Capítulo 18 Un nombre inesperado
Martes, 29 de julio 20:43
Danna terminó de cenar más rápido de lo habitual.
Subió las escaleras casi corriendo y cerró la puerta de su habitación.
Como cada noche, cogió el móvil.
No había ningún mensaje.
Frunció ligeramente el ceño.
Era raro.
Andrés siempre le escribía antes de las nueve.
Dejó el teléfono sobre el escritorio. Cinco minutos después volvió a cogerlo.
Nada.
—Qué pesada estoy... —murmuró.
Intentó distraerse viendo unos vídeos.
Leyó un par de páginas de un libro.
Incluso bajó a ayudar a su tío a recoger la cocina.
Pero, cada pocos minutos, terminaba mirando la pantalla.
A las nueve y cuarto, el móvil vibró.
Su corazón dio un pequeño salto.
Andrés: Perdón por contestar tan tarde.
Danna respiró tranquila. Danna: Pensaba que te había pasado algo.
Andrés: No, tranquila.
Andrés: Es que he salido un rato.
Danna: Ah.
Pasaron unos segundos.
Andrés: Me he encontrado con unos amigos.
Ella sonrió.
Le alegraba que hubiera pasado la tarde con ellos.
Hasta que llegó el siguiente mensaje.
Andrés: Y también estaba Sofía.
Danna dejó de sonreír.
Miró aquellas dos palabras durante unos segundos. Sofía.
La chica del número correcto.
La chica a la que Andrés había querido escribir aquel primer día.
No sabía por qué.
Pero sintió un pequeño pinchazo en el pecho.
Intentó convencerse de que era una tontería.
Después de todo…
Andrés podía hablar con quien quisiera.
Aun así, tardó más de lo normal en responder.
Danna: Qué bien.
Andrés leyó el mensaje. Algo le dijo que aquella respuesta era diferente.
Más corta.
Más fría.
Andrés: ¿Pasa algo?
Danna negó con la cabeza, aunque sabía que él no podía verla.
Danna: No.
Andrés: ¿Seguro?
Ella respiró hondo.
No quería discutir.
Ni mucho menos parecer celosa.
Porque no tenía ningún derecho a estarlo.
Danna: Sí, tranquilo. Pasó casi un minuto.
Entonces Andrés escribió.
Andrés: Solo hemos coincidido un rato.
Andrés: Ni siquiera hemos hablado mucho.
Danna frunció el ceño.
Ella no le había preguntado nada.
¿Cómo había sabido lo que estaba pensando?
Danna: No hace falta que me lo expliques.
Andrés: Lo sé.
Andrés: Pero quería hacerlo.
Danna apoyó el móvil sobre las piernas. No sabía qué responder.
Una parte de ella quería cambiar de tema.
La otra quería hacer mil preguntas.
Finalmente escribió.
Danna: Me alegro de que hayas pasado una buena tarde.
Andrés tardó unos segundos en contestar.
Andrés: Ha estado bien…
Andrés: Pero tenía ganas de llegar a casa para hablar contigo.
Danna sintió cómo aquel pequeño nudo en el pecho empezaba a desaparecer.
Sonrió sin darse cuenta.
Danna: Qué cursi eres. Andrés: Un poco.
Danna: Bastante.
Andrés: Pero sigues aquí.
Ella soltó una pequeña risa.
Danna: Sí.
Andrés: ¿Sabes una cosa?
Danna: ¿Qué?
Andrés: Creo que ya no imagino mis noches sin hablar contigo.
Danna leyó el mensaje dos veces.
Después apagó la pantalla durante unos segundos.
No porque quisiera dejar la conversación. Sino porque necesitaba esconder la sonrisa que acababa de aparecer en su cara.
Volvió al chat.
Y escribió. Danna: Yo tampoco.