Nuestro secreto Capítulo 15
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Capítulo 15

Me dirigí al bar de Victoria. Tenía que hablar con ella. Llevaba varios días sin aparecer en mi puesto de trabajo.

Los empleados del turno de la mañana detuvieron todo lo que estaban haciendo para mirarme.

El problema no era mi cabello salvaje. No, todo iba más lejos.

Estaba acostumbrada a que la gente mayor, los mismos que se ocupaban de difundir comentarios maliciosos o mentiras, se tomaran como un hábito aquel pasa tiempo.

Pero, ¿ahora también los jóvenes? Esos que crecieron conmigo, trabajaron junto a mí e intenté ayudar cuando alguno requería de una mano para levantarse después de un duro golpe de la vida.

—¿Sucede algo? —Pregunté deteniéndome delante de una de las máquinas tragaperras.

Algunos prefirieron bajar la cabeza y seguir en sus tareas. Nerviosa, me acerqué hasta la única persona que posiblemente se dignaría a dirigirme la palabra. Elle, otra camarera del local.

—Hola, Violet —apretó con fuerza el palo de la escoba. No me había dado cuenta, pero el suelo estaba repleto de pequeños cristales. ¿Qué pasó anoche? —No le has cogido las llamadas a Vico.

¿Vico?

—¿Ha dicho algo?

Su tono de voz siguió bajando, hasta que fue casi inaudible.

—El viejo Joe le ha dicho que te vio ayer delante de la puerta de Doug.

Creo que no se lo ha tomado muy bien. Está en su despacho después de habernos echado la bronca a todos por diversos motivos.

Cruzada de brazos y mirando a la nada como si hubiera perdido la cabeza —se inclinó hacia delante—.

Creo que sigue enamorada de él. Entonces, ¿es cierto que estáis juntos?

Pude ver una sonrisa divertida por su parte.

No podía seguir ocultándolo. Incluso Brent estaría al tanto después de no verme aparecer por casa.

Mamá seguramente me encubrió con ese cariño que repartía, a partes iguales, para los dos.

Él seguiría en el sofá o en su habitación, meditando sobre todo lo que pasó después de terminar su amistad con la única persona que hubiera conservado hasta el día de su muerte.

Pero aquel tema era algo que intentaría arreglar más tarde.

—Sí, estoy con Doug.

—¡Enhorabuena! —Elle gritó tan fuerte que, cuando se dio cuenta, sus mejillas se habían sonrojado. Apartó el palo de entre las dos e intentó darme un abrazo. Todo el mundo sabía lo mucho que amaba (aunque siempre lo negaba) a ese hombre que me correspondió.

Nunca me había abrazado.

El sonido de unos tacones silenció nuestra conversación y Elle siguió limpiando todas esas botellas de cerveza que cubrían el bar. El fuerte perfume de la mujer me hizo estornudar. Me miró con cara de odio.

—¿Os estáis divirtiendo? Elle, ¿te pago para que hables o para que barras?

—Lo siento —se disculpó.

Se alejó de nosotras, dándonos algo de intimidad.

—Ha sido culpa mía, Victoria.

—¿Culpa de Violet? —Preguntó con una sonrisa socarrona— Sí, eres una santa. Todo el mundo habla bien de la dulce y joven Violet. Hasta Douglas. ¿Te acuerdas de nuestra última conversación y ese interés que no tenías en él?

—Eso no es cierto —al igual que ella, también me quedé cruzada de brazos desafiándola con la mirada. —Deberíamos hablar en otro lugar. Al parecer tienes algún que otro problema conmigo y lo mejor sería solucionarlo. ¿No crees?

Con un movimiento de cabeza me invitó a que siguiera sus pasos; pasos que se detuvieron delante de su despacho.

Cerré la puerta y, cuando me pidió que ocupara una de las sillas que tenía delante de la suya, negué con la cabeza y me quedé de pie esperando mantener una conversación seria, madura, como dos mujeres civilizadas.

Pero fue imposible.

—Estás despedida.

A esas alturas ni siquiera me había sorprendido.

—Es comprensible. Y más cuando llevo dos días sin aparecer por mi puesto de trabajo.

Victoria aplaudió.

—Violet, Violet, Violet… Eso no me importa.

—¿Entonces?

Estaba arrugando la frente.

—¿Douglas y tú? ¿En serio? —Cogió un bolígrafo rojo y se lo llevó hasta los labios. Parecía muy nerviosa. Necesitaba tener algo entre los dedos o, en su defecto, mordisquear algo— Hacéis una pareja horrible.

—No he venido a hablar de mi vida personal. Lo siento.

—¿Qué sientes exactamente?

—Voy a abandonar esta estúpida conversación —le di la espalda demostrándole que estaba dispuesta a salir de allí sin suplicar y, mucho menos, discutir por una tontería.

—¡Espera! —Se levantó— ¿Has escuchado las noticias?

Todos los habitantes de Lynchburg estaban al tanto.

Asentí con la cabeza.

—La primera novia del hombre que ambas hemos amado…

—¿Y?

—¿Y? —Enarcó una ceja— ¿No te resulta algo sospechoso?

No entendía aquella pregunta.

Ni sabía adónde quería llegar.

¿Qué tenía que ver aquella muerte con Doug?

—Jamás empecé una guerra —moví el pomo de la puerta—. Aún así quiero agradecerte este tiempo en el que me has dado un puesto de trabajo. Gracias.

Quería continuar siendo educada.

Es lo que aprendí de mi madre.

—¿Qué harás ahora? Nadie contratará a la hija de un muerto que tiene tantas deudas. A una putilla que se acuesta con el hombre que hizo tanto daño… a tu hermano.

No me hundiría delante de ella por algo que pasó hace tanto tiempo.

—No te preocupes tanto por mí Victoria. Sé cómo buscarme la vida.

La dejé atrás. Caminé y caminé, y por mucho que su voz pareciera que me pisara los talones, no me giré.

—¡Doug te abandonará! ¡Siempre lo ha hecho! ¡No te ganarás su amor! ¡¿Te ha quedado claro?!

—¿Hola? Hola, buenas tardes —repetí por si no me habían escuchado al otro lado de la línea—. Llamaba por el puesto de dependienta en la panadería. Sí, he trabajado cara al público. ¿Mi nombre? Soy Violet…

—¿Violet? ¿La hija de Davis?

Me encogí de hombros.

—La misma.

—Lo siento —de repente el hombre tenía prisa—. Mi mujer ha decidido enseñarle a nuestro hijo cómo tiene que atender a nuestros clientes. Disculpa.

Y colgó el teléfono.

Llevaba horas llamando a todos los pequeños negocios que teníamos en el pueblo y la mayoría necesitaban a gente joven porque ya eran mayores para trabajar hasta muy tarde. Cada vez que pronunciaba mi nombre, me relacionaban con mi padre y no me daban una oportunidad.

Las deudas de dinero, los desertores o la cobardía eran puntos mal vistos en el lugar.

Jamás conseguiría un trabajo.

Me sentía cada vez más deprimida.

Le dije a mi madre que me iba y me dirigí a mi refugio con Doug. ¿Dónde iba a encontrar trabajo? En el pueblo estaba claro que no… Sin ingresar dinero, la deuda de papá se alargaría más y más…

—Llamaba porque he visto un cartel cerca del Ayuntamiento donde buscan un ayudante de carpintero.

¡Estaba desesperada!

—¿Quién eres?

Mentí.

—Alex.

—Pero… tu voz es muy femenina.

Eso no tenía nada que ver.

—Soy una mujer.

—¡No queremos mujeres en una carpintería!

¡Genial! No sabía que era peor. Si ser la hija de un ludópata o ser discriminada por mi condición de mujer.

—¡Capullo!

Una risa conocida me calmó.

—¿Has tenido suerte? —Besó mis labios y se sentó al otro lado.

—¿Qué haces aquí tan pronto? —Se estiró en el sofá y su cabeza se acomodó sobre mis descubiertas piernas—. No te esperaba hasta la noche.

Agrandó sus ojos y respondió.

—No podía aguantarme más —intentó colar una de sus manos por el interior de mi camiseta—. Saber que estabas aquí, casi desnuda, esperándome…

—Pervertido.

Y volví a besarle.

—¿Has tenido suerte? Puedo hablar…

—¡No! No necesito ayuda, Doug. Lo conseguiré. Estoy segura.

—Lo sé. Pero…

—¡Cállate! —me reí con él.

Por mí, si se hubiera detenido el tiempo en aquel instante, no me habría importado. Disfrutaba de su compañía; abrazados o besándonos hasta quedarnos sin aliento.

Pero, mi teléfono vibró sobre la mesita auxiliar.

MENSAJE DE TEXTO:

«Se lo has dicho a tu hermano. Pedazo de puta.

Te arruinaré la vida. –Diana»

—¿Oferta de empleo?

Forcé una sonrisa.

—Sí —mentí y respondí el mensaje.

MENSAJE DE TEXTO:

«No te merecías a Brent.

Hazme el favor y olvídate de él.

Bastante ha sufrido. –Violet»

¿Por qué reaccionaban de esa manera?

MENSAJE DE TEXTO:

«Nunca.

Prepárate. –Diana».

No me daban miedo sus amenazas. Aun así, no le dije nada a Doug. Quería protegerle de todo. Sabía que era un mensaje para intimidarme y no pensaba dejarme doblegar por la exnovia de mi hermano. Sin embargo, no pude reprimir sentir una tremenda desazón en todo mi cuerpo.