Nueve lunas de Antares La decisión
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La decisión

T ras una larga carrera de huida, dejando atrás el refugio por el que habían entrado a ese otro mundo del monasterio, los gorls supervivientes se reunían en la parte de la montaña junto a la pequeña planicie que permitía el descenso de la misma.

Volvían a la nieve, volvían a la ventisca.

Heridos algunos de ellos y congelados por las bajas temperaturas, habían de buscar rápido el camino para descender y ponerse a salvo.

No sabían si les perseguían, ni sabían cuanta ventaja tenían.

Su destino estaba marcado, lo que no sabían era ni cómo, ni cuándo.

-¿Qué hacemos ahora?-, preguntaba uno de los gorls supervivientes al resto de los guerreros.

-Hemos de volver, e informar a Manshú que la misión ha fracasado y que no hemos podido conseguir nada de lo que vinimos a buscar-, decía otro.

-Pero, nos matará. No podemos volver habiendo fracasado-, argumentaba otro.

Todos ellos se miraron, y, entre dudas, decidieron que lo más importante ahora era ponerse a salvo.

Sería al llegar a la base de la montaña cuando cada cual valoraría que debía hacer.

El tiempo era cambiante en la montaña y debían darse prisa para no quedarse atrapados en ella.

Además, tenían que volver a pasar por aquella pared de hielo que tantos problemas les causó en su ascenso, ahora de bajada y sin nada que les ayude en el descenso.