Número Equivocado Capítulo 24 Las pequeñas costumbres
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Capítulo 24 Las pequeñas costumbres

Lunes, 4 de agosto 20:38

La lluvia había desaparecido por completo.

En su lugar, un atardecer anaranjado teñía el cielo mientras Danna terminaba de recoger su escritorio.

Había pasado toda la tarde estudiando.

Los exámenes de recuperación estaban cada vez más cerca y su tío no dejaba de repetírselo.

—Una hora más y descansas —le había dicho hacía apenas diez minutos.

Danna cerró el libro de Matemáticas con un suspiro.

Cogió el móvil casi por inercia. Nada.

Miró la hora.

Las ocho y treinta y ocho.

—Qué raro…

Normalmente Andrés ya le había escrito.

Intentó convencerse de que no pasaba nada.

Que seguramente estaría ocupado.

Pero, aun así, cada pocos minutos desbloqueaba la pantalla.

Hasta que…

Andrés: Perdón.

Danna sonrió al instante.

Danna: Ya pensaba que te habías olvidado de mí. Esta vez escribió la frase sin miedo.

Porque sabía que Andrés entendería que era una broma.

Andrés: Imposible.

Andrés: Hoy he tenido entrenamiento.

Danna: ¡Es verdad!

Danna: Ni me acordaba que jugabas al fútbol.

Andrés: Eso duele.

Ella soltó una risa.

Danna: Perdón…

Andrés: Te perdono porque eres tú.

Danna negó con la cabeza mientras sonreía. Cada vez era más difícil ocultar lo feliz que la hacían aquellos mensajes.

Mientras tanto, Andrés caminaba hacia casa con la mochila al hombro.

Su amigo Mario le dio un pequeño codazo.

—¿Otra vez escribiéndole?

Andrés levantó la vista.

—¿Qué?

—Llevas toda la tarde mirando el móvil.

—Exageras.

Mario soltó una carcajada.

—No exagero.

Solo hay una persona capaz de hacer que sonrías después de perder un partido.

Andrés bajó la mirada.

No respondió.

Porque sabía que su amigo tenía razón.

Danna: ¿Cómo ha ido el entrenamiento?

Andrés: Hemos perdido.

Danna: Lo siento.

Andrés: Da igual.

Andrés: Lo mejor del día estaba esperándome en el móvil.

Danna sintió un pequeño cosquilleo en el estómago.

Escribió una respuesta.

La borró. Volvió a escribir.

La volvió a borrar.

Finalmente envió lo primero que le salió.

Danna: Qué bonito te ha quedado eso.

Andrés: ¿Bonito?

Danna: Sí.

Andrés: Es que era verdad.

Ella dejó el móvil sobre la cama unos segundos.

Respiró hondo.

Cada conversación parecía acercarlos un poco más.

Pasaron casi veinte minutos hablando.

De repente, Andrés escribió algo completamente inesperado. Andrés: No te enfades por lo que voy a decir.

Danna arqueó una ceja.

Danna: Ahora sí que me preocupa.

Andrés: Promete que no te reirás.

Danna: No prometo nada.

Él tardó unos segundos.

Después llegó el mensaje.

Andrés: Tengo capturas de algunos de tus mensajes.

Danna abrió mucho los ojos.

Danna: ¿Qué?

Andrés: No me mates. Ella empezó a reír sola.

Danna: ¿Por qué harías eso?

Andrés: Porque hay cosas que me escribes…

Que me gusta volver a leer.

Danna sintió cómo las mejillas empezaban a arder.

Nunca se le habría ocurrido hacer algo así.

Aunque…

Pensándolo bien…

Abrió la galería de su móvil.

Buscó entre las capturas de pantalla.

Y sonrió.

Ella también tenía una. Era del mensaje en el que Andrés le había escrito:

"Si pudiera volver atrás... volvería a equivocarme."

Cerró la galería rápidamente.

No iba a confesarlo.

Todavía no.

Danna: Estás un poco loco.

Andrés: Lo sé.

Danna: Mucho.

Andrés: Pero no me arrepiento.

Ella sonrió.

Danna: ¿Qué mensaje guardaste? Andrés: No te lo voy a decir.

Danna: ¿Por qué?

Andrés: Porque me da vergüenza.

Danna soltó una pequeña risa.

Danna: Pues ahora tengo curiosidad.

Andrés: Esa era la idea.

La conversación continuó entre bromas durante casi una hora.

Hablaron de sus canciones favoritas.

De los lugares que querían visitar.

Y hasta discutieron, entre risas, sobre cuál era el mejor sabor de helado.

Cuando el reloj marcó las once menos cuarto, Danna bostezó. Andrés: ¿Sueño?

Danna: Mucho.

Andrés: Entonces vete a dormir.

Ella sonrió.

Danna: ¿Me estás echando?

Andrés: Nunca.

Andrés: Solo quiero que descanses.

Danna apoyó la cabeza en la almohada.

A veces olvidaba que Andrés también se preocupaba por esas pequeñas cosas.

Antes de despedirse, él escribió un último mensaje.

Andrés: Oye. Danna: ¿Sí?

Andrés: Gracias por convertirte en la mejor parte de mis días.

Danna cerró los ojos un instante.

Notó el corazón latiendo con fuerza.

Y respondió con total sinceridad.

Danna: Creo que tú también te has convertido en la mejor parte de los míos.

Andrés leyó aquella frase una vez.

Después otra. Y, sin que nadie pudiera verlo, hizo una captura de pantalla.