Número Equivocado Capítulo 16 Después de la llamada
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Capítulo 16 Después de la llamada

Domingo, 27 de julio 18:47

Danna se despertó con una sonrisa.

No recordaba la última vez que se había dormido pensando en alguien.

Se quedó unos segundos mirando el techo de su habitación.

Entonces recordó la llamada de la noche anterior.

Las risas.

Los silencios.

La forma en la que Andrés decía su nombre. Sin darse cuenta, volvió a sonreír.

Cogió el móvil.

No había ningún mensaje.

—Qué raro... —murmuró.

Justo cuando iba a dejar el teléfono sobre la mesilla, la pantalla se iluminó.

Andrés: Buenos días, dormilona.

Danna soltó una pequeña risa.

Danna: Buenos días.

Andrés: Ya era hora de que despertaras.

Danna: Llevo despierta diez minutos.

Andrés: Entonces llevo diez minutos esperando tu mensaje. Ella negó con la cabeza mientras sonreía. Danna: Dramático.

Andrés: Bastante.

La conversación continuó durante toda la mañana.

Hablaban un rato.

Después cada uno hacía sus cosas.

Y, sin darse cuenta, siempre terminaban volviendo al chat.

Como si ninguno quisiera que la conversación acabara del todo.

Después de comer, Andrés volvió a escribir.

Andrés: Tengo una duda.

Danna: A ver…

Andrés: ¿Siempre te ríes tanto? Ella frunció el ceño.

Danna: ¿Por qué lo preguntas?

Andrés: Porque ayer, en la llamada, te reíste un montón.

Danna sintió un poco de vergüenza.

Danna: Qué vergüenza…

Andrés: ¿Por qué?

Danna: Seguro que pensaste que me río raro.

Andrés respondió enseguida.

Andrés: Todo lo contrario.

Andrés: Me gustó mucho escucharte reír.

Danna notó cómo sus mejillas empezaban a calentarse. No sabía cómo podía decir esas cosas con tanta naturalidad.

Danna: Tú también te reías.

Andrés: Pero tú más.

Danna: Porque tú decías tonterías.

Andrés: Mi misión en la vida es hacerte reír.

Ella leyó aquel mensaje dos veces.

Y aunque quiso responder con una broma…

No le salió.

Porque, en el fondo, sabía que era verdad.

Aquella tarde, mientras ayudaba a su tío a doblar la ropa, el móvil volvió a vibrar.

Andrés: Oye. Danna: ¿Sí?

Andrés: ¿Puedo preguntarte una cosa?

Danna: Claro.

Andrés: ¿Crees que hablamos demasiado?

Danna dejó de doblar una camiseta.

Miró el mensaje unos segundos.

Nunca se lo había planteado.

Danna: ¿Tú qué crees?

Pasó casi un minuto.

Andrés: Creo que sí.

Danna sintió un pequeño nudo en el estómago.

Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje. Andrés: Pero no quiero hablar menos.

Ella soltó una carcajada.

Danna: Me habías asustado.

Andrés: Lo siento.

Andrés: Es que me he dado cuenta de una cosa.

Danna: ¿Cuál?

Andrés: Si pasan muchas horas sin hablar contigo…

Te echo de menos.

Danna se quedó inmóvil.

Era la primera vez que Andrés utilizaba esas palabras.

No eran un "te quiero". Ni un "me gustas".

Pero significaban mucho.

Respiró hondo.

Y decidió contestar con la misma sinceridad.

Danna: A mí también me pasa.

Durante unos segundos ninguno escribió.

No hacía falta.

Los dos sonreían al otro lado de la pantalla.

Esa noche, antes de dormir, Danna abrió por curiosidad la conversación desde el principio.

Leyó el primer mensaje.

"¿Has llegado bien a casa?" Se quedó unos segundos observándolo.

Quién iba a decir que un error tan pequeño acabaría convirtiéndose en la parte favorita de todos sus días.

Sonrió.

Bloqueó el móvil. Y se durmió pensando que, quizá, algunas casualidades llegan para quedarse.