La leyó unos segundos.

No la tachó.

Todavía no.

Pero sonrió.

Porque, aunque aún no hubiera una fecha… Los dos ya caminaban hacia el mismo lugar.