Nuestro secreto Capítulo 18
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Capítulo 18

Mordí el interior de mis mejillas al sentir el ardor que estaban causando las esposas alrededor de mi muñeca.

Sentada en una silla que había en el despacho de Belcher, miré por encima del hombro para comprobar el color de mi piel; un morado pálido llegaba hasta mis dedos.

En más de una ocasión pedí que me las aflojaran, pero el hombre que me vigilaba en silencio me ignoró por completo.

—Ben, déjanos a solas —se trataba de una voz autoritaria. La puerta se cerró y siguió hablando con más calma, seguridad en él mismo—. Permíteme que te quite las esposas.

—Se supone que soy una asesina —susurré cabizbaja—.

Le prometo que no hice nada. Peleé con ella.

Forcejeamos y cayó contra el suelo hasta golpearse en la cabeza.

Es cierto que no debí huir —un montón de lágrimas salieron de mis ojos—, pero estaba asustada y no sabía qué hacer.

Ni siquiera corrí a los brazos de su hijo, señor Jefrrey.

Los dedos se me habían agarrotado. Al tener las muñecas libres, acaricié con cuidado mi piel. Escocía.

—Lo sé. Llamé a Doug esta mañana —¿Estaba al tanto de todo? —Violet, tú no eres la asesina de Diana. Puede que discutierais, pero su cuerpo falleció a las cinco de la madrugada.

No podía tragar.

—¿Desangrada?

—No. Alguien la apuñaló por la espalda y arrastró su cuerpo hasta la carretera más cercana de su casa. El asesino seguramente estuvo siguiendo los pasos de alguna de vosotras dos —se quedó sentado en el escritorio con los brazos cruzados—. Estamos ocultando información para protegerte.

—¿Protegerme? ¿De qué exactamente?

—De ser la siguiente víctima. De hecho, nos conviene que muchos crean que podrías ser una asesina.

—¿Qué?

—Tranquila, pronto se olvidará el incidente.

—¿Olvidar? Nadie olvidaría esto; y mucho menos yo. En la vida…

No estaba entendiendo nada y mi rostro reflejaba la duda y la intranquilidad. Sufrí por cargar el dolor de mi padre, y en ese momento…todos…me verían como una asesina. Mi familia estaba condenada.

El señor Belcher me abrazó con suma delicadeza se dispuso a contármelo todo.

—Mi hijo y yo hemos estado hablando. Después de todo lo sucedido con Taylor, creemos que el asesino quiere llamar la atención de Doug.

—¿Matando a mujeres que estuvieron en su vida?

—Exacto. Las noticias lo único que han hecho es retar al asesino. En estos momentos —me miró fijamente—, estará al tanto de que la única mujer que le importa realmente eres tú.

Bajé la cabeza.

—¿Sucede algo? —preguntó.

—No. Bueno…—en el fondo había algo—, nadie acepta nuestra relación. Es como si les estuviéramos haciendo un favor a todas esas personas que nos miran con malos ojos después de todo el daño que han hecho con los falsos rumores. Si me matan, muchos respirarán tranquilos.

Alguien estaba escuchando todo. Se trataba de Doug, con su cabello revuelto y una camiseta sin mangas que llevaba manchada de grasa.

—No vuelvas a decir eso nunca más, Violet —sostuvo mi mano y con cuidado tocó las marcas que se me quedaron de las esposas—. Papá, yo cuidaré de ella.

—Será mejor que alguno de mis hombres esté con vosotros.

—Puedo cuidarla solo —insistió. Me ayudó a levantarme y cogió mi mano—. Puede que sea una estupidez, pero he escrito una lista de las mujeres con las que he estado. En ellos aparecen dos nombres. Deberíais protegerlas a ellas y yo cuidaré de Violet. Te lo agradecería mucho, papá.

A Jeffrey se le iluminó el rostro al oír tantas veces la palabra papá por parte de su hijo, se les notaba más cómplices. Asintió con la cabeza, dándole permiso. Noté que algo había cambiado entre ellos. Hay distancias que solo pueden salvar los que son de propia sangre.

Detuve mis pasos antes de salir del despacho.

—¿Y qué pasa con mi familia?

—Ellos estarán bien —soltó rápidamente Doug.

—Si ese asesino también me busca a mí, no podemos preocuparles.

Mamá ya estaba demasiado asustada después de ver cómo me detenían para que encima descubriera que la verdadera razón era que querían verme muerta.

—¿Qué propones?

Miré a ambos.

—Tienes que hablar con Brent, Doug.

Las manos empezaron a sudarle. Intenté tranquilizarle, pero no me estaba escuchando. A punto de llamar al timbre, el brazo de Doug fue más rápido y me detuvo.

—¿Y si volvemos a pelearnos?

—Controlarás la situación.

—¿Segura?

—Segurísima —me puse de puntillas para besarlo y después golpeé la puerta.

El temor se esfumó cuando mi madre apareció con lágrimas en los ojos y me lancé para abrazarla con todas mis fuerzas.

Le susurré que estaba bien y que todo fue un mal entendido.

Me aparté de su lado para buscar la mirada de Brent.

Segundos más tarde, esos pequeños brazos de mamá fueron sustituidos por unos más fuertes.

—Estaba preocupado por ti.

—Lo siento, Brent.

—Me contarás ahora la verdad, ¿no? ¿Qué ha pasado?

Tiré de su camisa.

—Sí. Junto a Doug —nos apartamos y vio que seguía cogida de la mano de otro hombre.

No dijo nada.

Nos sentamos alrededor de la mesa mientras mamá preparaba café. Los tres nos miramos en silencio hasta que Brent lo rompió.

—¿Sufrió? —preguntó con un nudo en la garganta—. ¿Diana sufrió?

—El asesino ha torturado a todas las víctimas —le respondió Doug—. Lo siento mucho, Brent.

—Pensaba que era un asesino primerizo. Pero ha matado a tres mujeres en una semana.

—Lo sé. Y por eso estoy aquí —cogió la taza de café que le tendieron y esperamos a que mamá nos dejara a solas—. Violet está en peligro.

—¿Qué?

—Cálmate —pidió una vez más—. Tenéis que salir de aquí con ella.

Brent se levantó de su asiento y asintió con la cabeza.

—Nos iremos hoy mismo.

—Yo me quedo, Brent —se detuvo en ese mismo instante—. Mamá y tú deberíais salir de aquí. Si me voy con vosotros, esa persona me buscará. No puedo marcar un camino para que me siga. Con Doug estaré bien.

—Violet…

—Escúchame, por favor. Haz caso por una vez a tu hermana pequeña —sonreí—. Todo saldrá bien.

—¿Y qué pretendes que le diga a mamá? ¿Que su hija está en el punto de mira de un asesino en serie? ¿Que lo mejor es huir para despistarle y dejarte sola? No, Violet. No voy a dejarte sola.

—Está conmigo —Doug también se levantó—. Pienso protegerla. Sabes que daría mi vida por ella. Al igual que lo haría por ti. Eres como mi hermano, Brent. Siento tanto lo que ha pasado, llevo años cargando con todo. Tienes que perdonarme. Sabes que daría la vida también por ti. ¡Lo sabes!

—Cuídala.

—Lo haré —le aseguró.

Y ambos, dejando a un lado los fantasmas del pasado, se abrazaron para sellar esa promesa.