CAPÍTULO 14
Joanne se giró y adiviné por su cara de asombro que había visto lo mismo que yo, cuando intentaba explicárselo.
Ventajas de leer la mente, supongo.
–¿Eso es real? –me preguntó de inmediato.
–No lo sé. Lo único que te puedo decir es que ha sido como cuando te vi correr huyendo de ellos. No sé si esta vez es también real o simple imaginación, pero por si acaso tomaría las precauciones necesarias.
–Desde luego. Debemos informar a Edward sin falta –añadió ella.
En menos de un minuto estábamos llamando a la puerta del despacho de Edward, quien nos hizo pasar de inmediato, excusándose frente a la visita que tenía en aquel momento.
–Disculpen, caballeros. Ha surgido un imprevisto que debo atender con urgencia. Les comunicaré cuándo podemos reanudar esta reunión lo antes posible. Gracias por su comprensión –dijo en un tono extremadamente educado y sereno.
–Muchas gracias, Sr. Hamsley. Quedamos a la espera de sus noticias entonces. Buenos días –dijo el hombre que se sentaba enfrente de Edward, mientras se levantaba–, señores –y con una mirada indicó a su corte que le siguieran.
Había cuatro más en total. Todos ellos vestidos en un impecable traje de estilo inglés, bien peinados y aseados; parecían clones de no ser por sus vestimentas de diferentes tonos grises.
Sus caras estaban esculpidas por el mismo gesto, serio y hasta me atrevería a decir que ostentoso, de soberbia y prepotencia.
Nos miraron de reojo al pasar por nuestro lado y, tras haber cruzado la puerta, el hombre que parecía su líder cerró la puerta tras él quedándose durante un segundo mirándonos fijamente a Joanne y a mí, con media sonrisa irónica.
Me giré y miré a Edward, quien esperó a que se cerrara la puerta para devolverme la mirada, sonriente y satisfecho como si hubiera ganado una pequeña batalla.
–¿Otra vez ellos? ¿Qué querían esta vez? –Dijo Joanne.
–Visita de rutina. Ya les conoces. Hacía tiempo que no se pasaban por aquí y supongo que ya tocaba –respondió Edward.
–Creo que no nos conviene demasiado su presencia, menos ahora. Parece que todo se va a complicar más de lo que pensábamos. ¿Xavier?
Joanne me miró como esperando que le explicara a Edward mi visión, aunque yo tenía la certeza de que él ya conocía todos los detalles.
Edward todavía era más bueno leyendo la mente de la gente que Joanne, por lo que poco tuve que mencionar al respecto.
No obstante, durante mi explicación, él estuvo muy atento y aunque sabía que me estaba escuchando, noté cómo se quedaba pensativo en varios momentos.
–¿Scotland Yard? –Pregunté, ya sabiendo la respuesta.
–A veces vienen haciendo preguntas de rutina, sobre nuestras actividades, etcétera –comentó Edward, a lo que Joanne hizo una mueca de «qué le vamos a hacer».
–Veamos. Si lo he entendido bien, ese licántropo se ha dado cuenta de tu existencia, pero no sabe en absoluto dónde buscarte, lo cual nos da una gran ventaja.
No mucha, pero unos días, seguramente. Lo que no sé es por qué esa asociación todavía, no le encuentro lógica ninguna –dijo Edward mientras paseaba por la sala.
–Bueno, yo tengo la sensación de que algo deben saber. Parecía que estaban planeando un viaje o algo así, en la mesa sobre la que discutían había algunos mapas y muchos papeles –comenté de nuevo.
–Vamos a hacer un ejercicio importante, Xavier. Memoria. Quiero que te concentres y busques esa imagen, para poder saber exactamente qué estaban haciendo. Quiero saber qué decían, qué tramaban. Es de suma importancia, así que tómate el tiempo necesario.
–De acuerdo, haré lo posible –prometí a Edward.
Tomé un bloc de notas y una estilográfica y me senté en el lado opuesto de la mesa de Edward, dispuesto a concentrarme en aquella visión lo máximo posible.
Cerré los ojos en un intento de mejorar mi concentración y, tras un par de segundos, me ausenté de cualquier influencia del exterior para encontrarme solo con mi mente.
Repetí la escena desde el momento en que aparecí en aquella habitación. Era un sótano, aunque al fondo se distinguía una ventana por la cual entraba algo de luz, muy poca, a través de unos finos hilos que apenas conseguían llegar al suelo.
En la sala había unas doce personas, más tres miembros de seguridad, armados, hombres de dos por dos y que permanecían como estatuas en la entrada.
Entre todos ellos se distinguían dos grupos claramente.
Tres de aquellos individuos eran ligeramente más altos, con largas melenas y aparentaban ser mucho más fornidos que el resto.
Sus rostros mostraban juventud, pero experiencia a la vez, y una mirada muy penetrante y aterradora.
El resto, todos ellos vestidos en atuendos oscuros, eran personas de tez más pálida y cabello oscuro, algunos de ellos con ojos verde claro.
En la mesa distinguí un plano de Francia y otro del Reino Unido, con algunas marcas en rojo sobre las ciudades de París y Londres, así como una gran marca en la zona suroeste de la isla, demasiado amplia como para ser muy alarmante, pero no por eso menos preocupante para nosotros.
Uno de ellos comenzó a hablar en un idioma que no conseguía identificar. Me concentré extremadamente mientras mi mano escribía sin que mis ojos se fijaran en el papel: «Trebuie să acţionăm repede. Cred că este un moment bun pentru a merge la Londra şi instala o baza de mai mult succes în găsirea».
Era un idioma que parecía latino, pero que no conocía. Tenía nociones de francés y español, al igual que podía comprender el italiano y el alemán, pero esto era diferente. Hablaban acaloradamente, aunque sin perder los papeles.
El que parecía el líder de los tres licántropos tomó la palabra, con una voz penetrante y autoritaria.
Mientras, el resto de ellos permanecían callados, escuchándole: «Suprafaţa pe care le–aţi definit este prea larg.
Noi trebuie să lucreze în continuare pentru a reduce acest cerc.
Stai un pic mai mult pentru călătorie». Los humanos se alteraban.
Claramente no estaban de acuerdo y parecían hacer ver a los hombres lobo que su opción era la más válida, señalando en el mapa de Londres y la costa.
Otro de los Vahu habló con el líder licántropo, mirándole casi amenazante: «Mi smo ljudi u glavnom gradu koje mogu nam pomoći.
Osim toga, Henry ima novu Osim svojih redova, netko poseban koga znamo ništa, ali mislim da mi može donijeti probleme».
Enseguida cambió su cara, mostrando un especial interés en lo que le habían dicho.
Su voz cambió a un tono mucho más grave y gutural, autoritario sin duda, casi como un rugido: «Está bien.
Tenéis cuatro días para organizarlo todo».
Tras aquellas palabras en un perfecto inglés, fue cuando se quedó fijamente mirándome.
Unos ojos color azul pálido en un rostro que daba realmente miedo.
Una mirada intensa y amenazadora que, junto con aquella expresión de sorpresa y curiosidad, me dejaron helado en el pasillo de camino al despacho de Edward.
«Lo percibo, intuyo esa presencia. Esto va a ser interesante, hermanos.
Debemos prepararnos. Vamos», fueron sus palabras antes de que los tres misteriosos hombres lobo abandonaran la sala, y con ello, mi visión se desvaneciera por completo.
Edward tomó la hoja de papel que había escrito y lo leyó con curiosidad y atención. En apenas el tiempo que tardaría yo en leer las primeras dos palabras, dejó la hoja en la mesa.
–Es rumano y croata. Veo que los Vahu han reclutado nueva gente –dijo, muy serio.
–Pero ¿Qué decían? –Pregunté yo, impaciente.
Edward tomó de nuevo la hoja y se acercó a mí, señalándome la primera frase.
–Aquí dice: «Tenemos que actuar con rapidez.
Creo que es un buen momento para ir a Londres e instalar una base para tener más éxito en localizarles».
Está en rumano. Luego, el líder licántropo dijo, también en rumano: «El área que habéis definido es demasiado amplia.
Debemos trabajar todavía más para reducir ese círculo.
Esperaremos un poco más para el viaje». La última frase del otro Vahu es en croata y dice: «Tenemos gente ya en la capital que puede ayudarnos.
Además, Henry ha visto una nueva incorporación en sus filas, alguien de quien no sabemos nada, pero creo que puede traer problemas».
–Así que son de diferentes culturas –dije yo.
–Sí, pero eso no es novedad entre los Vahu, ni entre nosotros. Somos unas organizaciones internacionales y es fácil ver gente de muchos países diferentes compartiendo idioma o hablando en diferentes lenguas entre nosotros –explicó Edward.
–Entiendo. De todas maneras, parece que la cosa está tensa. No tenemos mucho tiempo –dije.
–Está claro, sí. Hay que reunirse con urgencia. Organizarnos y pensar en cómo actuar. Reúne a todos, Joanne. Yo iré enseguida –dijo, mientras desapareció sin apenas tiempo para poder hacerle más preguntas.