Capítulo 5 Las conversaciones de madrugada
Miércoles, 16 de julio 22:41
Danna llevaba casi diez minutos mirando el reloj.
No esperaba ningún mensaje.
O, al menos, eso intentaba convencerse.
Había terminado de cenar, recogido su habitación e incluso había intentado empezar una serie nueva.
Pero no conseguía concentrarse.
Cada pocos minutos, sus ojos se desviaban hacia el móvil.
—¿Qué te pasa hoy? —preguntó su tío al verla tan distraída.
—Nada… estoy cansada. Era mentira.
No estaba cansada.
Solo estaba esperando.
Esperando algo que ni siquiera sabía si ocurriría.
Subió a su habitación y cerró la puerta.
Se dejó caer sobre la cama.
Justo entonces…
¡Bzzz!
Una notificación iluminó la pantalla.
Sin poder evitarlo, sonrió.
Andrés: Buenas noches, Danna. Ella respondió casi al instante.
Danna: Buenas noches.
Pasaron unos segundos.
Andrés: ¿Sabes una cosa?
Danna: Depende…
Andrés: Creo que ya se ha convertido en costumbre hablar contigo antes de dormir.
Danna volvió a leer el mensaje.
Una vez.
Y otra.
No sabía que responder.
Porque, si era sincera… A ella le pasaba exactamente lo mismo.
Terminó escribiendo:
Danna: Creo que a mí también.
Al otro lado de la pantalla, Andrés sonrió.
Andrés: Menos mal.
Danna: ¿Por qué?
Andrés: Porque habría quedado bastante mal si solo me pasara a mí.
Ella soltó una pequeña risa.
Cada conversación con él conseguía sacarle una sonrisa.
Y eso empezaba a asustarla un poco.
Continuaron hablando durante más de una hora. Descubrieron que a los dos les encantaba el chocolate.
Que ninguno soportaba madrugar.
Y que ambos escuchaban música cuando estudiaban.
Había momentos en los que la conversación se detenía unos minutos.
Pero ninguno se despedía.
Siempre aparecía un nuevo tema.
Como si ninguno quisiera que aquella noche terminara.
Cuando el reloj marcó las doce y media, Andrés escribió:
Andrés: Tengo una duda.
Danna: A ver…
Andrés: ¿Siempre sonríes cuando lees mis mensajes? Danna sintió como el corazón le daba un pequeño vuelco.
Miró la pantalla.
Después su reflejo en el espejo.
Y entonces se dio cuenta.
Estaba sonriendo.
Negó con la cabeza, divertida.
Danna: No voy a responder a eso.
Andrés: Entonces interpretaré el silencio como un sí.
Ella dejó escapar una risa.
Danna: Qué pesado eres.
Andrés: Un poco. Danna: Bastante.
Andrés: Pero sigues hablando conmigo.
Danna no respondió.
No porque no quisiera.
Sino porque no encontró ninguna excusa que lo desmintiera. Pasaron unos segundos.
Entonces Andrés envió el último mensaje de la noche.
Andrés: Buenas noches, Danna.
Andrés: Que sueñes bonito.
Ella apoyó el móvil sobre la almohada.
Sonrió.
Y respondió antes de apagar la luz. Danna: Buenas noches, Andrés.
Danna: Tú también.
Apagó la pantalla.
Sin darse cuenta, aquella conversación ya se había convertido en la parte favorita de su día.
Hay personas que, sin hacer ruido, terminan formando parte de tu rutina.