Capítulo 26 Una fecha para recordar
Miércoles, 6 de agosto 21:09
La pantalla del móvil de Danna llevaba iluminándose toda la tarde.
No por mensajes.
Sino porque ella no dejaba de desbloquearla.
Había pasado todo el día pensando en la misma pregunta.
"¿Qué será eso tan importante que Andrés quiere saber?"
Había intentado adivinarlo mientras desayunaba.
Mientras ayudaba a su madre a hacer la compra. Incluso mientras veía una película con su hermano.
Pero no encontraba la respuesta.
A las nueve y nueve de la noche, el móvil vibró.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Andrés: Buenas noches, pesada.
Danna soltó una pequeña risa.
Danna: Buenas noches.
Danna: Ya puedes hablar.
Andrés: Qué impaciente eres.
Danna: La culpa es tuya.
Andrés: Lo sé.
Danna: Llevo todo el día pensando en la pregunta. Andrés: Entonces mi plan ha funcionado.
Ella puso los ojos en blanco.
Danna: Eres insoportable.
Andrés: Pero me sigues hablando.
Danna negó con la cabeza entre risas.
Sabía perfectamente que Andrés estaba sonriendo al otro lado de la pantalla.
Pasaron unos segundos.
Los tres puntitos aparecieron.
Desaparecieron.
Y volvieron a aparecer.
Hasta que, por fin, llegó el mensaje. Andrés: ¿Cuándo es tu cumpleaños?
Danna se quedó inmóvil.
Parpadeó un par de veces.
No esperaba esa pregunta.
Sonrió sin darse cuenta.
Danna: ¿Solo era eso?
Andrés: ¿Te parece poco?
Danna: Pensaba que ibas a preguntarme algo mucho más raro.
Andrés: Para mí es importante.
Ella sintió un pequeño cosquilleo en el pecho.
Respiró hondo antes de responder. Danna: El 14 de agosto.
Pasaron apenas unos segundos.
Andrés: Espera.
Danna: ¿Qué?
Andrés: Lo estoy apuntando.
Danna soltó una carcajada.
Danna: ¿En serio?
Andrés: Claro.
Andrés: Las fechas importantes no se olvidan. Ella dejó el móvil sobre la cama unos segundos.
No sabía por qué.
Pero aquella frase le había hecho muchísima ilusión. Volvió al chat.
Danna: ¿Y el tuyo?
Andrés: 3 de septiembre.
Danna abrió inmediatamente la aplicación del calendario.
Marcó la fecha.
Escribió una nota.
Cumpleaños de Andrés. No olvidarlo jamás.
Sonrió.
Y volvió a la conversación.
Danna: Ya está.
Andrés: ¿El qué? Danna: También lo he apuntado.
Andrés leyó el mensaje dos veces.
Después sonrió para sí mismo.
Andrés: ¿Cómo sueles celebrar tu cumpleaños?
Danna se quedó pensando.
No era una pregunta difícil.
Pero hacía tiempo que no esperaba demasiado de ese día.
Danna: En casa.
Con mi familia.
Tarta.
Regalos.
Lo típico. Andrés: ¿Y te gusta?
Ella dudó unos segundos.
Danna: Sí…
Aunque siempre he pensado que lo mejor no son los regalos.
Andrés: ¿Entonces?
Danna: Que la gente que quieres se acuerde de ti.
Andrés sintió un pequeño nudo en el estómago.
No respondió enseguida.
Quería que aquella respuesta quedara grabada.
Andrés: Entonces puedes estar tranquila.
Danna: ¿Por qué? Andrés: Porque mientras yo esté aquí…
Nunca habrá un 14 de agosto en el que no seas la primera persona a la que felicite.
Danna sintió que el corazón le daba un vuelco.
No supo qué responder.
Leyó el mensaje una vez.
Después otra.
Y una tercera.
No era una gran promesa.
Pero, de alguna manera, significaba mucho.
Después cambiaron de tema.
Hablaron de cuál había sido el peor cumpleaños de su vida. Andrés contó que, cuando cumplió diez años, se cayó delante de todos sus amigos intentando apagar las velas.
Danna se rió tanto que terminó con lágrimas en los ojos.
Luego fue ella quien confesó que, cuando cumplió ocho años, sopló tan fuerte que casi tiró la tarta al suelo.
—Menos mal que no estábamos juntos ese día —escribió Andrés.
—¿Por qué?
—Porque me habría reído durante una semana.
—¡Qué malo eres!
—Un poco.
La conversación continuó entre bromas hasta que el reloj marcó las once y media.
Como cada noche, ninguno quería despedirse. Pero el sueño empezaba a ganar la batalla.
Andrés: Oye.
Danna: ¿Sí?
Andrés: Gracias por contarme una fecha tan importante.
Danna: Gracias a ti por querer recordarla.
Pasaron unos segundos.
Entonces Andrés escribió un último mensaje.
Andrés: Buenas noches, futura cumpleañera.
Danna sonrió.
Danna: Buenas noches.
Danna: Y no se te ocurra olvidarte del 14 de agosto.
La respuesta llegó al instante. Andrés: Imposible.
Andrés: Las promesas están para cumplirse.
Danna apagó el móvil.
Sin saber que, varios meses después… Aquella promesa cambiaría por completo su cumpleaños.