Capítulo 8 Así suenas tú
Sábado, 19 de julio 21:38
Danna dejó el móvil sobre la cama nada más enviar la nota de voz.
Sintió un cosquilleo en el estómago.
No sabía si arrepentirse o sonreír.
Quizá las dos cosas.
—Ya está... —susurró.
No había marcha atrás.
Andrés ya podía escuchar su voz.
Los tres puntitos aparecieron casi al instante. Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Y, de repente…
Nada.
Un minuto.
Dos.
Tres.
Danna empezó a ponerse nerviosa.
—Seguro que ha pensado que tengo una voz horrible…
Volvió a coger el móvil.
Ningún mensaje. Lo dejó otra vez.
Intentó distraerse viendo una serie.
No pudo.
Cinco minutos después, el teléfono vibró.
Su corazón dio un pequeño salto.
Andrés: Perdón.
Danna: ¿Perdón por qué?
Andrés: Porque he escuchado el audio como cinco veces.
Danna sintió cómo una sonrisa aparecía sin permiso.
Danna: ¿Cinco?
Andrés: Igual seis…
Ella soltó una risa. Danna: Estás exagerando.
Andrés: No.
Andrés: Me ha gustado mucho escucharte.
Danna bajó la mirada hacia el móvil.
No sabía qué responder.
Nunca nadie le había dicho algo así.
Danna: Gracias…
Andrés: No sonabas como te había imaginado.
Ella arqueó una ceja.
Danna: ¿Eso es bueno o malo?
Pasaron unos segundos. Andrés: Muchísimo mejor.
Danna notó cómo el calor le subía a las mejillas.
Se dejó caer sobre la almohada mientras escondía la cara.
No podía dejar de sonreír.
Después de un rato hablando de cualquier cosa, Andrés escribió:
Andrés: Tengo una teoría.
Danna: A ver.
Andrés: Creo que cuando sonríes se te hacen unos hoyitos en las mejillas.
Ella abrió mucho los ojos.
Danna: ¿Cómo puedes saber eso si nunca me has visto?
Andrés: No lo sé. Andrés: Me lo imagino.
Danna sonrió automáticamente.
Fue al espejo de su habitación.
Se miró.
Los hoyitos aparecieron.
Volvió al chat riéndose.
Danna: Has acertado.
Andrés: ¿En serio?
Danna: Sí.
Andrés: ¡Sabía que tenía razón!
Ella negó con la cabeza. Era imposible.
¿Cómo había acertado algo así?
La conversación continuó durante casi una hora.
Hablaron de sus familias.
De cómo era el barrio donde vivía cada uno.
De las vacaciones.
Y de los planes que tenían para el resto del verano.
Cada respuesta hacía que pareciera que se conocían desde hacía mucho más tiempo.
Entonces Andrés escribió:
Andrés: Oye…
Danna: Dime.
Andrés: ¿Sabes qué es lo más raro de todo esto?
Danna: ¿Qué?
Andrés: Que ya no puedo imaginar un día sin hablar contigo.
Danna dejó de escribir.
Miró aquellas palabras durante varios segundos.
Su corazón latía con fuerza.
No era una declaración.
Pero tampoco era un simple mensaje.
Era algo más.
Sonrió.
Y respondió con total sinceridad.
Danna: Creo que a mí me pasa lo mismo. Los dos se quedaron conectados.
Ninguno escribía.
Ninguno se despedía.
Simplemente seguían allí. Como si el silencio también pudiera decir cosas.