Capítulo 31 Ojalá estuvieras aquí
Lunes, 11 de agosto 21:31
Danna llevaba más de diez minutos mirando una fotografía.
No era una fotografía cualquiera.
Era una captura de la videollamada de la noche anterior.
En ella aparecía Andrés riéndose porque, durante unos segundos, la cámara solo había enfocado el techo de su habitación.
Sin darse cuenta, sonrió. Guardó el móvil justo cuando su madre abrió la puerta.
—¿Se puede?
—Claro.
Su madre entró con un montón de ropa doblada.
—Llevas unos días muy contenta.
Danna intentó disimular.
—¿Sí?
—Sí.
Dejas el móvil y sigues sonriendo.
Eso no lo hace cualquiera.
Danna bajó la mirada.
—Es un amigo…
Su madre le sonrió con ternura.
—No hace falta que me expliques nada.
Cuando salió de la habitación, Danna volvió a coger el teléfono.
Justo en ese momento apareció una notificación.
Andrés: ¿Sabes qué?
Ella respondió enseguida.
Danna: ¿Qué?
Andrés: Acabo de abrir la galería.
Danna: ¿Y?
Andrés: Tengo una captura de nuestra videollamada.
Danna empezó a reír.
Danna: ¿También haces capturas de eso?
Andrés: Culpable.
Ella dudó unos segundos.
Después escribió.
Danna: Yo también tengo una.
Pasaron unos segundos.
Andrés: No me lo creo.
Danna: Es verdad.
Andrés: Enséñamela.
Danna: Ni hablar.
Andrés: Cobarde.
Danna: Mucho.
La conversación continuó durante un buen rato.
Hablaron de las vacaciones, de lo rápido que estaba pasando el verano y de las cosas que todavía querían hacer antes de que empezaran las clases.
Entonces Andrés escribió:
Andrés: ¿Sabes qué echo de menos?
Danna frunció el ceño.
Danna: ¿El qué?
Andrés: Algo que nunca ha pasado.
Ella sonrió.
Danna: Eso no tiene sentido.
Andrés: Ya lo sé.
Andrés: Pero aun así…
Echo de menos poder dar un paseo contigo.
Danna sintió un vuelco en el pecho.
Miró el mensaje varias veces antes de responder.
Danna: Yo también lo he pensado.
Andrés: ¿En serio?
Danna: Sí.
Danna: A veces voy por la calle y pienso…
“Seguro que Andrés se reiría de esto.”
Al otro lado de la pantalla, Andrés sonrió.
Andrés: A mí me pasa igual. Andrés: Hoy he pasado por una heladería.
Danna: ¿Y?
Andrés: Me acordé de la lista.
Danna abrió la conversación y buscó aquel mensaje.
La lista seguía ahí.
● Comer un helado.
● Pasear.
● Ver el atardecer.
● Ir a una librería.
● Escuchar sus canciones juntos.
Sonrió.
Todavía no habían tachado ninguna.
Pasaron unos minutos sin escribir.
No era un silencio incómodo.
Simplemente, los dos estaban leyendo conversaciones antiguas.
Recordando cómo había empezado todo.
Entonces Andrés rompió el silencio.
Andrés: Oye…
Danna: Dime.
Andrés: ¿Tú crees que llegará el día?
Ella no necesitó preguntar a qué se refería. Lo sabía.
Danna: Sí.
Andrés: ¿Tan segura estás?
Danna: Mucho.
Andrés: ¿Por qué?
Danna apoyó el móvil sobre las piernas.
Pensó durante unos segundos.
Y escribió exactamente lo que sentía.
Danna: Porque llevamos treinta y un capítulos de nuestra historia.
Danna: Bueno… treinta y un días.
Danna: Sería muy injusto que todo terminara aquí.
Andrés soltó una risa.
Andrés: Menos mal que has corregido lo de los capítulos.
Danna: Casi rompo la cuarta pared.
Andrés: Eso habría sido raro.
Los dos se rieron.
La noche fue avanzando.
Las conversaciones cambiaban de un tema a otro con la facilidad de siempre.
Hasta que Andrés volvió a ponerse serio.
Andrés: Danna.
Danna: ¿Sí?
Andrés: Prométeme una cosa.
Ella sonrió.
Últimamente les daba por hacerse muchas promesas.
Danna: Depende.
Andrés: El día que nos conozcamos…
Quiero que seas exactamente como eres cuando hablamos.
Nada de intentar impresionar.
Nada de fingir.
Danna leyó aquellas palabras despacio.
Después respondió.
Danna: Solo si tú haces lo mismo.
Andrés: Trato hecho.
Antes de despedirse, Danna abrió una vez más la lista que habían escrito días atrás.
Pasó el dedo por la pantalla.
No podía tachar nada todavía.
Pero por primera vez… Sintió que ese momento estaba un poco más cerca.
Cerró el móvil.
Apagó la luz.
Y sonrió.
Porque, aunque todavía no sabía cuándo ocurriría…
Ya podía imaginar perfectamente con quién quería cumplir cada uno de esos planes.