Número Equivocado Capítulo 29 Si algún día desapareces…
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Capítulo 29 Si algún día desapareces…

Sábado, 9 de agosto 22:17

El sonido de la notificación hizo que Danna levantara la vista del libro que llevaba más de media hora intentando leer.

Sonrió.

Desde el día anterior, cada vez que el móvil vibraba, sentía una tranquilidad difícil de explicar.

Cogió el teléfono.

Andrés: Buenas noches.

Danna: Buenas noches, pesado.

Andrés: Veo que no has dejado de llamarme así. Danna: Te lo has ganado.

Andrés: Qué injusta eres.

Danna: Un poquito.

Andrés sonrió al otro lado de la pantalla.

Había pasado todo el día pensando en el susto que le había dado sin querer.

No le gustaba imaginar a Danna preocupada por él.

Respiró hondo antes de escribir.

Andrés: Oye…

Danna: ¿Qué pasa?

Andrés: Ayer estuve dándole vueltas a una cosa.

Danna dejó el libro a un lado. Danna: ¿A qué?

Pasaron unos segundos.

Andrés: Me hizo ilusión que te preocuparas por mí.

Ella sintió un pequeño cosquilleo en el pecho.

No sabía cómo responder.

Porque era verdad.

Se había preocupado muchísimo.

Más de lo que quería admitir.

Danna: Es normal.

Andrés: ¿Normal?

Danna: Sí.

Danna: Si una persona importante para ti desaparece durante todo un día…

Lo normal es preocuparse.

Andrés leyó aquella frase una y otra vez.

"Una persona importante para ti."

No era un "me gustas".

No era un "te quiero".

Pero para él significaba muchísimo.

Sonrió sin darse cuenta.

Mientras tanto, Danna caminó hasta la cocina para coger un vaso de agua.

Su madre levantó la vista del sofá.

—¿Hablas con Andrés? Danna se quedó quieta.

Era la primera vez que tío decía su nombre.

—Sí... —Se nota.

—¿Tanto?

Su tío sonrió.

—Desde hace unas semanas siempre estás sonriendo cuando miras el móvil.

Danna bajó la mirada, avergonzada.

—Es un amigo.

—No he dicho lo contrario.

Aquella respuesta la dejó pensando unos segundos. Volvió a su habitación.

Y retomó la conversación.

Andrés: ¿Puedo hacerte una promesa?

Danna: Claro.

Andrés: Si alguna vez no puedo hablar contigo…

Buscaré la forma de avisarte.

Aunque tenga que pedirle el móvil a alguien.

Danna sonrió.

Sabía que Andrés hablaba completamente en serio.

Danna: No hace falta.

Andrés: Sí hace.

Danna: ¿Por qué? La respuesta tardó unos segundos.

Andrés: Porque no quiero que vuelvas a pasarlo mal por mi culpa.

Danna apoyó el móvil sobre el pecho.

Aquellas palabras le llegaron muy dentro.

Pasaron unos minutos hablando de cosas más ligeras.

Andrés le contó que había intentado cocinar unas tortitas esa mañana.

El resultado había sido un desastre.

Danna: ¿Tan mal?

Andrés: Digamos que el perro ha salido corriendo cuando las ha olido.

Ella soltó una carcajada. Danna: Eso tiene mérito.

Andrés: Mi padre dice que mejor no vuelva a entrar en la cocina.

Danna: Creo que tiene razón.

Después de reír un buen rato, Andrés volvió a ponerse serio.

Andrés: Danna…

Danna: ¿Sí?

Andrés: Gracias.

Danna: ¿Por qué?

Andrés: Porque hace mucho tiempo que nadie se preocupaba tanto por mí.

Danna sintió un nudo en la garganta.

No sabía nada del pasado de Andrés. Ni de por qué había escrito aquello.

Pero intuía que había algo detrás.

No quiso hacer preguntas.

Todavía no.

Simplemente respondió:

Danna: Supongo que ahora tendrás que acostumbrarte.

Andrés sonrió.

Andrés: Ojalá.

El reloj marcaba las once y media cuando la conversación empezó a apagarse.

Ninguno quería despedirse.

Como siempre. Andrés: ¿Sabes qué?

Danna: ¿Qué?

Andrés: Cada noche pienso que ya no puedes sorprenderme más.

Danna: ¿Y?

Andrés: Siempre consigues hacerlo.

Danna sonrió.

Danna: Tú también.

Hubo un pequeño silencio.

Entonces Andrés escribió una última frase.

Andrés: Tengo la sensación de que todavía nos quedan muchas conversaciones.

Danna levantó la vista hacia la ventana.

El cielo estaba completamente despejado.

Respiró hondo.

Y respondió con una sonrisa.

Danna: Espero que sí.

Apagó el móvil.

Se tumbó en la cama.

Y, antes de cerrar los ojos, pensó en algo que jamás habría imaginado unas semanas atrás.

Ya no esperaba los mensajes de Andrés. Los necesitaba para que el día pareciera completo.