Destino abierto #4
-Te corrijo, soy ¡el dios Loki!-, dijo levantando la voz.
-Has arrebatado mi daga a las laimas. A quienes presté mi preciado bien para devolver a Angra Mainyu a su mundo.
A cambio, tenía un acuerdo con la difunta Láquesis-, exponía el dios, gesticulando por haber perdido su opción a saldar su deuda.
Caminaba rodeando a Nitsuga, y señalando con gestos de tristeza fingida a la laima en el suelo.
-Y bien, ¿te has dado cuenta de lo que has hecho?
-, preguntaba. -Ahora, ¿cómo saldo mi deuda?
. La has matado. ¡Y con mi propia daga!.
Entiendo que asumes tú la deuda que ella adquirió, ¿cierto?
Nitsuga, desafiante, se alzó frente a Loki.
-Yo solo asumo mis propios acuerdos-, dijo.
-Entiendo. Así que, entonces, reniegas del acuerdo. Bien. Déjame pensar-, decía Loki.
-No pienses, solo vete de aquí. Nosotros somos miles contra uno y, además, tengo tu daga. La daga que es capaz de matar a un dios. Y tú, dices ser un dios-, exponía Nitsuga, nuevamente desafiante.
Ante tales palabras, el dios del caos extendió su mano y la daga se desprendió de la mano de Nitsuga para ir a parar a la de Loki. Éste, se giró en círculos buscando algo.
-¡Ahí estás!-, dijo sorprendido. -Decías…-, respondía a Nitsuga, tras recoger su vaina del suelo, con la mirada ahora igualmente desafiante.
-Te decía que, ¡Agggg!-, gritaba Nitsuga.
Era la respuesta de un líder que sentía como Loki, que se había desplazado tras él usando su poder, había atravesado con su daga desde atrás su pecho, por la espalda. La misma daga que hasta no hacía más de cinco minutos había utilizado Nitsuga para asesinar a las laimas.
Nitsuga cayó al suelo, de rodillas. Loki pateó su cuerpo hacia delante para, finalmente, hacerle caer por completo. Se repuso y dijo:
-Bien. Con esto, creo que ha saldado su deuda por haber utilizado mi daga. ¿Alguno más de los presentes,cree que debo irme y que es capaz de vencerme?-, preguntaba.
No obtuvo respuesta, solo silencio, miedo.
-Lo imaginaba. Bueno, creo que vuestra idea era sembrar el caos en este mundo y a mí me encanta alterar el universo y a aquellos que viven y gobiernan en él.
Así, que creo que tenéis un nuevo líder, y ese soy yo.
¡Arrodillaos ante mí y aceptad mi mando, y yo os llevaré a la victoria! -, exponía con exaltación.
El silencio se había apoderado del momento. Ninguno de los gorls presentes sabía cómo actuar, ni cómo enfrentarse a un dios. Poco a poco, cada uno de los jefes de cada clan se arrodillaba frente a Loki, y con él todos aquellos que pertenecían a ese clan.
Ante tal situación, en la que todos reverenciaban a Loki, apareció el grupo que había anulado la incursión de los soldados y que traía como prisionero al viejo general del reino de Naa.
Confundidos al ver a todos los jefes postrados ante aquel extraño humano, adquirieron una actitud defensiva.
Los lobos enseñaban sus dientes, nerviosos, dispuestos para un ataque inminente.
Fue Anuj, el jefe de su propio clan, quien les dijo que depusiesen su actitud y reverenciasen a su nuevo líder.
Entre la confusión, y evitando una contienda, los gorls del clan de los lobos cazadores tranquilizaron a sus animales y se postraron ante su nuevo líder, no sin antes ofrecer a su prisionero.
-Traemos a uno de los generales de Azog-, dijo el jefe de la incursión empujando a Ledif hacia la zona donde estaba Loki. Una zona en donde ya se acumulaban cuatro cadáveres.
El dios del caos se acercó hasta un Ledif malherido. Lo examinó y dijo:
-Bien, así podemos utilizar a ambos.
-¿Ambos?-, pregunta extrañado Ledif, viéndose solo.
-Claro-, respondía Loki. -Os tenemos a ti y a aquél otro soldado. Lleva ya un rato espiando desde la distancia-, incidía señalando con su bastón a Arik. -¿Te parece bien unirte a nosotros?-,le preguntó Loki.
Arik, un fantasma para el resto, emerge desde las sombras y se dirige hacia Loki. Muchos de los gorls presentes le gritan, gruñen y abuchean, pues más de uno desearía acabar con él allí mismo.
-Veo que tienes muchos amigos dentro de la horda-, le dice Loki irónicamente.
Paseándose entre ambos, el dios del caos prosigue su discurso mientras juguetea con su bastón.
-Nunca había empezado una batalla con la ventaja de dos monedas de cambio. Y, para ser sincero, consideraría más divertido, desafiante y justo el disponer tan sólo de una.
No dijo más. Cogió una de las espadas de Arik, sin que este pudiese ni siquiera evitarlo, y cortó el cuello de Ledif.
Provocó su muerte casi instantánea. La sangre salía a borbotones mientras el general trataba de amarrarse a la vida.
Esta vez no se quedó quieto. Arik saltó hacia él, desenvainando la otra espada que le quedaba y atacando al dios.
Este se defendía de los ataques del fantasma como si no le costase ningún esfuerzo.
Un juego continuo de espadas y golpes entre ambos.
Acero contra acero. Así, ese poco esfuerzo por parte de Loki, llevó a que Arik pudiese, en un golpe de fortuna y de engaño, clavar una de sus dagas en el abdomen de Loki.
Este hizo amén de sufrir con tal acto. Un sufrimiento que no era más que un engaño.
Una diversión del dios, que en ese instante se difuminó delante de Arik.
Apareció riendo de manera sarcástica, apoyado en uno de los carros, jugueteando con la espada que le había robado a Arik.
-Dejadle ir-, ordenaba Loki a la horda, refiriéndose a Arik.
-Será más divertido y desafiante aún si no existe ventaja alguna, ¿verdad?. Ve, avisa a tu reina. Mañana Azog será mía.