Número Equivocado Capítulo 22 No puedes esconder una sonrisa
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Capítulo 22 No puedes esconder una sonrisa

Sábado, 2 de agosto 17:36

Danna dejó el móvil sobre la mesa del salón.

Había prometido que esa tarde la pasaría con sus amigas.

Nada de mirar la pantalla cada cinco minutos.

Nada de responder al instante.

Nada de pensar en Andrés.

—¿Me estás escuchando? —preguntó Lucía, moviendo una mano delante de su cara.

Danna parpadeó.

—¿Qué? Las tres amigas comenzaron a reír.

—Sabía que no nos estabas prestando atención —dijo Carla entre risas.

—Sí que os estaba escuchando.

—Ah, ¿sí? Entonces... ¿de qué estábamos hablando?

Danna abrió la boca.

La volvió a cerrar.

No tenía ni idea.

Las tres estallaron en carcajadas.

—Vale... me habéis pillado.

Lucía cruzó los brazos y sonrió con picardía.

—Confiesa. —¿Qué?

—Hay alguien.

Danna sintió cómo las mejillas se le calentaban.

—No hay nadie.

—Entonces... ¿por qué llevas sonriendo cada vez que miras el móvil desde que hemos llegado?

Danna bajó la mirada.

No sabía qué responder.

Porque tenían razón.

Ni siquiera se había dado cuenta de que lo hacía.

Justo en ese momento, el móvil vibró.

Las tres miraron la pantalla al mismo tiempo. Andrés Lucía abrió mucho los ojos.

—¿Quién es Andrés?

Danna cogió el móvil rápidamente.

—Un amigo.

Carla arqueó una ceja.

—¿Un amigo?

—Sí.

—¿Y desde cuándo sonríes así por un amigo?

Danna escondió la cara entre las manos.

—No sonrío de ninguna manera.

—Claro que sí. Las tres comenzaron a imitar su sonrisa.

Danna terminó riéndose con ellas.

—No os riáis.

—Entonces cuéntanos.

Respiró hondo.

Sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo.

—Nos conocimos por un mensaje…

—¿Un mensaje?

—Sí…

—Se equivocó de número.

Las tres se quedaron completamente calladas. —Espera... ¿cómo?

Danna les contó toda la historia.

Desde el primer mensaje.

Hasta las canciones.

Las notas de voz.

La llamada.

Y las largas conversaciones de cada noche.

Cuando terminó, ninguna dijo nada durante unos segundos.

Finalmente, Lucía sonrió.

—Eso parece sacado de una película.

Carla asintió.

—O de una novela romántica. Danna rió.

—Pues mi vida no tiene nada de película.

Lucía la miró con una sonrisa.

—No estés tan segura.

Aquella noche, al llegar a casa, Danna encontró varios mensajes de Andrés.

Andrés: ¿Cómo ha ido la tarde?

Ella sonrió mientras se tumbaba en la cama.

Danna: Bien.

Andrés: ¿Seguro?

Danna: Sí.

Andrés: ¿Y por qué has tardado tanto en responder? Danna soltó una pequeña risa.

Danna: Porque estaba con mis amigas.

Andrés: Entonces te perdono.

Ella dudó unos segundos.

Después escribió.

Danna: Les he hablado de ti.

Pasó casi un minuto.

Andrés: ¿En serio?

Danna: Sí.

Andrés: ¿Y sigo vivo?

Danna rió.

Danna: Sí.

Andrés: Menos mal.

Danna: Les ha parecido muy bonita nuestra historia.

Andrés permaneció unos segundos sin responder.

Después llegó un último mensaje.

Andrés: Ojalá algún día podamos contarla juntos.

Danna sintió un vuelco en el corazón.

Miró el mensaje durante varios segundos.

Y sonrió.

Cada día parecía un poco más difícil imaginar su vida sin aquel chico que, semanas atrás, solo era un número desconocido.