Capítulo 30 Al otro lado de la pantalla
Domingo, 10 de agosto 21:46
Danna salió de la ducha con el pelo todavía húmedo.
Se envolvió en una sudadera gris enorme y dejó la toalla sobre la silla de su escritorio.
Mientras se desenredaba el pelo, el móvil vibró.
Sonrió antes incluso de leer el mensaje.
Andrés: ¿Qué haces?
Danna dejó el cepillo sobre la cama.
Danna: Acabo de salir de la ducha.
Andrés: Entonces has tardado muchísimo. Ella soltó una risa.
Danna: Qué exagerado eres.
Andrés: Llevo media hora esperando.
Danna: Mentiroso.
Andrés: Un poquito.
Danna negó con la cabeza mientras seguía secándose el pelo.
Desde hacía unos días, hablar con Andrés era la parte favorita de sus noches.
No importaba cómo hubiera ido el día.
Siempre terminaba mejor después de hablar con él.
Andrés: Oye…
Danna: Dime.
Los tres puntitos aparecieron varias veces.
Como si estuviera dudando.
Andrés: ¿Te puedo proponer una locura?
Danna sonrió.
Danna: Depende de la locura.
Andrés: Videollamada.
El corazón de Danna dio un pequeño salto.
Miró su reflejo en el espejo.
Llevaba el pelo medio mojado.
La sudadera le quedaba enorme.
Y no llevaba ni una gota de maquillaje. Instintivamente escribió:
Danna: No.
Andrés respondió enseguida.
Andrés: ¿Tan feo estoy?
Ella soltó una carcajada.
Danna: ¡No!
Danna: Es que yo parezco un fantasma.
Andrés: No me lo creo.
Danna: Créetelo.
Andrés: Seguro que estás guapa.
Danna sintió cómo las mejillas se le calentaban.
Leyó el mensaje dos veces antes de responder. Danna: Eres un pesado.
Andrés: Lo sé.
Andrés: Pero acepta.
Ella volvió a mirar el espejo.
Suspiró.
—¿Qué puede salir mal? —murmuró.
Volvió al chat.
Danna: Cinco minutos.
Mientras tanto, Andrés estaba delante del armario.
Se había cambiado de camiseta tres veces.
La blanca. Luego una negra.
Después una azul.
Volvió a la blanca.
Su padre pasó por delante de la puerta y lo observó con una sonrisa divertida.
—¿Sales?
—No…
—¿Entonces por qué te cambias tanto?
Andrés carraspeó.
—Voy a hacer una videollamada.
Su madre levantó una ceja.
—Ah… Ahora lo entiendo todo.
Él puso los ojos en blanco.
—Mamá…
—Tranquilo.
Solo intenta no mirar la cámara con esa cara de nervios.
Andrés empezó a reír.
—¿Se nota tanto?
—Muchísimo.
Cinco minutos después…
El móvil de Danna vibró.
Videollamada entrante.
Se quedó mirando la pantalla. El dedo temblaba ligeramente.
Respiró hondo.
Y aceptó.
Durante unos segundos…
Solo apareció el techo de la habitación de Andrés.
Danna soltó una risa.
—Muy bonita tu lámpara.
Al otro lado se escuchó otra risa.
—Espera…
Que no sé cómo poner esto.
La imagen empezó a moverse. Primero apareció media frente.
Después un ojo.
Y finalmente…
Andrés.
Los dos se quedaron completamente callados.
No porque no supieran qué decir.
Sino porque era la primera vez que se veían en movimiento.
Sonriendo.
Parpadeando.
Riéndose.
De verdad.
—Hola... —dijo Andrés con una sonrisa tímida. Danna levantó una mano.
—Hola.
—Qué raro se hace…
Ella asintió.
—Muchísimo.
Volvieron a quedarse callados.
Hasta que Andrés rompió el silencio.
—Vale…
Tengo que decirlo.
Danna lo miró con curiosidad.
—¿Qué? —Sigues pareciendo un fantasma.
Ella abrió mucho los ojos.
Y, un segundo después, estalló en carcajadas.
—¡Serás idiota!
—Un poco.
—¿No decías que estaba guapa?
—Y lo estás.
Pero también tienes el pelo como un león.
Danna cogió un cojín y se tapó media cara mientras seguía riéndose.
—No vuelvo a hacer una videollamada contigo.
—Mentira. —¿Por qué?
—Porque te estás riendo.
Y cuando te ríes…
Se te hacen los hoyitos.
Ella dejó de reír durante un instante.
No esperaba que dijera eso.
Sonrió.
Y, efectivamente, los hoyitos volvieron a aparecer.
Andrés sonrió también.
—¿Ves?
—Cállate.
—Nunca. La videollamada duró casi una hora.
Se enseñaron sus habitaciones.
Los libros que estaban leyendo.
Las vistas desde la ventana.
Hasta se presentaron a sus mascotas.
En un momento, el gato de Danna decidió subirse a la cama.
Andrés empezó a llamarlo desde la pantalla.
—Ven aquí.
El gato lo miró.
Y se marchó.
Danna no podía parar de reír. —Creo que no le caes bien.
—Eso ha dolido.
—Ya os presentaré mejor cuando…
Se quedó callada.
Había estado a punto de decir:
"Cuando nos conozcamos."
Andrés terminó la frase por ella.
—...cuando nos veamos.
Los dos sonrieron.
No hacía falta añadir nada más.
Ese día llegaría.
Solo era cuestión de tiempo. Cuando la llamada terminó, Danna dejó el móvil sobre la almohada.
Seguía sonriendo.
No podía creer que hubiera pasado una hora entera viéndolo hablar, reír y hacer el tonto.
Era diferente a los mensajes.
Diferente a las notas de voz.
Mucho más cercano.
El teléfono vibró una última vez.
Andrés: Confirmado.
Danna: ¿Qué?
Andrés: Sonríes exactamente igual que imaginaba. Danna leyó el mensaje despacio.
Después apagó la pantalla.
Y, por primera vez desde que todo había empezado…
Pensó que cada vez era más difícil recordar cómo era su vida antes de conocer a Andrés.