Nueve lunas de Antares El amanecer de un nuevo líder
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El amanecer de un nuevo líder

E l líder ha caído. Todo se detiene. Los cuernos llaman a retirada en medio de la batalla.

Los gorls son una horda dirigida por un único líder.

Si este cae, la horda ha de buscar un sucesor.

Su funcionamiento, sea donde sea, esté dónde y cuándo esté, se detiene.

Todos los gorls se retiran de la batalla y se reagrupan.

Poco a poco, todos los clanes llegaban a la zona de retaguardia.

Los dirigentes de cada clan acudían hasta la jaima donde antes se aposentaba Manshú.

Todos ellos tienen su candidato, perteneciente a su propio clan.

Pero, para ser el líder de la horda, se necesita mucho más que el mero apoyo de un único clan.

Se necesita el apoyo y respeto de todos ellos.

Y, para eso, han de pasar las pruebas que hacen que un gorl sea merecedor de ello.

Se había dibujado en el suelo un círculo, de donde los dos contrincantes no podían salir.

Alrededor de este, estaban miembros de los doce clanes apostados con grandes y afiladas lanzas dirigidas hacia el interior del círculo.

Lanzas cuyo fin era evitar que ninguno de los dos tuviese la tentación de salir de él, de huir.

Habían de cumplir con su cometido de salir victorioso o morir en el intento.

Y allí estaban, Nitsuga, del clan de los dientes de león.

Un enorme y musculoso gorl, avalado por su fama de asesino despiadado en la batalla.

Una auténtica máquina de guerra, obsesionado con la sangre y la sed de conquista.

Fiel como ningún otro a la horda. De inquietantes ojos claros, su mirada era como la del mismísimo dios del hielo, capaz de atemorizar a sus enemigos.

En frente, Solrac, un gorl de aspecto más contenido en envergadura y musculatura, pero, sin embargo, a priori mucho más ágil.

Proveniente del clan de los lobos cazadores, era precedido por su fama en su destreza con el arco y las grandes lanzas.

Ambos, habían sido elegidos. Ambos, lucharían con las mismas armas para un mismo fin.

Dentro del círculo, los dos gorls se miraban mientras giraban en la misma dirección desde la parte más exterior, estudiándose el uno al otro.

Los gestos por intentar dar un paso hacia su enemigo, amenazantes, se sucedían una y otra vez, acompañados de gruñidos y gritos que incitaban a su enemigo a atacar.

El primer choque sonó fuerte. Fue Nitsuga quien, aprovechando su superioridad física, lanzó el primer ataque.

Ambos forcejearon varias veces con sus cuchillos, chocando sus filos.

Nitsuga golpeó el primero sobre Solrac con uno de sus puños, que acompañó con una patada que llevó a su oponente hacía la zona más exterior.

Allí su espalda rozó con las lanzas que delimitaban el espacio de lucha.

Las lanzas temblaron detrás de él. Su primer error.

Aprovechando ese primer desconcierto, Nitsuga volvió a lanzar otro ataque con su cuchillo.

Fue Solrac, sin embargo, quien, zafándose de ese ataque, pudo asestarle un corte profundo en su costado.

El corte se abrió. Nitsuga sonrió y se volvió, enfurecido.

Solrac aprovechó esa furia en su enemigo para poder, de nuevo, tras evitar varios golpes de cuchillo de Nitsuga, realizar en él varios cortes más.

Nitsuga volvía a sonreír. Por fin un combate interesante.

Por fin dolor. Por fin alguien digno a quien matar.

En medio de la incertidumbre y el dolor de Nitsuga, Solrac clavó su cuchillo en la pierna de su oponente, lo que hizo que este empezase a cojear en la contienda.

Solrac, en su posición de superioridad volvió a clavar su cuchillo, esta vez en la otra pierna de Nitsuga.

Este, pese al dolor infligido, agarró la mano de Solrac, todavía sujetando su cuchillo y lo retuvo junto a él.

Con su otro brazo lo abrazó, bloqueando que pudiese despegarse de él y obligando a su oponente a chocar con su propio cuerpo.

Fue, en ese momento, cuando soltó el agarre de la mano de Solrac que sostenía el cuchillo, aún clavado en su pierna.

Aprovechó para sacar él mismo ese cuchillo y utilizarlo para atravesar el abdomen de su enemigo.

Lo desplazó hacia arriba, destripándolo cual animal en el matadero.

Tras eso, lo soltó y el cuerpo inerte de Solrac cayó al suelo.

Un suelo que se empapaba de la sangre de quien intentó ser un líder.

Aún no había tocado el suelo el cuerpo de Solrac, que todos los clanes aclamaban a su nuevo líder.

Los jefes de cada clan se postraban ante Nitsuga en muestra de respeto y devoción.

El enorme y despiadado gorl alzaba sus brazos gritando, celebrando la victoria, mientras giraba sobre sí mismo, desplazándose por el circulo de la contienda.

Tras su baño de masas, limpió la sangre de sus manos y se dirigió hacia su mando de mayor confianza:

-Di a todos que se preparen. Partimos.

-¿Nos retiramos?-, preguntaba confundido Udé.

Nitsuga se giraba hacia él entornando una inquietante sonrisa.

-Vamos a coger impulso-, respondió.