El desierto
Linaek se detuvo en unos matorrales para recoger sus pequeños y llamativos frutos.
-¿Estás segura que quieres comer eso?, preguntó Arik.
-Conozco estos frutos-, respondía Linaek, -los recogía de pequeña para hacer dulces.
-Tu misma-, dijo Arik, revisando la zona en busca de presas.
Algo saltó sobre Linaek, haciéndola retroceder, sorprendida.
-¡¿Qué demonios?!-, gritó.
Un pequeño mamífero saltaba sobre ella y salía huyendo.
Arik reía al verla.
-Creo que el se asustó más que tú-, dijo.
Linaek hizo una mueca a Arik y continuó recolectando los frutos. Cuando se giró, Arik no estaba. No se extrañó. Sabía que estaría cerca. Al poco, Arik apareció con el pequeño mamífero entre sus manos, muy parecido a un conejo.
-Creo que tus frutos sabrán mejor si los acompañamos de algo de carne-, comentó Arik, mientras presumía de su pequeña presa.
Linaek explicó a Arik qué tipo de animal era y qué había sido una captura afortunada.
Pocos cientos de metros más tarde encontraron una zona con un pequeño recoveco que les podía servir para pasar la noche.
Arik sabía que no era buena idea hacer una hoguera, pues era proclamar a los cuatro vientos donde se encontraban, sobre todo a sabiendas de lo que Linaek le había comentado de los bandidos.
No obstante, tanto Linaek como él arrastraban un hambre atroz, de todo un día sin comer.
Ambos confiaban en que nadie estuviese lo suficientemente cerca como para ver el fuego.
Por lo menos, antes de que su cena se cocinase.
El crepitar de las llamas y los inquietantes sonidos de los seres que daban vida a tan inhóspito lugar, los acompañó en su cena.
Arik esperaba que las huellas que había visto a lo largo de su camino fuesen de caminantes que ya habían dejado atrás ese lugar hacía lunas.
Aun así, el abrumador silencio del desierto les hizo apagar su fuego antes.
En la oscuridad de una hoguera apagada, estuvieron conversando hasta bien entrada la noche. El poder del sueño y el agotamiento pudieron más que sus párpados.
Amanecía…y un conjunto de risas y palabras mal sonantes se entremezclaban con los sueños de Linaek.
De pronto, sintió un fuerte golpe en su brazo.
Abrió sus ojos y vio a varios individuos rebuscando entre sus cosas.
Intentó levantarse, pero el más próximo a ella, presumiblemente el mismo que la golpeó, se lo impidió golpeándola de nuevo y haciéndole caer al lugar donde hasta ahora había dormido.
Linaek, nerviosa, miró a su alrededor. Arik no estaba.
-Apartad vuestras manos de mis cosas u os las cortaré-,les dijo. -¿Qué queréis?-, preguntaba ansiosa.
Todos ellos rieron.
-¿Que qué queremos?-, respondió uno de ellos con su misma pregunta. -Las armas de iromadio, tus víveres y a ti. Alguien como tú puede aportarnos muchas monedas en el mercado de esclavos.
Linaek buscaba su lanza para intentar defenderse, pero la había dejado junto al resto de armas. Todas ellas estaban ahora lejos de su alcance. Con esa distancia, no sabía si podría tan siquiera llegar viva a ella.
En ese momento, apareció Arik en la zona alta de la colina, frente a donde estaba retenida Linaek.
-Vaya, no sabía que habías invitado a tanta gente para el desayuno. De haberlo sabido, hubiese cazado una pieza más grande- dijo en tono jocoso.
Volvían a reír.
- ¡Tú!, deja ahí tu cuchillo y ponte junto a ella. Dos esclavos son más valiosos que uno- , decía el que parecía ser su líder, sin dejar de reír.
Arik miraba a Linaek como quien miraba a alguien por primera vez, sincero, dulce, amigable.
Sin más, cerró sus ojos. En su cabeza, reconstruía la situación real en la que se encontraba.
Había visto llegar de lejos a cinco individuos, tres en montura y dos a pie.
Cuatro de ellos estaban en la zona visible entre él y Linaek, otro escondido tras las monturas, en la única zona de huida, si él y Linaek tratasen de hacerlo. Abrió sus ojos.
- Tal y como yo lo veo, solo tenéis dos opciones-, dijo Arik, ante la mirada atónita de aquellos bandidos.
-¡Ah!, ¿si?, y ¿cuáles crees que son?-, dijo el que parecía ser su líder.
-La primera, podéis dejar todo tal y como lo habéis encontrado, os marcháis y todos tan amigos-, exponía Arik.
Los bandidos no podían parar de reír ante tan absurda proposición.
-¿Y tu segunda opción?-, volvió a preguntar su líder, entre carcajadas.
-Bueno, la otra opción os gustará menos-, respondió Arik.
-¡Di!-, gritaba, -¿cuál es nuestra segunda opción?-, preguntó en un tono de voz elevado y tenso, seguido de un silencio ansioso de respuesta.
-Bueno, es fácil, todos morís- respondió Arik.
Por unos instantes, su respuesta genero un silencio tenso.
Tras él, prosiguieron unas carcajadas fingidas por parte del líder, a las que siguieron las risas de sus acompañantes.
Sin dudarlo, uno de los bandidos, que se había ido aproximando lenta y disimuladamente a Arik, intentó atravesarle con su lanza.
Éste, sorprendido a medias por tan arriesgada y torpe maniobra, recibió un ligero corte en su costado, pudiendo esquivar el golpe, para acabar arrebatándole el arma.
Un arma que, sin dudarlo, lanzó sobre el individuo más cercano a Linaek, al que clavó contra la pared, liberándola así de su prisión temporal.
Acto seguido, usó su cuchillo sobre el primer oponente, atravesando su pecho y acabando con él.
Quedaban tres. Los dos que aún estaban en la base del camino, fueron ambos con sus espadas hacia Arik, a primera vista desarmado.
Gran error. Fue Linaek quien, recuperando el arma de su antiguo captor, la lanzó impactando sobre uno de ellos, atravesando su cuerpo.
El otro, se abalanzó sobre Arik, quien esquivaba sus golpes.
Fue gracias a un golpe de Arik sobre su oponente cuando en un momento de descuido le arrebató su espada y acabó atravesando el abdomen de este.
Todavía tenía clavada la espada en el cuerpo de este cuando recibido ese individuo el impacto de una flecha desde atrás, atravesándolo y llegando hasta Arik.
Había recibió su impacto, sin llegar a penetrar en su cuerpo.
Arik buscaba a Linaek, mientras se protegía con el cuerpo de su enemigo de las flechas que caían sobre ellos.
Linaek, que había recuperado su lanza, pudo observar entre las monturas donde estaba su escurridizo enemigo.
Allí, entre las monturas, lanzó con gran precisión su lanza y se oyó caer al último de sus atacantes.
-Ya puedes dejar de bailar con tu nuevo amigo-, le dijo en tono jocoso a Arik.
Arik, la miró con gesto de aprobación, y dijo:
- Y tú que decías que habríamos de recorrer el desierto a pie. ¿Desayunamos?