Nueve lunas de Antares La tensión de la espera #2
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La tensión de la espera #2

Uxté ya puede ver a lo lejos la fortaleza que resguardará sus vidas y al bastón de cualquier ataque.

Pequeña en la distancia, Erraol tiene grandes muros de robusta piedra proveniente de la misma montaña donde está enclavada.

En lo alto de una escarpada montaña, sus muros se hacen mucho más altos al contar con esas decenas de metros que les proporciona de forma gratuita la madre naturaleza.

Sin más que pequeñas aperturas en lo más alto de los muros, no como algo estético, sino como lugar de posicionamiento de arqueros, se muestra como un lugar infranqueable.

Ya se puede vislumbrar en la lejanía el humo de las chimeneas del interior del castillo y los estandartes de los diferentes reinos que, los soldados que habían apresurado su marcha del destacamento, habían colocado para adecuar el castillo a la contienda de contención frente a un posible ejército gorl que atacase el lugar en busca del bastón y, por supuesto, adecuarlo a la llegada de un rey.

Fue entonces cuando Utxé detuvo su caballo.

El destacamento paró tras él. Se oía un zumbido.

Un sonido que se hacía más presente cada vez.

El cielo se tornó en sombras y se comenzaron a oír gritos.

Caían lanzas sobre el destacamento provocando incertidumbre y una gran cantidad de bajas.

Utxé arreó su caballo y ordenó al galope hacia Erraol.

Tras la colina que daba paso al río y la subida a Erraol, allí estaba, el gran grupo de guerreros gorls, esperando.

Naa estaba en la muralla, observándolo todo. Que se fuesen sin estrechar ningún lazo no era buena señal.

-Creo que las negociaciones han fracasado-, dijo Afar. -Prepararé mis máquinas para la batalla.

Naa sólo hizo un gesto de resignación acompañado de un suspiro.

Al llegar a la horda, antes de bajar de su elefante, Manshú hizo un gesto a sus guerreros.

Un gesto que hacía prever algo. Más de veinte gorls se acercaron a su línea con grandes arcos y esperaron la orden de su líder.

Manshú fue el primero en disparar. Lo hizo sobre Vanhira, le alcanzó de pleno.

El resto de gorls le siguieron y una lluvia de flechas caía sobre los soldados que, a galope y protegidos por sus escudos, trataban de escapar y salir de la zona de tiro de los gorls.

Naa hacía ademán de retirarse a sus aposentos, cuando un soldado grita:

-¡Mi reina!,¡uno de los jinetes ha sido abatido!.

Naa volvió a la muralla para ver lo que había ocurrido.

Se había formado un gran silencio a la espera de noticias.

El grupo de jinetes volvía a galope hacia el castillo, algunos de ellos sosteniendo al herido, mientras llovían sobre ellos decenas de flechas que quedaban cortas en su destino. Todas menos una.

-Pensé que dejarías que esa mujer te hablase así-, le dijo uno de los jefes de clan a Manshú.

Manshú simplemente lo miro y se fue a su jaima. Pidió comida y bebida y esperó. Sabía que pronto tendría noticias del grupo de guerreros que mandó tras Utxé.

Al llegar al castillo, Naa lo vio. Era Vanhira.

Una flecha gorl, del tamaño de una lanza, había atravesado su cuerpo.

Al entrar en el castillo, el cuerpo inerte de Vanhira caía al suelo desde su caballo, ensangrentado.

Naa bajó apresuradamente junta a ella, ordenando que los curanderos se hiciesen cargo de su cuidado.

Pero, al llegar, lo vio. Vio que aquella flecha había acabado con ella.

La tristeza envolvió el ambiente. Pero, ¿por qué? ¿Por qué lo hizo Manshú?

Ledif sostenía, ya en el suelo, el cuerpo sin vida ensangrentado de Vanhira. En su cara, mostraba sentimientos mezclados de rabia, tristeza y ganas de venganza, frente a aquellos que no habían demostrado ser tan honorables como para respetar una tregua de guerra.

-No le gustó-, dijo Arik mirando a su amigo.

-¿Qué no le gustó?, ¿a quién?-, dijo Naa entre gritos de ira y sollozos contenidos de una reina.

-Vanhira amenazó a Manshú con sus palabras-, respondió Arik.

-¿Cómo?, ¿qué dijo?-, preguntó Naa.

-No es lo que dijo, sino cómo lo dijo y quién lo dijo- intervino Ogeid.

Naa puso cara de no entender lo que Ogeid le estaba queriendo decir.

-Los gorls son una raza basada en la supremacía del varón.

Para ellos, la mujer ha de ser sumisa a las palabras y acciones del varón.

Por sus creencias, sus dioses, todos varones, la mujer fue puesta en el ciclo de la vida para traer al mundo a sus hijos y servir fielmente a los varones.

Una mujer no tiene derecho a pensar por sí misma, opinar y mucho menos a hablarle a un varón si éste no le pide su opinión.

Ni siquiera puede mirarles directamente a los ojos.

Antes de tener esclavos, todas esas cosas las hacían las mujeres.

Para un gorl, tener sólo hijas es una deshonra.

Para ellos sólo cuentan en su descendencia los hijos varones-, explicó Ogeid.

-Vanhira se dirigió a él como un igual, lo amenazó. Manshú no podía dejarlo así habiéndolo visto el resto de sus guerreros-, concluyó Arik.

-¿No le gustan las mujeres?-, preguntó Naa mientras miraba al horizonte, hacia donde la horda estaba acampada. -Pues aquí tiene a una reina.

Naa se giró y se marchó, esta vez sí, hacia sus aposentos.

-Preparadlo todo para su funeral. La honraremos esta noche frente a la puerta del castillo con todos los honores de un gran general,- ordenó Ledif a los soldados, que se llevaron a Vanhira para proceder a prepararla.

-Traed a Mushone-, ordenó Manshú.

Dos gorls trajeron al viejo general, encadenado, sucio de haber estado junto a los animales, tal y como ordenó Manshú. Lo arrojaron al suelo frente a su líder.

Mientras comía, Manshú le dijo:

-Bien, general. En una o dos lunas mis gorls traerán ante mí ese bastón. Con las dos partes, yo he cumplido mi palabra. Si quieres seguir vivo, tú deberías cumplir la tuya. Has de hacer tu magia y darnos el poder para conquistar el Norte.

Mushone, se puso en pie, con la aprobación de un gesto de Manshú que hizo que los dos guardias le dejasen, y dijo:

-Claro, haré mi parte.

-Lavadlo y dadle ropajes nuevos, huele que apesta. ¡Ah! Y dadle de comer, ha de tener fuerza para ejercer su magia-, concluyó Manshú, mientras hacía un gesto con la mano para que lo retirasen de su vista.

-¿Crees realmente que cooperará?-, le preguntó uno de sus generales.

-Si no lo hace, servirá de comida para los perros-, afirmó Manshú.