Nuestro secreto Capítulo 19
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Capítulo 19

Metí las manos en el bolsillo del pantalón trasero mientras Douglas dejaba mi maleta sobre la cama y guardaba cada prenda de ropa recién planchada en el interior del armario.

Después observó una fotografía que tenía sobre la mesa; en ella aparecíamos Brent, mamá y yo sonriendo.

De momento, era lo más cercano que estaría de mi familia.

El asesino seguía un patrón. Todas sus víctimas eran mujeres menores de treinta años. Y lo más extraño, es que cada una de ellas tuvo una relación íntima con el hijo del jefe de policía.

Me aclaré la garganta antes de hablar.

—¿Cuál es el plan? En cualquier momento volverá a atacar. Hay que hacer algo —toqué la pulsera que me regaló.

Se acercó hasta mí y cogió mi rostro con su mano para depositar un beso sobre la punta de mi nariz.

—Te prometo que esto acabará pronto, Violet —su voz profunda hizo que cerrara los ojos y disfrutara de las caricias—. Pienso protegerte día y noche. No voy apartarme de tu lado.

—¿Doug?

—¿Dime, pequeña?

—La lista que le diste a tu padre —cogí aire—, ¿crees que yo seré la siguiente a la que vendrá a buscar, verdad?

Con los ojos mirando hacia el suelo, asintió.

En aquel papel que guardaba Jeffrey con tanto cuidado y seguridad, se encontraban todos los nombres de las mujeres que intimaron con Doug.

En el pueblo quedaban tres personas que disfrutaron de los labios, los brazos y toda la intimidad de Belcher: Victoria, Cassie y yo.

Cada una de nosotras llevábamos un escolta. El mío —aquel hombre que sería capaz de protegerme y poner su vida en riesgo— me abrazó con tanta fuerza que lo único que pude hacer fue dejar que me refugiara en sus brazos. Con él me sentía segura; nada malo podría pasarme.

—Voy a tener que seguir todos tus pasos —dijo con una amplia sonrisa para romper aquel terrible momento que estábamos viviendo.

—¿Cómo un maldito pervertido?

—Como el maldito pervertido que desea besarte una y otra vez hasta hacerte mía de nuevo.

Los dedos de Doug bajaron lentamente por el lateral de los viejos vaqueros.

Con un gruñido agradecí que su pecho se rozara contra el mío, sintiendo su carne erizada.

Mis manos se movieron alrededor de su cintura, jugueteando con el cinturón y tirando de la fina camiseta para apartarla de su fuerte cuerpo.

Murmuré su nombre, casi gimiendo, sin controlar las ganas de querer mucho más que un simple beso que me hacía vibrar entre sus brazos.

—Te deseo tanto, Violet —apoyé mi mejilla contra su hombro cuando sentí los dedos la única prenda que deseaba tener lejos de mi cuerpo—. Dime lo que necesitas de mí.

Temblé bajo sus manos que estaban recorriendo delicadamente mi espalda. El contacto de su piel me estaba quemando, excitando y sobre todo enloqueciéndome.

Cada vez apretaba más los brazos alrededor de mi cintura. Su cuerpo estaba tan ansioso por perder el control y empujarme contra la cama que lo único que pudo hacer fue tumbarme sobre el suelo y acomodarse encima de mí dándose paso a través de mis piernas.

Estaba tan concentrada en su exquisita boca, que cuando sus pantalones se deslizaron por sus esculturales piernas dejando al descubierto unos bóxers negros.

—Doug… —quería seguir, pero los labios de él quedaron sobre mi cuello; lamiéndolo lentamente, torturándome…

Sentí sus manos subir por el interior de mis muslos. Mi pulso se aceleró, sus gruñidos eran demasiado excitantes para quedarme quieta y no hacer cualquier cosa para oírlo gemir. Su voz profunda era lo que necesitaba para encenderme.

Me mordisqueé el dedo de una forma sensual al empezar los movimientos frenéticos de cintura.

Entre lo más húmedo de mi vagina se encontraba su palpitante miembro; grueso y caliente preparado para devorar mi interior.

Con las piernas empapadas, grité de placer al sentir un dedo presionando contra el necesitado clítoris.

Empezó a golpear entre las estrechas paredes mientras que devoraba uno de mis pezones.

—Mi dulce caramelo —tiró de él.

Estaba muy entretenido con su lengua, dando lametazos al ritmo de sus embestidas.

—¡Oh! —clavé las uñas en sus anchos hombros.

Sacudió por unos instantes su polla y volvió a un ritmo frenético. Sus agresivos movimientos me hicieron gritar de placer, mientras que mi interior lo absorbía y mis muslos rodeaban con más fuerza su cadera, moviéndonos y disfrutando uno del otro.

Estiré el cuello hacia atrás, con los ojos cerrados… dejándome llevar por la sensación que dejaba su lengua recorriendo mi cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja.

—Violet —susurró cuando escuchó un gemido de dolor cargado de placer por mi parte al notar como torturaba uno de mis pechos —. Me vuelves loco.

Jadeé ante fuerte agarre que me mantenía sujeta e inmóvil en cada larga penetración.

—Más… —pedí cuando dejó de moverse. Necesitaba de nuevo esa agresividad que no había sentido en otras ocasiones. No solo era sexo; había amor en cada movimiento.

Posé las manos sobre su trasero.

—¿Más? Ni siquiera puedes respirar.

Eso no importaba, estaba dispuesta a suplicar porque no me cansaba, quería mucho más; quería experimentarlo todo. Incluso lloriqueé entre sus brazos al sentir el placer absoluto de su penetración en mi ser.

Volvió a dejar el brazo alrededor de la cintura, levantándome para que sintiera la dura erección que bombardeaba de manera exquisita.

Me arqueé contra él, volviendo a estar pegada en su pecho y bajé las manos por los duros músculos de su brazo.

No pude aguantar más y grité con todas mis fuerzas su nombre.

Su pene se tensó, sacudió con fuerzas en mi interior hasta notar cómo la cabeza liberaba el espeso chorro de semen que me llenó.

Rodeé su cuello, sintiendo los acelerados latidos y los temblorosos cuerpos de ambos. Me cubrió con una sábana que había en el sofá mientras que tocaba mi delicada piel.

Después de unos largos y placenteros minutos, me preguntó:

—¿Recuerdas el 2 de julio de 2014?

2 de Julio de 2014

—¡Brent! ¡Brent! —Mamá se enfadaría si volvía a escucharme gritar, pero realmente estaba enfadada con mi hermano— ¿Has cogido mi teléfono móvil?

Se encontraba viendo un partido de fútbol a dos días de irse a Afganistán. Se estaba comiendo mis golosinas mientras que le gritaba al árbitro. No le esperaba en casa. Se suponía que estaría con su novia, disfrutando de sus últimos días juntos.

—¡Brent!

—Ahora no, Violet, estoy viendo el partido.

—Mi teléfono móvil.

—Yo no he cogido nada —gruñó—. Apártate. No veo nada.

—Llamaré a mamá.

Me sacó la lengua.

—Pues, llámala, pequeño estorbo con coletas.

No podía pelearme con él y más cuando estaría dos años sin verlo. Me senté a su lado y le di un fuerte abrazo. Él no se lo esperaba, pero inmediatamente pasó su mano por mi cabello.

—No cogí tu móvil. Creo que Doug hizo una llamada y luego lo dejó sobre la mesita de noche de tu habitación.

—¿Doug?

—Sí.

El teléfono no estaba en ningún lado. Se lo tenía que haber llevado él.

—¿Dónde está?

—¿Douglas?

—Sí.

—Creo que estaba en el granero de la familia Cafferty.

—¿Qué hace ahí?

Se encogió de hombros.

—¡Por la derecha no, joder! ¡Estúpido! —movió su cuerpo salvajemente.

Me daría tiempo a llegar antes de que anocheciera.

—Iré a buscarlo. Necesito mi teléfono.

—Avisa a mamá.

—¡De acuerdo! —alcé la voz por si no me había escuchado.

Salí corriendo de casa en busca de mi teléfono móvil; sería la mejor excusa para volver a verle.

Una de las enormes puertas del granero estaba medio abierta. De allí salía una luz débil. Me acerqué con mucho cuidado y al oír la voz de Doug me detuve. Asomé la cabeza en el interior y mi mundo se vino abajo al darme cuenta de que no estaba solo.

La chica que tenía casi desnuda bajo su cuerpo era… la novia de Brent.

No pude evitar gritar. La vida me enseñó, en ese preciso momento, que la madurez lleva implícita dolor y decepción; engaño y otros muchos sentimientos que se agarran al corazón para no desaparecer jamás.

Douglas se levantó del suelo y tiró de su camisa para vestirse.

Diana arregló su cabello y me dio la espalda para que no le viera el rostro.

—Violet —lentamente se acercó hasta mí—, Violet, no es lo que crees.

Era un traidor.

Engañaba a mi hermano.

Y destrozaba mi corazón.

—¡Te odio! —di media vuelta para salir corriendo. El problema era que no era tan atlética comparada con él. En un par de pasos me alcanzó y caímos al suelo— ¡Suéltame!

No podía dejar de llorar.

Ni siquiera podía respirar con normalidad.

Buscaba bocanadas de aire con desesperación.

—Escúchame, pequeña.

—Nos has engañado.

Si Brent se enteraba…sería capaz de matarle.

—Lo siento. Lo siento, Violet.

—¡Jamás debí enamorarme de ti! — choqué los puños sobre su pecho. Douglas se quedó quieto, dejando que toda mi ira le golpeara de lleno—. Eres un auténtico capullo. Me dijiste que me querías.

—Y te quiero.

—¡No!

—Te amo, Violet. ¡Te amo!

No era cierto.

—Mentiroso.

—Solo necesitaba olvidarte. Me siento culpable cada segundo por desearte.

No era la única que estaba llorando.

—Aléjate de mí.

—No me pidas eso, por favor.

—¡Aléjate de mi familia!

Quería deshacerme de esa pulsera, pero me lo impidió.

—Voy a olvidarte. A buscar realmente a alguien que pueda corresponder mi amor —al apartarse de mi lado, me levanté con dificultad—. Brent te odiará. Se lo diré todo.

Sostuvo mis manos.

—No lo hagas, pequeña. Deja que se lo cuente yo —negué con la cabeza—. Ódiame, pero no te quites la pulsera. Eso significaría que me has olvidado para siempre.

—No quiero volver a verte

Y volví a casa evitando en todo momento que mi hermano o mi madre me vieran llorando después de todo lo que había pasado.

En un pueblo tan pequeño no hay secretos.

Intimidad, cero. Los rumores están a la orden del día.

Unas vecinas creyeron ver otra escena muy distinta a la que ocurrió en realidad.

Al verme salir huyendo de los brazos de Douglas dieron por sentado que había abusado de mí aquella noche del 4 de Julio de 2014. Ni mi madre ni Brent las creyeron.

Dos días después, Doug se fue junto al amigo que traicionó.

—Me querías —susurré.

Con una amplia sonrisa respondió:

—Te quiero —y besó mi frente antes de quedarme dormida entre sus brazos.