Capítulo 25 Un juego para conocernos mejor
Martes, 5 de agosto 21:24
La habitación de Danna estaba completamente en silencio.
Solo se escuchaba el suave zumbido del ventilador y el sonido de las teclas de su portátil.
Llevaba casi dos horas haciendo un trabajo de Lengua y ya no podía concentrarse más.
Cerró el ordenador con un suspiro.
—Necesito un descanso…
Cogió el móvil.
Sonrió.
Tenía un mensaje de Andrés desde hacía apenas un minuto. Andrés: ¿Sobreviviste a los deberes?
Danna soltó una pequeña risa.
Danna: Por poco.
Andrés: Entonces llego en el momento perfecto.
Danna: Como siempre.
Andrés sonrió al leer aquella respuesta.
Se encontraba tumbado en la cama con un balón de fútbol entre las manos.
Había pasado la tarde entrenando y estaba completamente agotado, pero, desde hacía unos días, había algo que hacía que el cansancio desapareciera.
Hablar con Danna.
Andrés: Tengo una idea. Danna arqueó una ceja.
Danna: Me estás empezando a preocupar cuando dices eso.
Andrés: Tranquila.
Andrés: Es un juego.
Ella dejó el móvil unos segundos sobre la cama.
—A ver qué se le ha ocurrido ahora…
Volvió al chat.
Danna: Te escucho. Andrés: Nos hacemos preguntas.
Danna: ¿Y ya está?
Andrés: Sí.
Andrés: Pero hay una norma. Danna: Cuéntame.
Andrés: Nada de mentir.
Danna sonrió.
Danna: Trato hecho.
Andrés: Empiezo yo.
Danna: Adelante.
Andrés: Color favorito.
Ella respondió sin pensarlo.
Danna: Azul.
Andrés: Sabía que ibas a decir azul.
Danna soltó una carcajada.
Danna: ¡Mentiroso! Andrés: Vale... tuve suerte.
Danna: ¿Y el tuyo?
Andrés: Verde.
Danna: No me lo esperaba.
Andrés: ¿Por qué?
Danna: No sé…
Danna: Pensaba que dirías negro.
Andrés: Eso no es un color.
Danna: ¡Claro que sí!
Los dos terminaron riéndose de aquella discusión absurda.
Después llegó otra pregunta. Danna: Comida favorita.
Andrés: La pizza.
Ella puso los ojos en blanco.
Danna: Qué original.
Andrés: ¿Y la tuya?
Danna: La pasta.
Andrés: Esa respuesta sí me la esperaba.
Danna: ¿Cómo puedes esperar cosas que nunca te he contado?
Andrés: Porque ya voy aprendiendo cómo eres.
Danna notó ese cosquilleo que empezaba a aparecer cada vez que Andrés decía algo parecido.
El juego continuó. Película favorita.
Helado favorito.
Verano o invierno.
Playa o montaña.
Cada respuesta llevaba a una conversación diferente.
Cuando Danna confesó que odiaba las películas de miedo, Andrés no pudo dejar de reír.
Andrés: ¿Tú? ¿Miedo?
Danna: Muchísimo.
Andrés: No me lo creo.
Danna: Pues créetelo. Danna: Soy incapaz de dormir después. Él seguía riéndose.
Andrés: Nunca imaginé que cuya chica a la que escribí por un número equivocado tendría miedo de una película.
Danna: No utilices eso en mi contra.
Pasaron casi cuarenta minutos.
Ninguno de los dos se había dado cuenta del tiempo.
Entonces fue el turno de Danna.
Danna: Vale.
Danna: Mi pregunta.
Andrés: Adelante.
Ella se quedó pensando unos segundos.
No quería hacer una pregunta cualquiera. Quería conocer una parte de Andrés que todavía no conociera.
Finalmente escribió.
Danna: Si pudieras pedir un deseo…
¿Cuál sería?
Andrés leyó la pregunta despacio.
Miró el techo de su habitación.
Podía responder cualquier cosa.
Un viaje.
Un coche.
Aprobar todo.
Pero ninguna de esas respuestas era la verdad.
Sonrió para sí mismo. Y escribió.
Andrés: Que las personas importantes para mí sean felices.
Danna dejó de escribir durante unos segundos.
No esperaba una respuesta así.
Danna: Es una respuesta muy bonita.
Andrés: Es sincera.
Ella apoyó el móvil sobre el pecho.
Cada vez entendía mejor por qué le gustaba tanto hablar con él.
No era solo porque la hiciera reír.
Era porque, detrás de cada broma, siempre encontraba a alguien bueno.
Ya eran casi las once de la noche cuando Andrés volvió a escribir.
Andrés: Oye…
Danna: ¿Qué?
Andrés: Creo que este juego ha sido buena idea.
Danna: Sí.
Andrés: Aunque me he quedado con una duda.
Ella sonrió.
Danna: ¿Cuál?
Los tres puntitos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Andrés parecía pensárselo demasiado. Finalmente envió el mensaje.
Andrés: Me acabo de dar cuenta de que no sé una cosa muy importante sobre ti.
Danna frunció el ceño.
Danna: ¿Qué cosa?
Andrés: Te la pregunto mañana.
Ella abrió mucho los ojos.
Danna: ¡No!
Andrés: Sí.
Danna: Andrés…
Andrés: Buenas noches, pesada.
Danna: ¡Eso no vale! Andrés: Descansa.
Danna empezó a escribir varias veces.
Lo llamó pesado.
Dramático.
Incluso amenazó con no responderle al día siguiente.
Él solo reaccionó con un emoji riéndose.
Terminó apagando el móvil entre risas.
—Qué desesperante eres…
Pero, en el fondo…
Le encantaba que siempre encontrara una forma de sorprenderla.