CAPÍTULO 23
Remus continuaba con su historia, su mirada fija en mí.
–Yeshua nos esperaba como si ya supiera de nuestra visita con antelación.
Tenía en su tez una expresión de seguridad y amenaza constante y, aunque estoy seguro que reconoció que no éramos humanos al cien por cien, nos dio la impresión de que restaba importancia al asunto.
Estaba claro que él era el nuevo amo de la región, o eso pretendía, y se lo creyó desde el primer momento.
«Nos presentamos, indicándole que aquella era nuestra zona y, siempre siendo cautelosos, invitamos a su grupo a trasladarse a cualquier otro puerto cercano, donde bien seguro encontrarían abundante comida también.
No queríamos para nada una guerra con alguien a quien desconocíamos por completo y que sabíamos que nos podría generar muchas bajas.
Yeshua se levantó de su sillón, dirigiéndose hacia mí, siempre con una mirada penetrante, dominante.
Sus ojos se inyectaron de sangre cuando se acercó a escasos centímetros de mi cara.
Mis hombres se tensaron, listos para atacar en cualquier momento, a lo que les hice una señal de calma.
No temía por mi vida, sabía que era parte de una actuación para intentar intimidarnos y conseguir así nuestra rendición de manera fácil. Pero él no me conocía.
–¿Y tú quién eres? –Me preguntó en un tono seco y amenazante.
–Ya te lo he dicho. Esta es nuestra zona de caza. Buscad otra área y no habrá problemas para ninguno de nuestros clanes.
–No sabes con quién estás hablando, amigo mío, desconoces absolutamente mi raza ¿y te atreves a venir a mi casa a amenazarme? Tienes suerte de que hoy esté de humor, de lo contrario formarías parte de mi menú esta noche.
–Muy seguro estás tú de lo que dices, Yeshua…
Y en aquel preciso instante, delante del vampiro, me transformé, para sorpresa de todos los presentes, excepto de mi gente.
Nosotros tenemos el don de prever cuándo uno de los nuestros está preparándose para su transformación, y eso, en aquel instante, fue vital para que todos estuvieran alerta antes de que los vampiros pudieran ni pensar lo que les podía venir encima.
Yeshua, por instinto, dio dos pasos atrás y todavía tengo en mi memoria la mirada de asombro en su cara.
Fueron milésimas de segundo donde vi miedo en sus ojos, aunque luego se tornara en curiosidad y asombro.
Inicialmente sintió miedo. Y aquel hecho todavía le marca hoy.
Un ser como él, un poderoso vampiro que jamás había temido a nada ni a nadie, estuvo intimidado por mí aunque fuera un instante.
Inmediatamente sus lacayos se pusieron alerta y mi gente también se transformó. Yo, como tú, Xavier, también puedo hablar aun estando en estado licántropo y así me dirigí a Yeshua aquel día.
–Tú no eres nadie para entrar en mi tierra y pretender poseerla, a ella o a mi fuente de alimentación.
Has venido para sembrar un caos que no queremos, así que nuevamente te pido que te vayas, o pagarás las consecuencias –mi voz en aquel instante fue más tenebrosa que nunca, tajante y grave.
Fue una orden, no una sugerencia. Y Yeshua lo entendió.
–Marchad antes de que os destrocemos, perro humano. Nadie me amenaza en mi casa y esto tendrá consecuencias –dijo él mientras se retiraba con prisas junto con sus lacayos y, en apenas un abrir y cerrar de ojos, desaparecieron de nuestra vista.
Mis hombres y yo echamos unas risas por la situación, intentando quitarle seriedad al asunto, aunque sabíamos que a partir de aquel mismo momento nos habíamos ganado un enemigo.
Desde aquel día existe una rivalidad que se ha cobrado muchas, demasiadas víctimas en ambos lados. Y creo que ya es hora de pararlo todo. Si no hay manera de entenderse entre las dos especies ha llegado el momento de que sólo una sobreviva».
–Creo que en eso estáis todos de acuerdo, Remus –le dije yo.
–Lo sé. Ambos lados llevamos décadas investigando y espiándonos mutuamente. Y aunque ellos llevan cierta ventaja por recursos, nosotros no nos damos por vencidos ni mucho menos. Más ahora teniéndote a ti, amigo mío. Tú vas a ser la carta decisiva de esta partida.
–¿Yo? ¿Qué tengo de especial yo, Remus, para que ambos lados tengáis tanta afición por mi persona? ¿Qué soy en realidad que no sepa? –Le pregunté, intrigado y preocupado realmente por mi integridad.
No me gustaba en absoluto ser la pieza de carne de disputa entre dos carnívoros sin escrúpulos. Quería y necesitaba poder tener mi sitio y escapar de aquella situación, y tenía el presentimiento de que sólo yo podría hacer algo, aunque no sabía qué.
–Xavier… ¿todavía no te has dado cuenta?
Si ya antes de que te capturáramos eras alguien importante para ellos, imagínate ahora que eres uno de los nuestros, que eres un licántropo.
Pero además uno con dotes que no habíamos visto en siglos, con poderes que no habíamos soñado.
Tú puedes ser la clave para la correcta evolución de la especie. Y eso ellos lo saben.
–¿A qué te refieres exactamente? –No estaba entendiendo eso de la evolución de la especie.
–Los vampiros necesitan, al igual que nosotros, evolucionar.
La naturaleza se encarga de ello en un proceso de selección lento, y el hecho de haber sido humanos hace que queramos acelerar dicho proceso, en parte para poder garantizar nuestra existencia frente al enemigo.
Te aseguro que si no existieran los chupasangres, no tendríamos tanto interés en cómo mejorarnos, en cómo evolucionar a algo mejor.
Pero no es así, y debemos plantar cara de la mejor manera posible para garantizar nuestro éxito. Y ellos hacen lo mismo.
–Te localizaron y supieron que tú serías parte especial en esta nuestra guerra. Sabían que podrías ser una pieza clave para su correcta evolución y, junto con su gran arsenal técnico, poder derrotarnos con mayor facilidad.
–Sin quererlo has sido y eres un conejillo de indias, y han jugado con tus sentimientos para aprovecharse de tu persona y así conseguir más o, al menos, hacerlo sin apenas resistencia.
Lo cierto es que todo lo que me estaba contando Remus tenía sentido.
Una mujer como Joanna en la vida real no se hubiera fijado en mí, o eso había pensado yo muchas veces.
Daba por sentado que había sido simple cuestión de suerte, y no me había parado a pensar, ni siquiera cuando supe su condición de inmortal, que aquello no hubiese sido fruto de la casualidad.
Pero cuando me confirmó Edward que llevaban tiempo vigilándome, comenzaron a surgir unas dudas que Joanna acalló de inmediato, haciéndome creer de nuevo que aquello era amor y que, de paso, podría ayudarles.
Eso sí, no sabía ni me dijeron nunca a qué.
Remus ponía lógica a situaciones y, sin poder evitarlo, hacía que me enfrentara a quien hasta pocos días atrás cuidó de mí y me proporcionó un cuerpo mejorado científicamente, un corazón rejuvenecido por el amor y sobre todo una serenidad y felicidad que hacía años que no experimentaba.
Ahora aquel castillo de una nueva vida perfecta se desmoronaba frente a mí con una lógica aplastante.
¿Sería todo un complot de los vampiros para conseguir de mí lo que querían?
Tenía un mar de dudas que me ofuscaron. Y en un momento de lucidez me di cuenta de que me sería complicado volver con Joanne y Edward, dada mi condición licántropa actual.
Tenía serias dudas sobre mi seguridad con ellos y si me usarían para estudio o si directamente acabarían conmigo, al no poder transformarme en uno de ellos o usarme como tenían planeado.
Remus me observaba con detenimiento y cierta satisfacción en su rostro, adivinando mis conjeturas y dilemas internos.
Sabiendo que estaba más cerca de él que de Edward en aquel preciso instante.
Debía ser capaz de dejar a un lado sentimentalismos y analizar la situación fríamente.
Y la cabeza me decía que no podía volver a ver a los vampiros pues mi vida corría peligro con ellos ahora.
Pero el corazón me impedía pensar con lucidez y rogaba encontrarse de nuevo con Joanne para besarla y volver a notar su piel contra la mía, aunque fuera por última vez.
–¿Te das cuenta, verdad? –Dijo Remus–. Ya no hay vuelta atrás. No puedes volver a ellos si aprecias tu vida. Te destruirían. Para ellos sería alta traición, que está castigada con la muerte.
–No pienso luchar por ninguna de las dos causas, Remus. Si ahora mismo soy un bicho raro es por vosotros, no por Edward, precisamente.
–¿Cuánto te piensas que habrías durado en aquella mansión? Eras un experimento, y como tal, a su fin te hubieran exterminado. Sin más, sin compasión –su tono fue tajante.
Como un cuchillo afilado hirió mis sentimientos más de lo deseado.
Tenía razón, o al menos me lo pareció a mí.
En aquel momento no quería pensar en ello, quería poder tener la capacidad de evadirme, teletransportarme a otro lugar, a otro tiempo, donde no existieran estos seres perversos y donde todo hubiera sido una pesadilla.
–Con nosotros podrás conocer tus posibilidades y debilidades.
Podrás conocer a fondo tu nueva condición y sacarle el máximo partido, aprenderás a controlar tu nuevo cuerpo.
De otra manera no durarías mucho ahí fuera.
Yo puedo velar por tu seguridad, Xavier –era una invitación a su secta, personal e intransferible.
–Sabes que tienes razón en parte, Remus. Pero yo no he escogido esta situación. No quiero formar parte de vuestra estúpida guerra. Paso –le respondí.
–Quieras o no estás ya en ella. Y te guste o no estás en nuestro lado ahora. Eso es así. Piensa en ello –y se fue cerrando la puerta con una autoridad y disgusto palpable.
No había escuchado lo que quería. No obtuvo la respuesta esperada por mi parte y, como un general del ejército, me dio a entender que era lo que había y que él era quien mandaba sobre mí ahora.
Así pues, tenía dos opciones: quedarme y obedecer o escapar.
Y, desde luego, la primera no era de mi gusto.
Pero la pregunta que no paraba de hacerme era: ¿Cómo salir de ahí?
Fui acompañado de nuevo a mi habitación de recluso.
Por el camino analicé todos los detalles que me parecieron importantes para una posible huida.
Ventanas con rejas, alarmas, cámaras de seguridad, detectores de presencia y mucha gente.
Parecía más una embajada americana en Iraq que no una casa privada.
Y virtualmente se antojaba una hazaña imposible salir de allí con vida.
Pero a mí siempre me gustaron los retos.
Y aquel era definitivamente el reto más importante de mi vida.