Capítulo 20 #2
»Con ese fin, voy a hablarle de algo pero que no puede salir de aquí.
—Hizo una pausa para que asimilara estas palabras y continuó—: Un gran movimiento, uno mucho mayor que el de esta noche, está a punto de ponerse en marcha.
Esos Germano Americanos creen que las botas militares y las esvásticas lo son todo.
Pero, aunque Hitler empezó como un católico, es muy posible que ahora sea un ateo.
Nosotros seguiremos nuestro propio camino hacia el poder.
—Hizo una pausa teatral—. La espada de Dios no es solo simbólica.
La Federación Germano Americana no tiene armas, pero nosotros sí.
Estoy hablando de fusiles Springfield y Enfield 30-06, de rifles Browning automáticos, de bombas.
Los han reunido los leales miembros del Frente.
Muchos son guardias nacionales. Cuando llegue la hora, y se está acercando, Thomas, nos apoderaremos de los servicios públicos y de las emisoras de radio, acorralaremos a los judíos y a sus secuaces en el Congreso, tomaremos el control de la Reserva Federal e implantaremos un nuevo Gobierno.
Vermeulen estaba atónito y entusiasmado a la vez. Nunca había oído hablar de la sedición tan abiertamente o con tanta convicción.
Un gran rugido, como de una bestia herida, se alzó desde la calle. Al oírlo, una sombra cruzó el rostro de Coughlin.
—Pero hay un problema, uno muy importante.
Yo tengo amigos influyentes: amigos en el Congreso, en las fuerzas armadas, en los servicios secretos.
Ellos me cuentan cosas. Y hay malas noticias: nuestro movimiento está bajo vigilancia.
El FBI está muy interesado en lo que hacemos.
Hay infiltrados en nuestras filas. Las armas y explosivos que se han tomado de los arsenales han alarmado a los agentes.
Thomas, podría ser que los lacayos de Roosevelt se nos echaran encima antes de que estemos preparados.
—Espero que no, padre —dijo Vermeulen.
—Quizá no baste con la esperanza, Thomas. —Coughlin volvió a hacer una pausa y sonrió suavemente al joven sacerdote—. Voy a pedirle algo muy especial, porque usted es un soldado especial de Cristo. ¿Está preparado para asumir una misión excepcional?
Vermeulen tragó saliva.
—Para lo que sea, padre.
—Bien, pero será un camino duro, muy duro.
He diseñado otro plan por si fracasa el actual.
Ese plan no debe llevar la marca del Frente, ni mostrar la menor vinculación con el Cuerpo Místico.
En definitiva, no deberá relacionarse conmigo.
He pensado mucho en el nombre de esa organización en la que quiero que usted desempeñe un papel de gran importancia.
—De nuevo hizo otra pausa y prosiguió—: He oído que los hermanos estaban enormemente impresionados con usted en el seminario . Magna cum laude en griego.
—Gracias, padre —dijo Vermeulen.
—Así que espero que reconozca el nombre que he escogido: Tifón.
El programa de estudios del seminario de Saint Joseph se limitaba al griego del Nuevo Testamento, pero Vermeulen había leído mucho sobre mitos y leyendas.
Tifón era una de las criaturas más mortíferas de la mitología: estaba provista de un centenar de serpientes que se retorcían por todo su cuerpo y arrojaban fuego.
Solo Zeus había sido capaz de derrotarla.
Su expresión debió delatarle.
—Veo que lo aprueba —dijo Coughlin—. Todos aquellos que contemplen a Tifón le temerán y obedecerán. Un nuevo orden surgirá en América: los impíos serán expulsados.
A continuación, le expuso su plan.
Ya casi amanecía cuando Vermeulen salió del Belvedere.
Fuera, las calles desiertas estaban cubiertas de pancartas y banderas abandonadas, y de prendas de ropa desgarradas.
Había cubos de basura ardiendo que llenaban el aire de un humo acre.
Pasó por encima del cartel de una esvástica y caminó en dirección sur hacia Penn Station con paso liviano y, por vez primera desde que había salido de Wisconsin, con el corazón henchido.
Siete meses después se había declarado la guerra en Europa.
Los sentimientos antiaislacionistas y antialemanes se extendieron por todo el país.
La Ley de Neutralidad fue derogada y el 13 de enero de 1940 se emitieron órdenes de detención contra los miembros de un grupo del Frente Cristiano conocido como los Nazis de Copley Square.
En su poder se halló una gran cantidad de armas y explosivos.
Fueron acusados de planear una insurrección armada con el propósito de instaurar una dictadura.
Coughlin se apresuró a desautorizar al grupo en la radio y en su periódico.
El juicio de los diecisiete cabecillas de Copley Square se sumió en el caos y acabó desmoronándose cuando los abogados defensores se dedicaron a obstruir, embrollar y sacar a la luz precedentes oscuros bajo la Segunda Enmienda.
Tras varios meses, el juez que presidía el tribunal falleció, lo que requirió un nuevo juicio, pero este nunca llegó a celebrarse.
Los diecisiete quedaron absueltos y las armas fueron devueltas al ejército.
Coughlin dio un giro radical y aclamó su liberación en Social Justice .
Pero el 7 de diciembre de 1941, los japoneses atacaron Pearl Harbor y cuatro días más tarde la Alemania Nazi declaró la guerra a Estados Unidos. La ola de patriotismo se extendió de inmediato. El Frente Cristiano fue condenado por sus simpatías pronazis y se desvaneció.
Poco después de la declaración de guerra, Thomas Vermeulen renunció a las sagradas órdenes y desapareció a los ojos del mundo. Su último acto fue robar siete Biblias de su sacristía.
Vermeulen apenas volvió a ser visto en público, pero las Biblias habrían de reaparecer. Una noche de junio de 1970, fueron encontradas junto con siete niños en el arcén de una carretera de Maine.
Como todos los años, el 25 de octubre, Vermeulen había salido de la casa, recorrido la amplia avenida arbolada hasta las viviendas sociales de Hoodridge Court y usado el teléfono público que había allí para llamar a un número de Royal Oak, Michigan.
El 25 era el cumpleaños de Coughlin. El Padre de la Radio seguía oficiando en el Santuario Nacional de la Pequeña Flor, pero sus días en ella habían terminado hacía mucho.
En la oleada contra el Eje que se desató después de Pearl Harbor, había sido expulsado de las emisoras.
El Frente Cristiano ya no existía, pero tal como Coughlin había prometido, otra organización había ocupado su lugar. Del colapso del Frente, había surgido Tifón.
El 25 de octubre era, pues, el día en que Vermeulen felicitaba y recibía instrucciones de su líder.
Los objetivos de Tifón eran los mismos que los de las organizaciones de extrema derecha de los años treinta, ahora proscritas: la caída del judeocomunismo, que habría de alcanzarse mediante operaciones de falsa bandera destinadas a incitar una sublevación entre las minorías problemáticas; la caída del Gobierno por parte de grupos insurgentes, y el restablecimiento de la ley y el orden bajo una dictadura cristiana de derechas.
Los soldados de esta nueva milicia no eran adultos, como en la época de la Federación Germano Americana, el partido Nazi Americano, el Klan, los Camisas Plateadas y el Frente Cristiano, sino los niños que Vermeulen y otros habían reunido en lugares ocultos por todo el país.
Habían tardado décadas para llegar a ese punto, mucho más tiempo del que Coughlin y Vermeulen habían previsto.
La recaudación de fondos en el mayor de los secretismos, el establecimiento de cuarteles generales, la creación de campamentos ocultos en las tierras salvajes de toda Norteamérica, el almacenamiento de armas y municiones, la espera hasta que los niños tuvieran la edad suficiente…
, todo eso había supuesto un retraso de treinta y un años.
Vermeulen había dejado atrás su juventud y una parte de su madurez durante ese período.
A veces había caído en la desesperanza. Su fe había flaqueado, aunque no su odio.
Eso, por sí solo, lo había mantenido en pie.
Ahora, por fin, había llegado el día del grupo de Maine de 1961.
Si albergaba escrúpulos por utilizar a inocentes para que murieran cumpliendo la voluntad de Dios, los había acallado atendiendo las exigencias de la realpolitik : era necesario hacer sacrificios para preservar el Cuerpo Místico y asegurar un liderazgo cristiano.
Pero la operación que debía comenzar por Edward ya no era lo que debía haber sido.
Tres décadas atrás, Coughlin y él habían compartido una visión: siete actos de terror que sacudirían a todo el país.
El «Ángel de las Llagas», un ataque con ántrax en el metro de Nueva York; el «Ángel de la Sangre de los Hombres Muertos», sangre infectada difundida a través de la sanidad pública de Boston; el «Ángel de las Fuentes Contaminadas», restos radioactivos en el suministro de agua de Chicago; el «Ángel del Poder Abrasador del Sol», un camión bomba con fertilizantes agrícolas, combustible diésel y otros productos químicos que explotaría frente a un edificio federal abarrotado de gente en Oklahoma City; el «Ángel de las Tinieblas», un ataque con una bomba inteligente en el Centro de Control de Tráfico Aéreo de Oakland que provocaría un bloqueo de los radares y tal vez una colisión en pleno vuelo; el «Ángel de la Muerte del Éufrates», la voladura de la presa Hoover, y el «Ángel que dirá, como Cristo, tetelestai : “Hecho está”», una cabeza nuclear detonada en las Ciudades Gemelas…