Nuestro secreto Capítulo 16
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Capítulo 16

No quise seguir pensando en los mensajes que me había enviado Diana, pero cuando Doug se marchó al trabajo y me quedé sola en el apartamento, volví a recordar cada palabra.

Estaba claro que su misión era intimidarme, asustarme…

La muy capulla, después de todo lo que le hizo a mi hermano, ahora quería que le dejara el terreno libre con Doug.

Pero se acabó. No iba a hacer caso a ninguna de sus amenazas.

Nadie volvería a ver a una Violet débil. Estaba harta de todo y de todos.

Tumbada sobre el sofá, con una taza de té recién hecho, encendí el televisor jugando con el mando a distancia.

Me paré en las noticias. Seguían sin encontrar al asesino.

El jefe de policía Belcher hacía un comunicado de tranquilidad para que no cundiera el pánico entre sus habitantes.

Quería transmitir que las calles de Lynchburg eran totalmente seguras.

Le di otro sorbo a ese riquísimo té con canela y me atraganté al ver de nuevo las imágenes de la chica asesinada.

Los periodistas daban a entender que el culpable era un barón joven, pero muy experto en el arte de matar.

Todo parecía tener relación con Adelaida.

Hace unos días su vida era normal y ahora todo se había truncado.

Al parecer, esta víctima vivía sola con su gato, un precioso angora que habían llevado a la protectora de animales.

Era una persona tímida, no se metía nunca en problemas… Su última pareja tenía coartada.

Apagué el televisor y una enorme angustia me inundó. Tenía mal cuerpo. Sentía una gran pena por aquella desconocida.

—¿Te he dicho lo preciosa que estás con la boquita abierta cuando duermes? —su tono de voz me despertó—. Alargué la mano para rodear su cuello con mis brazos; estar apretujada entre sus brazos era de lo mejorcito del día.

Resoplé en su oído de manera lenta. Sabía lo caliente que se podía poner si tocaba el lóbulo de su oreja.

Me entraron unas ganas de atraparlo con mis dientes, pero me quedé quieta, haciéndole cosquillas en su nuca.

Me sentía atrapada en un mar de sensaciones.

Era feliz junto a él, pero también sabía que no podríamos seguir así mucho tiempo, escondiéndonos de nuestro propio destino.

Una tristeza infinita me inundaba constantemente.

—No he sido capaz de hablar con él, Doug.

—Tu hermano no está enfadado contigo. Más bien decepcionado conmigo —Echó su cuerpo hacia atrás para mirarme directa mente a los ojos—, al menos deberías decirle a tu madre que…

—Todo este tiempo sabía que estaba enamorada de ti. Quien no lo entiende es Brent. Siento mucho que mi hermano esté así, pero es mi vida. Además, saben perfectamente que estoy a tu lado—sonreí—. Segura de cualquier peligro.

Las manos de Doug fueron rápidas. Con un rápido movimiento quedó encima. Sus piernas quedaron a cada lado de mi cintura intentando equilibrar su peso sobre mí para que no me moviera.

—¿Estás segura de que estás a salvo?

—De ti, nunca.

—¿Me estás provocando, Violet?

Mis brazos se escabulleron de entre los suyos y empecé a quitarle los primeros botones de la camisa, dejando su pecho al des cubierto. A pesar de lo excitada que estaba, me paré en seco.

—No. Antes de hacerlo me apetece tener una cena romántica contigo.

Soltó una carcajada y me besó en la frente.

—Me parece un trato justo. Cenemos —continuó él mientras dejaba su camisa arrugada encima del sofá—y después disfrutaré de ti toda la noche. No te vas a escapar.

—Mmmm —le guiñé un ojo— ¡Me parece un trato de lo más apetecible!

Y levantando su ceja, rio con ganas.

—¿Te apetece algo especial? —terminó de ponerse un delantal negro de lo más sexy.

Antes de responderle me quedé mirándole embobada, observando la destreza que demostraba en la cocina. Yo era un completo desastre hasta para encender la vitrocerámica. El microondas solía ser mi tabla salvavidas.

—Tú—afirmé aparentando carita de niña buena.

Doug miró por encima de su hombro y me guiñó un ojo.

—¿Me refería a algo comestible? Pero si quieres probar carne fresca…

Me acerqué lentamente. Me seducía mucho esa última proposición. Le desnudaría allí mismo para probar cada rinconcito de su cuerpo, pero no. Deseaba otra cosa. Respiré hondo y muy rápido le contesté.

—Elige tú el menú —le di una palmadita en el trasero—. Estará todo rico. Algún día me tendrás que enseñar…

—Pequeña —del refrigerador sacó unas cuantas verduras para picar y freír—, te enseño todo lo que tú me pidas.

Me puse de puntillas y con la velocidad de un rayo, dejé un beso en su hombro.

—Espero que tengas un buen seguro que cubra las cocinas en llamas.

—Ningún seguro cubriría este tipo de llamas.

—¿No? —Debía estar poniendo una cara de boba absoluta. Negó con la cabeza y volvió a mirarme con esos ojos que te dejaban sin aliento y empapaba tu ropa interior—. Yo, si al chef no le importa, me voy a poner la mesa.

Salí escopetada. Si seguía allí no era responsable de mis actos. Y le dejé manejando el territorio que controlaba.

Saqué un mantel rojo y cuando llegué al salón me encontré con un maravilloso ramo de rosas rojas.

Douglas, seguramente, las compró al salir de comisaria.

Las olí despacio y rocé alguno de sus pétalos; no pude evitar sonreír como una idiota.

Eran preciosas. Las coloqué en el centro de la mesa.

Todo era perfecto. Doug, yo y las rosas presidiendo.

Tenía muchas ganas de sentarme delante de él y cenar como una pareja normal mientras lo miraba directamente.

En tan poco tiempo nuestra relación se estaba asentando. Si todo salía bien, y nuestros seres queridos aceptaban lo nuestro…

Mientras me perdía en mis pensamientos, rodeó mi cintura con sus brazos y besó cada rincón de mi cuello hasta hacerme cosquillas.

Sus labios huyeron de los míos e intenté apartar esas enormes manos que volvían a posarse a cada lado de mi cintura.

Cuando atrapé su boca, mordí con picardía el labio inferior hasta arrastrarlo un poco.

—¿Se supone que tenemos que cenar o jugar? —preguntó sacándome la lengua.

Entrelacé mis dedos con los suyos.

—Te prometo una noche entera de juegos—cuando intentó bajar sus manos por mi vientre, mi voz lo frenó a tiempo—.

Hoy quiero una noche romántica. Sentirme como una reina.

Necesito un momento como este, Doug. Tú y yo solos.

Completamente solos, a la luz de la luna —miré la terraza, me resultó una romántica idea sacar la mesa y cenar con ese fresquito que desaparecería muy pronto—.

Mirarte. Que tus dedos toquen los míos cuando vayas a coger tu copa de vino.

Susurrarte que te quiero. Que me correspondas.

Y después, aunque parezca una chorrada, ver una película abrazados.

Doug posó un dedo bajo mi mentón y lo alzó.

—Me rindo, y me quedo con tu plan. No me disgusta —y presionó nuestros labios.

—¿Seguro? ¿No es un poco cursi?

Sonrío y me miró con cariño.

—Lo acabas de decir, Violet. Nos lo merecemos.

Dejó que la langosta se siguiera cociendo y me ayudó a llevar la mesa hasta la terraza. Allí sentada, mirando a esa maravillosa luna de finales de agosto, le esperé.

—¿Qué pensaría tu padre si viera el cambio que se ha producido en ti desde que te fuiste? —le pregunté al terminar de servir el primer plato—. Al menos para mí, no eres el Doug de antes.

—Soy el mismo, pequeña.

Dejé a un lado el tenedor.

—No es cierto. Si fueras el mismo me hubieras pedido que esto siguiera siendo un secreto, y has tenido el valor de decirle a mi hermano que sientes algo por mí. Tal vez seas el mismo Doug de siempre —posé la mano sobre la suya—, pero has madurado.

—Aún así mi padre no estará orgulloso de mí nunca.

Cree que estoy destrozado mi vida y la tuya por algo que no vale la pena luchar —tragué saliva al escuchar sus palabras.

Estuve a punto de retirar la mano, pero me detuvo—.

No me importa pequeña porque es mi vida.

Le guste o no. Y pienso luchar por ella cada día.

No soy un hombre que se rinda tan fácilmente. Al igual que tú, Violet Johnson Hess.

Mi corazón brincó.

—Violet Johnson Hess —susurré.

—L-Lo siento.

—¡No! No lo sientas —incliné mi cuerpo hacia delante—.

Creo que va siendo hora que todo el mundo vuelva a llamarme Violet Johnson Hess.

Es el nombre que me puso mi padre. Estoy orgullosa de él.

Todos cometemos actos que nos destruyen, pero eso no implica que mi figura paterna no nos quisiera a Brent y a mí.

A mamá la amaba con todo su corazón. Por eso, se quitó la vida —la voz me tembló—porque se culpó por no cuidarla, por no cuidarnos…

Y sí, se equivocó, pero si mi hermano y mi madre lo perdonaron, va siendo hora que yo haga lo mismo.

—Durante estos años has demostrado ser la más fuerte de todos, Violet.

Has protegido a tu familia durante mucho tiempo.

Dejaste de estudiar, has trabajado para pagar cada dólar de la deuda que quedó.

¿No crees que ya es hora de que vivas tu vida?

Tienes que retomar tus estudios, ser egoísta y pensar un poco más en ti—.

Estaba poniendo el dedo en la llaga.— ¿Qué deseas hacer con tu vida?

—Lo sabes, Doug. Sabes qué es lo que más deseo.

Bajó la cabeza. Tuve la sensación de que no deseaba escucharme.

—Huir de Lynchburg —y por fin lo dijo.

—Vivir una vida lejos de aquí —remarqué con fuerza—. Pero, no quiero irme sola…

Estaba claro que implícitamente le estaba diciendo que se uniera a mí y huyéramos de aquel odioso pueblo.

Me devolvió la sonrisa y siguió cenando como si no me hubiera oído.

No insistí, ¿Para qué? No quería estropear ese momento.

Bajé la cabeza hacia mi plato y tomé un trozo del delicioso marisco que había preparado para mí.

No podía presionarlo, aunque algún día tendría que elegir…

Por ahora, y aunque tal vez no fuera por mucho tiempo, disfrutaría cada minuto junto a él.

—¿Estás segura que la película te está gustando? —preguntó al notar que estaba temblando.

—S-s-sí —conseguí decir. Menuda maravillosa idea tuve a la hora de escoger una película de terror cuando nunca me habían gustado. Sangre y muertos que se levantaban de sus propias tumbas era el tema principal de ¡Vuelven a la vida! II.

—¿Estás temblando, Violet? —un nuevo grito de la película provocó que tapara mis ojos con su camiseta—. ¡Vamos, pequeña! solo le han cortado la cabeza. La tercera parte es mucho más sangrienta.

—¡No me estás ayudando mucho, Douglas!

No dejaba de reír.

—Será mejor que veamos otra película o esta noche no dormirás —le costó quitarme el mando a distancia y, cuando lo consiguió, automáticamente pasó a los canales locales.

Las noticias de medianoche seguían informando sobre todo lo que estaba ocurriendo en la zona.

Aunque algo había cambiado.

Ya no era el rostro de Adelaida el que aparecía en pantalla. Una mujer de cabello negro rizado de llamativos ojos verdes, había sido encontrada muerta en el bosque cercano al bloque de pisos de Doug. En la pantalla aparecía una sábana tapando un cuerpo ya sin vida.

—El jefe de policía, Jeffrey Belcher, afirmaba que el arma que se encontró cerca del cuerpo de Taylor Turner podría pertenecer al mismo asesino de Adelaida Cooper. Nosotros seguiremos informándoles. Buenas noches.

—Otra mujer muerta.

No pude reprimir una arcada. ¿Qué estaba pasando?

Miré con temor a Doug.

—¿Sabías algo de todo esto? —él seguía mirando a la pantalla— ¡Doug!

Pestañeó y alzó la cabeza para mirarme.

—Taylor Turner —dijo con una mirada que no pude descifrar.

—¿La conocías?

Estaba pálido.

—Hace años, cuando Brent y yo estábamos en el instituto, conocí a Taylor.

Era verano. Solíamos ir a la vieja piscina de los Henderson —me levanté para quedarme sentada con las piernas cruzadas—.

Su grupo de amigas y ella venían cada tarde.

Un día me confesó que le gustaba. Teníamos catorce años.

Entonces… bueno… nos besamos y perdimos el control —en ningún momento me miró a los ojos—.

Perdimos la virginidad juntos. Y ahora está… muerta al igual que Adelaida.

—No te entiendo. ¿Te has acostado con dos mujeres que ahora están muertas?

Se llevó las manos a la cabeza y entrelazó sus manos en su cabello.

—Las dos tienen una conexión…

—Tú — finalicé por él.

—Sí.

Eso no significaba nada.

—Vivimos en un pueblo pequeño —toqué su mejilla—. Cual quiera podría tener una conexión con ambas. Además, si por alguna razón u otra buscaran a sus exparejas, tú tendrías una coartada —Doug se quedó callado—, ¿Verdad?

Creía a Doug, por supuesto, pero ¿por qué un extraño escalofrío recorría todo mi cuerpo?

¿Por qué no podía dejar de pensar que Doug sabía algo que no me había contado?

¿Por qué?

¿Por qué?

¿¡Por qué!?