CAPÍTULO 11
Por una fracción de segundo mi cuerpo se estremeció, recorriendo toda su extensión un escalofrío que tras su helada estela dejaba un rastro de calor ardiente reconquistando el terreno.
Mi cabeza se giró automáticamente hacia la puerta del despacho de Edward.
Joanne entró como si nada hubiera sucedido, llenando la sala con su sonrisa.
–¡Buenos días! ¿Me he perdido algo por aquí? –Fueron sus primeras palabras.
–Buenos días, Joanne. Precisamente estábamos hablando de ti, pasa, pasa. Creo que hay interesantes noticias que escuchar, ¿no es cierto? –Dijo Edward con su típica voz de calma y sosiego, invitando a Joanne a sentarse con nosotros.
No pude evitar ocultar mi cara de sorpresa y desconocimiento de qué estaba sucediendo, cuando ella se acercó a darme un dulce beso.
Mis labios no reaccionaron, como si hubieran visto un fantasma, dejando mi rostro todavía en su estado de perplejidad, acompañando el gesto de sentarse de Joanne con mi cabeza, para luego regresar a Edward con la mirada.
–Y bien –dijo Edward–. ¿Qué hay de nuevo por tierras galas?
–Tal y como sospechábamos, Edward, se han reunido de nuevo.
Están reorganizándose y preparándose para algo.
No me dio tiempo a más. Fue algo extraño, como si nos estuvieran esperando.
Por suerte pudimos dividirnos y escapar a tiempo.
De lo contrario no sé qué hubiera sucedido –explicó Joanne, muy seria y centrada en la historia.
–Creo que el que se ha perdido algo soy yo. O eso o sobro en esta habitación… –comenté en un tono suave, casi vergonzoso.
–Para nada, Xavier. Tarde o temprano tienes que saber todo lo que sucede en este mundo, y esto forma parte de él, nos guste o no.
Existe otra organización casi tan longeva como la nuestra, una organización rival.
Creíamos que estaba si no aniquilada, sí gravemente diezmada tras nuestros últimos encuentros, por llamarlo de alguna manera.
Pero ya lo dicen, mala hierba nunca muere.
Y parece ser que han vuelto a resurgir de la nada.
Aunque todavía desconocemos sus intenciones más inmediatas.
Para eso fue Joanne a París, y se espera mucha más actividad en un futuro muy inmediato.
De ahí que tu preparación sea una de nuestras prioridades.
Te queremos ahí fuera, aquí no eres lo útil que podrías ser, que deberías ser.
Mi mente volvió a un estado catatónico acompañando a una ignorancia completa sobre lo que estaban hablando. Tras una breve pausa en mi interior, me uní de nuevo a la conversación.
–Necesito que alguien me explique todo esto porque cada vez entiendo menos, y antes de formarme ninguna película al respecto en mi cabeza, prefiero saber qué pasa. Sospecho que es algo más que diferencias entre dos grupos, ¿no es así?
–Ciertamente, amor –respondió Joanne–. Estamos hablando de una rivalidad muy fuerte. De odio, de muertes, de cosas que no desearías saber, pero necesitas conocer sin falta.
Cada vez se me aceleraba más el pulso y mi cabeza pedía más información, como si ésta fuera una nueva droga de la cual dependiera mi vida.
El corazón palpitaba como nunca, lleno de emoción por saber, dilatando mis pupilas para captar el más mínimo detalle, orientando mi atención exclusivamente a aquellas palabras.
Por un momento me di cuenta de que ya había dejado de percibir cualquier otra conversación, como hasta hacía unos minutos.
Que ya no escuchaba el canto de los pájaros que, apenas unos cien metros enfrente nuestro, tarareaban una deliciosa melodía de buenos días primaverales.
Todo había desaparecido para ser substituido por el más tenebroso silencio y las palabras de Edward y Joanne rompiéndolo.
Podía con toda claridad escuchar cómo sus labios se despegaban al comenzar a hablar.
Estaba concentrado en aquella conversación como jamás me había concentrado en nada, ni siquiera en mi entrenamiento.
–¿Un poco de café, Xavier? Todavía no desayunaste nada y creo que la historia va a demorar un poco. Son cientos de años que explicar. Aunque seguro que podremos hacer un resumen –dijo Edward mientras se levantaba.
Por un momento mi cabeza no dio crédito a las palabras de Edward, mencionando un simple desayuno en medio de tal conversación. Pero luego mi estómago tomó protagonismo, dándole razón y aceptando su propuesta.
–De acuerdo. Si queréis tomamos algo de café mientras seguimos, es cierto que mi cuerpo requiere algo de alimentos. Si no luego no podré rendir igual en mi entrenamiento, hoy ya será el tercer día y James cada vez es más exigente –contesté.
En apenas unos minutos tuvimos un suculento desayuno servido en el despacho, mientras el Sol seguía en su ascenso al trono de la jornada, y las nubes le daban paso.
Los aspersores del jardín comenzaron a bailar repartiendo gotas de vida a su alrededor y unas ardillas salieron corriendo asustadas por el inesperado chorro de agua.
Observar el paisaje, aunque fuera por unos segundos mientras dejaban el desayuno en el despacho, me devolvió un poco de calma y, por un instante, a la realidad fuera de aquella casa.
El mundo seguía su curso, ajeno a lo que sucediera en París, Londres o cualquier otro lugar.
Una vez se cerró de nuevo la puerta del despacho de Edward y, tras el primer sorbo de un delicioso café expreso italiano, proseguimos con la charla.
–Verás, Xavier. Como ya te comentamos, pertenecemos a una organización que tiene varios siglos de vida.
Como tal, es lógico pensar que, aunque siempre hemos querido pasar muy desapercibidos de la sociedad, en algunos momentos eso no ha sido así, y hemos sido perseguidos.
Desde hace unos cuantos años parecía que habíamos conseguido de nuevo la transparencia e invisibilidad necesaria, pero al parecer nos equivocamos.
Existe un grupo paralelo al nuestro, casi tan longevo, que pretende aniquilarnos, evitar que sigamos existiendo.
–¿Pero por qué? Debe haber algún motivo lo suficientemente grave para esa rivalidad.
Algo muy importante para que, tras tantos años de lucha, siga existiendo ese odio que mencionasteis, ¿no?
–pregunté, volviendo a tomar otro sorbo de café sin mirar a la taza, absorto por lo que Edward me estaba explicando.
–Ciertamente, existe uno o varios motivos. Ahora quizás no estés preparado todavía para conocerlos todos. Pero uno de los principales es nuestra especie, Xavier. Esa gente caza vampiros, desde hace muchos años. La gran mayoría son humanos, aunque algún aliado más tiene, que ya conocerás.
Así pues, ¿los hombres que vi en el sueño pertenecen a esa organización enemiga? –Pregunté.
–Sí –respondió Edward, con una seriedad preocupante en el rostro.
–¿Sueño? ¿Qué sueño? –Preguntó Joanne.
–Xavier te vio correr por las calles de París, escapando de los Vahu –le explicó Edward.
–¿Cómo que me vio? –Joanne no pudo esconder su cara de sorpresa.
–Lo soñé, pero era tan real que no tenía duda alguna de que estaba sucediendo. Te vi correr y cómo les dejaste atrás cuando cogiste el «Aston Martin», en «Saint Germain Des Prés». Por cierto, ¿los Vahu son esa organización que mencionaste, Edward? –Pregunté, aunque la respuesta era evidente.
–Sí. Les llamamos así, aunque no tienen un nombre en concreto.
Es una abreviación de vampire hunters, no demasiado original por nuestra parte, pero algún nombre teníamos que ponerles si ellos no dan a conocer el que tienen, ¿no te parece?
–Edward esbozó una mueca que supongo quiso ser una sonrisa, aunque volvió enseguida a su tez seria para retomar la historia.
–Sorprendente, amore, sorprendente –dijo Joanne antes de que Edward prosiguiera.
–Lo que debes saber, Xavier, es que es una organización muy seria y muy bien preparada.
Y están dispuestos a cualquier cosa para conseguir sus propósitos.
Al igual que nosotros, también tienen muchas influencias a todos los niveles.
Su poder es equiparable al nuestro, aunque tras estas décadas sin tener noticias de ellos desconocemos si tecnológicamente están también tan avanzados.
No debemos perder la concentración ni por un momento.
Si han decidido resurgir ahora es por algo y, desde luego, nada bueno. No para nosotros.
–Pero deberé saber cómo identificarles, supongo.
Y sobre todo qué se espera de mí. Tengo claro que todo este entrenamiento es para esto.
E intuyo que os puedo ser de gran ayuda, pero necesito más información para poder actuar.
No podéis pretender que salga a la calle a luchar con esa gente si ni siquiera sé de qué son capaces, quiénes son y menos todavía qué o quién es ese aliado que mencionáis. Tengo que saberlo todo.
–Te iremos informando a medida que vayas avanzando, Xavier.
Todavía no estás preparado para salir ahí fuera.
Pero el momento se acerca, y se ha acelerado la situación de una manera notable.
Intuíamos que esto podía suceder, pero no ahora –dijo Edward–.
Prosigue con tu entrenamiento hoy, mañana nos reuniremos más e intentaremos conseguir el máximo de información para todos. Te lo prometo.
–De acuerdo –respondí, levantándome de la silla para reunirme con James, que ya me esperaba fuera.
Mi cuerpo estaba en tensión. Deseaba conseguir ese cien por cien de forma física, llegar a ese nivel ya y, sobre todo, saber más sobre lo que estaba sucediendo.
Necesitaba algo más que aquel cuentagotas de noticias para poder descansar mejor, al menos mi mente, que no paraba de dar vueltas y más vueltas a todo lo que hasta entonces había asimilado.
Tras otra dura sesión de electroterapia, James se cebó conmigo, exprimiéndome al máximo en un día que estaba seguro de que no iba a olvidar.
Aquella noche acabé destrozado. Llegué a la habitación exhausto y casi no presté atención a Joanne, que me esperaba estirada en el sofá, leyendo.
La besé dulcemente y me excusé, expresándole mis deseos de ir a dormir directamente.
Ella asintió con aquella dulce mirada, sin decir palabra alguna mientras me acariciaba con sus manos de seda, sanando así casi todas mis dolencias físicas y mentales en aquel mismo instante, ofreciéndome una dulce entrada a nuevos sueños.