Capítulo 11
Acomodé la cabeza de Owen en mi hombro, mientras unos de los oficiales de policía nos llevaban de vuelta a casa. Estaba tan cansada que deseaba cerrar los ojos durante unas cuantas horas y despertar al día siguiente, esperando olvidar todo lo ocurrido.
Durante el viaje mantuve la mirada firme, fija en el retrovisor.
Notaba cómo que el ayudante del padre de Doug me miraba.
En alguna ocasión me di cuenta que quería hablar conmigo y, al verle gesticular, bajaba la cabeza y tocaba el corto cabello de Owen para evitar el contacto visual con aquel desconocido que, seguramente, quería tener algún detalle morboso por mi parte.
Cinco minutos después, nos detuvimos en el bloque de pisos, el primer destino de la noche.
—¿Estarás bien?
Besé su mejilla.
—¿Y tú? —le respondí con otra pregunta. Owen soltó una carcajada y cerró la puerta del vehículo— Estás enamorada de Dough, Violet. Todo el mundo lo sabe.
—Owen…
—Te quiero —nunca lo había visto tan triste—. Y espero que nuestra amistad siga siendo lo más importante para nosotros. Deseo de corazón que todo te salga bien con él.
Mi cuerpo salió de la ventanilla del coche para abrazarlo.
Le prometí que al día siguiente le llamaría para hablar con más tranquilidad y no con terceras personas que estuvieran escuchando todo.
Me despedí de él y observé cómo se marchaba lentamente, balanceando su cuerpo y llegando hasta el portal, mareado.
Zac, el policía con turno de noche, me ofreció sentarme delante. Seguía pensando lo mismo que minutos antes; quería hablar conmigo y no sabía cómo hacerlo. Ladeé la cabeza y terminé por acompañarle en el asiento contiguo. Giró unas cuantas curvas y detuvo el coche a unos kilómetros de mi hogar.
—Era compañero de clase de la novia de tu hermano.
Me relajé.
—Es un pueblo pequeño. Acabamos conociéndonos todos.
—Al igual que los rumores, ¿no?
Estaba tan cómoda en aquel sillón que, al oír rumor, di un brinco hasta apartarme completamente del respaldo, llevando mi cuerpo hacia delante para mirarle a los ojos.
Sus manos quedaron en todo momento sobre el volante y cogió aire antes de hablar.
Parecía asustado, como si alguien le hubiera preparado el discurso antes de soltarlo sin pausa.
—Si Douglas Belcher abusó de ti deberías decírselo a tu hermano…
Le corté.
—¿Disculpa?
—El 3 de julio, unas horas antes de que Doug y tu hermano marcharan a Afganistán, unas mujeres quisieron denunciar una violación —intenté interrumpirle, pero no me dejó—.
Dijeron que te vieron corriendo. Detrás de ti iba él.
Llorabas desesperadamente y te metió dentro de un coche. Eras menor de edad, Violet.
Violet.
Se me estaban clavando las uñas en la palma de la mano hasta dejar medias lunas en mi piel.
Violet.
Quería irme de allí, aunque antes quería desmentir ese maldito rumor.
Violet.
—Sí. Doug y yo estuvimos esa noche en el granero de la familia Cafferty —estaba tan enfurecida con el mundo entero que, ya no había marcha atrás—.
Él no abusó de mí. Su propio padre lo sabe.
Hace unos días lo hablamos y le quedó muy claro.
Pero estoy segura de que tú lo sabes, ¿cierto? Él te ha enviado…
—El jefe…
No quería que me cortara.
—Me arrastró hasta su todoterreno porque vi lo que estaba haciendo.
—Si es un delito deberíamos saberlo.
Podía reír y llorar a la misma vez cuando estaba histérica.
—Se veía a escondidas con una mujer. Ellos dos, a las espaldas de una tercera persona. Si me vieron llorar, fue porque yo estaba enamorada de Doug —bajé la cabeza avergonzada—. Nunca me correspondió. Belcher se puede quedar tranquilo. A no ser… ¿Los cuernos son un delito, Zac?
Negó con la cabeza.
—Genial —me quité el cinturón de seguridad—. Llegaré yo sola a casa. Gracias por traerme hasta aquí.
—¡Violet! —consiguió detener mis pasos antes de bajarse de su coche. —¿Quién era esa mujer?
Me encogí de hombros.
—No es asunto tuyo.
Tomé aire y respiré con calma. Era terrible vivir en un sitio donde siempre todo estaba bajo sospecha.
—¿Hola? —saludé al cerrar la puerta. No había nadie en casa. Estaba agotada por tantas emociones. Era un buen momento para aprovechar la soledad y tumbarme sobre el sofá.
Mis ojos se cerraron, y sentí cómo cada músculo de mi cuerpo se relajaba después de tanta tensión acumulada.
Necesitaba descansar. Pero lo bueno siempre dura poco.
La puerta quedó abierta y apareció nuestro invitado.
Lo primero que hice fue mirar el reloj, no le esperaba tan pronto en casa…
más tarde, sus facciones llamaron mi atención.
Parecía tranquilo. No tan molesto como me lo imaginé durante el trayecto.
—Doug…
—Es bueno saber que estás en casa.
Silencio.
Avanzó por el comedor hasta detenerse delante de la mesa. La silla más cercana quedó cerca de mis pies que bajaron inmediatamente al suelo. Se sentó con el pecho pegado en el respaldo y me observó a través de esos azulados ojos tristes.
—Siento…
—¿Vas a disculparte? —Asentí con la cabeza.— Estabas en todo tu derecho. Esta noche me he vuelto loco por completo. Pero no so portaba la idea de verte con ese niñato. ¡Estaba borracho, Violet!
Douglas no solía gritar.
Yo le hablé con tranquilidad.
—Tú provocaste que bebiera.
—No imaginé que fueras capaz de irte con él en esas condiciones.
—Te recuerdo, Doug, que tú conduces borracho —quería alejarme del comedor y encerrarme en mi habitación para pensar qué le diría en otro momento. No era capaz—. ¿Cómo se lo ha tomado tu padre?
Pasó las manos por su cabeza.
—Me da igual lo que piense mi padre. Solo me importas tú.
—¿No te das cuenta? Lo nuestro siempre gira alrededor de los demás.
Tu padre, mi familia e incluso terceras personas que nosotros mismos estamos destruyendo por ser unos cobardes y utilizarlos por no admitir lo que hay entre nosotros—intentó decir algo, pero seguí hablando sin parar.
Lágrimas brotaron de mis ojos y no me importó que el cabello me cayera sobre las mejillas hasta humedecerse—.
Años, Doug. Llevo años esperándote. Mis sueños nunca cambian.
Siempre quiero ser correspondida por ti, e irnos muy lejos de Lynchburg.
Pero has vuelto. Se supone que todo debería de cambiar y no es así.
¿Qué vamos hacer? Estoy cansada de tener secretos contigo.
—Tuvimos secretos porque estaba mal visto que un joven de casi veintitrés años se enamorara de una menor de edad.
Las lágrimas que derramé desaparecieron en sus pulgares. Besó mi mejilla y lentamente intentó acercarse hasta mi boca. Se detuvo antes de acariciar mis labios con los suyos, y cogió aire para poder continuar.
—¿Y cuál fue el delito? —pregunté.
—Querer más de lo permitido y joder el respeto que le debía a mi mejor amigo.
—Doug —le miré, fijamente, uno ojos que brillaban como los míos por intentar contener el llanto.
Pero el pasado no solo giraba alrededor de ese amor prohibido. Hubo otros secretos en los que nuestros seres queridos estaban involucrados. Douglas Belcher jamás me hubiera puesto una mano encima. Esperó años para volver a casa.
—¿Has seguido viendo a Diana?
Negó con la cabeza.
—Lo que viste ese día…
—¿Engañaba a Brent contigo?
Mantuvimos el silencio durante unos largos segundos.
—Una vez —confesó—, pero te prometo, pequeña, que no fue ese día en el que nos viste…
—¡Os estabais besando!
—Quería olvidar. Quería olvidarte.
Se me hizo un nudo en la garganta. El pasado debería de estar enterrado, aunque siguiera doliendo tanto como para quedarme sin aliento.
Era una joven que estaba madurando. La antigua Violet le hubiera golpeado por aquella confesión que yo misma descubrí con mis propios ojos.
Pero lo único que hice fue echar hacia atrás mi cuerpo y esperar a que todo terminara; a que esa angustia que sentía dejara de torturarme.
La sorpresa llegó a nosotros en cuestión de tiempo. No habíamos estado solos en ningún momento. Brent caminó lentamente sin creer todo lo que sucedía en nuestro comedor.
¿Lo escuchó todo?
¿Tal vez fue mi confesión?
Doug se levantó del sofá y, completamente callado, esperó lo que se suponía que merecía.
Le golpeó en toda la mejilla y él no hizo nada.
—¡Brent!
—Levántate —le ordenó—. ¡Qué te levantes de una puta vez!
Ambos se miraron.
Doug se levantó del suelo.
—Brent, por favor —tiré de su brazo y mi hermano me apartó de su lado.
Otro golpe.
La sangre empezó a quedar salpicada por el suelo.
—Entonces… era cierto —bajó el tono de voz. Podía sentir su tristeza—. Los rumores eran verdaderos —Douglas hizo un intento de responderle. Brent no estaba dispuesto a escucharle—. ¿Abusaste de mi hermana?
—Ja-Jamás —con cuidado, apretó los dedos en el puente de su nariz—. Me enamoré de ella, pero no le puse una mano encima. Te lo prometo.
Volvió a retroceder el brazo, preparándose para el último golpe. Mis ojos se cerraron. Era débil ante ellos. Mis gritos no ayudaron demasiado. No quería ver como se magullaban por mi culpa.
—¡Márchate! Lárgate de mi casa ahora, no quiero volver a verte nunca más.
Una verdad escondida acababa de terminar con una gran amistad. El cabello castaño de Doug ocultó sus ojos. Se levantó con cuidado del suelo, evitando mirarnos a alguno de los dos.
Pasó por delante de Brent, y antes de salir por la puerta dijo algo más:
—Lo siento.
—Para nuestra familia —se dejó caer en una silla— estás muerto.
Y de nuevo el silencio nos envolvió.