Capítulo 21
Nunca antes el pulso me había temblado de ese modo.
Al salir del hospital mi intención era reunirme inmediatamente con Doug, pero no pude. Había demasiado terror a mi alrededor, demasiadas mentiras. Cogí el teléfono y llamé a la única persona que podría calmarme en aquel momento.
Quedamos en una cafetería. Apareció casi al instante. Sostuvo mi cuchara y me tendió la taza con café para que me la bebiera en un par de sorbos.
—¿Cómo estás? Estaba preocupado por ti, Violet. Tenía miedo que en el fondo fuera cierto que…—prefirió callarse—. Pensé que tú estabas muerta.
Se levantó un instante para besar mi mejilla. Antes de que volviera a sentarse, le di un gran abrazo.
—Gracias por estar aquí. No sabía a quién llamar. Me siento muy sola.
—Siempre me tendrás a tu lado —su sonrisa me calmó—. Te lo dije. Puedes contar conmigo para cualquier cosa.
Confiaba en él.
Estuvimos juntos durante mucho tiempo, y aunque todo fue una amistad con sexo, Owen no me traicionó.
—Dime lo que piensas.
—Violet…
—Por favor —supliqué—, ¿tú también crees que Doug es un asesino? ¿Que él ha matado a esas mujeres?
El camarero le sirvió un zumo con naranja recién exprimido y antes de tomarlo me respondió con ese tono de voz bajo, pero dulce.
—No.
—¿No? —era de las pocas personas que pensaba como yo.— ¿Por qué?
—Porque tú y yo no estaríamos desayunando juntos en este momento.
Esa era nuestra teoría en común. Pero desde otro punto de vista lo veían como el amante que sacrificaría cualquier cosa por estar junto a la mujer que amaba; por eso no me mató, para estar juntos y sin terceras personas que nos separaran.
—Tienes que ser fuerte, Violet. Antes he escuchado que han prohibido por completo que su padre se acerque a él. Le han quitado la placa.
—¿Qué? ¿Dónde has escuchado eso?
Miramos a nuestro alrededor. Todos nos miraban. Hablaban a nuestras espaldas.
Estaban al tanto de cualquier movimiento para poder hablar y crear un nuevo rumor.
—Te dije mil veces que no hay que escucharles.
—Owen.
—Muchos dicen que Doug tuvo la ayuda de su padre. Puestos a imaginar…
No me lo creía. Los rumores siempre son rumores, pero Doug no era un asesino. No…
—¿No os cansáis de hacernos la vida imposible? ¿Tan aburridos estáis? ¡Qué os jodan!
Solté el mismo insulto una y otra vez
—¡Que os jodan! —Repetí mientras salía de la cafetería.
Obtuve respuesta.
—Debiste haberte ido hace mucho, tú y toda tu casta. Lleváis años sin ser bienvenidos aquí.
Nos detestaban.
Empezaron a zarandearme y noté que una mano impactaba en mi rostro. Caí en el suelo aturdida y con un enorme dolor.
—¿Violet? —asentí con la cabeza. —¿Estás bien?
Paseé un dedo por el labio.
Estaba sangrando.
—S-sí —no quería darle importancia.
—Será mejor que te lleve al hospital.
—¡No!
—¿No? Acaban de agredirte.
Tiró hacia arriba mi cuerpo.
—Solo fue una bofetada. No llegaron más lejos.
—Descubriré a esos delincuentes. Te lo prometo —avanzamos con cuidado. Con el brazo por encima de los hombros y el suyo alrededor de mi cintura, llegamos hasta el vehículo que estaba aparcado encima de la acera—. Al menos déjame llevarte a casa.
¿Al piso de Doug?
—Llévame mejor a la comisaria.
—¿Para poner la denuncia? —noté cierta alegría.
Pero no.
No era para eso.
—Necesito ver a Doug. Necesito… —bajé el tono de voz—… saber que es inocente.
Él se quedó callado.
—Está bien. Vamos.