Número Equivocado Capítulo 9 Algún día
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Capítulo 9 Algún día

Domingo, 20 de julio 21:27

Danna dejó el móvil sobre el escritorio mientras terminaba de ordenar su habitación.

Desde hacía unos días, aquella se había convertido en su rutina favorita.

Hablar con Andrés.

No importaba si habían pasado cinco minutos o cinco horas.

Siempre terminaban encontrando algo de lo que hablar.

El teléfono vibró.

Una sonrisa apareció automáticamente en su rostro. Andrés: Llegas tarde.

Danna soltó una risa.

Danna: Han sido tres minutos.

Andrés: Han sido los tres minutos más largos del día.

Ella negó con la cabeza mientras escribía.

Danna: Qué exagerado eres.

Andrés: Solo un poco.

La conversación continuó entre bromas durante un buen rato.

Hablaron del calor que hacía aquel verano.

De los helados que más les gustaban.

Y de las cosas más vergonzosas que habían hecho cuando eran pequeños.

Danna no recordaba la última vez que se había reído tanto mirando una pantalla.

Después de unos minutos, Andrés escribió:

Andrés: Tengo curiosidad por una cosa.

Danna: Dispara.

Andrés: Si nos hubiéramos conocido en persona…

Andrés: ¿Crees que habríamos sido amigos?

Danna dejó de escribir.

Nunca se había planteado aquella pregunta.

Miró el techo de su habitación unos segundos antes de responder.

Danna: Creo que sí.

Andrés: ¿Solo amigos? Ella sintió cómo el corazón le daba un pequeño vuelco.

Sonrió para sí misma.

Danna: No lo sé.

Danna: Dependería de si me hubieras caído bien.

Andrés: Qué difícil eres.

Danna: Un poquito.

Andrés reaccionó con un emoji riéndose.

Pasaron unos segundos.

Entonces llegó otro mensaje.

Andrés: Yo creo que habría intentado hablar contigo.

Danna: ¿Tan seguro estás?

Andrés: Sí.

Andrés: Aunque seguramente me habría puesto muy nervioso.

Danna sonrió.

Le costaba imaginar a Andrés nervioso.

Siempre parecía tener una respuesta para todo.

Danna: Pues menos mal que te equivocaste de número.

Andrés: Yo también lo pienso.

Durante unos instantes ninguno escribió.

Hasta que Andrés rompió el silencio.

Andrés: ¿Te da miedo conocer gente nueva?

Danna apoyó la barbilla sobre la almohada. Pensó unos segundos antes de responder.

Danna: Un poco.

Danna: Al principio soy bastante tímida.

Andrés: Yo también.

Ella arqueó una ceja.

Danna: No me lo creo.

Andrés: Te lo prometo.

Andrés: Solo que intento disimularlo haciendo bromas.

Danna sonrió.

Cada día descubría una parte nueva de él.

Y cada una le gustaba un poco más que la anterior.

Miró la hora. Eran las once menos cuarto.

Sabía que al día siguiente madrugaba.

Aun así, no quería despedirse.

Fue Andrés quien escribió primero.

Andrés: Oye…

Danna: ¿Sí?

Andrés: Prométeme una cosa.

Danna: Depende.

Andrés: Si algún día nos conocemos en persona…

Andrés: No dejes que el miedo te haga cambiar de idea.

Danna sintió un cosquilleo en el estómago. Aquellas palabras hicieron que, por primera vez, imaginara ese momento.

¿Cómo sería verlo?

¿Lo reconocería enseguida?

¿Sería igual que en su imaginación?

Respiró hondo.

Y respondió.

Danna: Te lo prometo.

Apagó la pantalla del móvil.

Pero aquella noche tardó mucho más de lo normal en quedarse dormida.

Por primera vez, no soñó con un mensaje. Soñó con un encuentro que todavía no tenía fecha.