Número Equivocado Capítulo 17 Lo que nunca te conté
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Capítulo 17 Lo que nunca te conté

Lunes, 28 de julio 21:52

El móvil de Danna vibró justo cuando terminaba de leer un libro que llevaba semanas sobre su escritorio.

Sonrió antes incluso de mirar la pantalla.

Sabía quién era.

Andrés: ¿Estás ocupada?

Danna: Acabo de terminar de estudiar.

Andrés: Entonces he llegado en el momento perfecto.

Danna dejó el libro sobre la mesilla.

Danna: ¿Y tú qué haces? Andrés: Aburrirme.

Danna: Qué raro.

Andrés: Ya empezamos…

Ella soltó una risa.

Cada vez le resultaba más fácil imaginar la expresión de Andrés cuando escribía ciertas cosas.

Como si ya pudiera verlo poniendo los ojos en blanco o riéndose al otro lado de la pantalla.

Después de un rato hablando, Andrés envió un mensaje diferente.

Andrés: ¿Puedo hacerte una pregunta un poco personal?

Danna se quedó mirando la pantalla.

No sintió miedo. Solo curiosidad.

Danna: Depende.

Andrés: ¿Alguna vez te has enamorado?

El corazón de Danna dio un pequeño vuelco.

Era la primera vez que hablaban de algo así.

Apoyó la espalda en el cabecero de la cama.

Pensó unos segundos.

Y decidió responder con la verdad.

Danna: No.

Danna: Me han gustado personas…

Danna: Pero enamorarme... creo que no.

Pasaron unos segundos. Andrés: A mí tampoco.

Ella sonrió.

Danna: ¿Nunca?

Andrés: Nunca.

Andrés: Supongo que siempre esperaba sentir algo diferente.

Danna leyó aquella frase dos veces.

No sabía por qué.

Pero le hizo pensar.

La conversación quedó en silencio durante unos minutos.

Ninguno parecía saber muy bien cómo continuar.

Hasta que Danna decidió cambiar un poco el tema. Danna: ¿Cuál es tu mayor miedo?

Andrés tardó bastante más de lo habitual en responder. Los tres puntitos aparecían y desaparecían.

Como si estuviera pensando cada palabra.

Finalmente llegó el mensaje.

Andrés: Perder a las personas que quiero.

Danna tragó saliva.

No esperaba una respuesta tan sincera.

Danna: El mío es decepcionar a la gente.

Pasó un minuto.

Después otro.

Finalmente, Andrés escribió. Andrés: No creo que puedas decepcionar a alguien siendo tú.

Danna sintió un nudo en la garganta.

Nunca nadie le había dicho algo parecido.

No respondió enseguida.

Simplemente sonrió.

Después hablaron de cosas más ligeras.

De los dibujos animados que veían cuando eran pequeños.

De las chucherías que compraban al salir del colegio.

Y de las veces que ambos habían fingido estar enfermos para no ir a clase.

Las risas volvieron a llenar la conversación.

Como siempre. Antes de despedirse, Andrés escribió un último mensaje.

Andrés: Gracias.

Danna: ¿Por qué?

Andrés: Porque siento que contigo puedo hablar de cualquier cosa.

Danna apoyó el móvil sobre el pecho.

Miró al techo.

Y escribió despacio.

Danna: Creo que a mí me pasa lo mismo.

Andrés reaccionó con un corazón al mensaje.

No escribió nada más.

No hacía falta. Aquella noche, los dos se quedaron dormidos con la misma sensación.

Ya no eran dos personas que hablaban por un error.

Eran dos personas que empezaban a convertirse en un lugar seguro para el otro.