Nuestro secreto Capítulo 5
18%

Capítulo 5

Avancé lentamente, sin prisa, con las manos temblorosas sosteniendo torpemente el teléfono móvil. Una vez más, sin contar todas aquellas veces que lo hice, miré atrás con la esperanza de ver un vehículo pasando por la vieja autopista.

Era tarde; la luna llena observaba mis pasos.

Un viento helador empezó a levantarse, incitando a mi cuerpo a que se detuviera y descansara un rato antes de seguir en su búsqueda.

No todos los días podía celebrar mi cumpleaños, pero, desde que Doug llegó, sabía perfectamente que las desgracias y las sonrisas invertidas durarían meses o años.

Era la primera en quererlo cerca y lejos, a la vez.

Mis dedos capturaron uno de los mechones rubios que me caía sobre los ojos.

El aire azotó con fuerza; necesitaba refugiarme, pero la gasolinera más cercana estaba a un cuarto de hora.

Mandé un mensaje corto a Brent con la esperanza de que tranquilizara a mi madre cuando llegara antes que yo. Mentí, como de costumbre;

MENSAJE DE TEXTO

«Estoy con unas amigas, Brent.

Intentaré volver antes de que tú bosteces.

Violet.»

Seguramente, Doug no fue capaz de decirle a mi hermano que pasaría la noche entera en el bar donde yo trabajaba.

Aunque pensándolo bien… Victoria también estaba allí.

Ambos mantuvieron una larga relación que no acabó bien.

La única que parecía que no lo había superado era ella, al menos eso me demostró con sus gritos y su llanto.

Creía los malditos rumores y por ello me odiaba un poco más que el resto de nuestro pequeño pueblo.

La cuestión era, ¿por qué me aceptó como una más?

Podría haber hecho como los otros: negarse a contratar a la hija de Davis.

El sonido de unas ruedas pasando por delante de mí, me obligó a alzar la cabeza.

Por fin, apareció la persona que esperaba; la única que estaría dispuesta a ayudarme a buscar a Doug.

La puerta del coche se abrió y, sin llamar demasiado la atención, me subí con la misma timidez que aplicaba a la hora de mirarle directamente a los ojos.

Bernard me recordaba demasiado a mi padre, así que acudí hacia él sin dudarlo.

Si se hubiera negado… también lo entendería.

—No era consciente de que mi hijo había llegado —entendí ese dolor que guardaba para sí mismo.

Doug y su padre no se llevaban demasiado bien.

No podía apuntar a ninguno de los dos como el culpable de esa relación rota; ambos decidieron refugiarse en su orgullo y olvidarse por completo de lo que era tener una familia—. Gracias por llamarme, Violet.

Me encogí de hombros.

—Estaba preocupada por él. Bebió y, aun así, condujo —acomodé la cabeza en la ventanilla del coche, estaba cansada.

—¿Podrías hacerme otro favor? —de repente detuvo el coche de policía.

Doug no llegó a huir del todo, únicamente buscó algo de paz.

Asentí con la cabeza ante su pregunta y sonreí, incluso cuando la ocasión no lo requería.

Era un buen padre—. Dile que venga mañana a la comisaria. Quiero hablar con él.

Lo peor de todo es que estaba convencida de que él no iría; Asentiría con la cabeza, y daría media vuelta para olvidar la cita con su padre.

Guardé el teléfono móvil en el bolsillo y, con un tono de voz bajo, casi con miedo a que alguien más me escuchara, le dije que sí.

Después bajé de su coche para salir corriendo hacia otro.

A veces era eso lo que envidiaba de Doug; tenía un padre vivo en lugar de un viejo recuerdo.

—¿Crees que puedo…? —apunté con la cabeza al asiento que estaba libre. Estaba convencida que él llevaba un buen rato esperándome. Detuvo el coche y dejó las llaves en el contacto para que condujera por él. Al menos pensó con prudencia.

Me miró con los ojos entrecerrados. Ambos estábamos cansados de esa noche que, por poco, terminaba en un para siempre por culpa de ambos.

Asintió con la cabeza y estiró el brazo para ayudarme.

Lo rechacé. El cinturón de seguridad pasó por mi pecho y, cuando me vi preparada, arranqué el motor bajo esa atenta mirada que seguía poniéndome de los nervios.

Solo esperaba que no fuera capaz de olvidar todo lo que soltó, durante unos minutos, por culpa de unas cuantas cervezas de más.

Podía ser la persona más egoísta del mundo, pero Doug Belcher me debía una disculpa. Tantos años saliéndose con la suya… habían terminado.

—Violet —habló pausadamente—, no quería… Detuve el todoterreno delante de casa.

—No estás arrepentido —solté. Hubo un momento en el que guardé silencio esperando a que alzara la voz y me dijera que la que estaba equivocada era yo. Pero calló.

Furiosa con mi actitud, por creer en él una vez más, bajé dando un portazo sin importarme cuánto quería a ese montón de tuercas.

Salí corriendo, pero me paró en seco su voz.

Doug intentó seguirme; no era capaz de correr ya que ni siquiera podía tirar de su cuerpo.

Se derrumbó, quedando de rodillas enfrente de mí.

Di unos pasos hacia delante incitada por sus temblores. Ahogué un grito cuando sus manos quedaron a cada lado de mi cintura, y tiró de mi cuerpo para acomodar su rostro en mi vientre.

—Lo siento —sus lágrimas humedecieron mi ropa. Sus dedos continuaban aferrados a mí—. Nunca te hubiera puesto la mano encima, Violet, para mí eras demasiado especial. La…

—Hermana pequeña de tu mejor amigo —finalicé.

Nunca había visto a un hombre tan destrozado como lo estaba él.

Mis dedos buscaron refugio en su cabello.

No podía calmarlo, salvo que le dijera que todo estaba bien entre nosotros dos.

Pero no. Alcé con orgullo la cabeza, escondí mis lágrimas como una cobarde y me aparté de su lado sufriendo, igual o más que él.

—Tu padre quiere verte mañana. No lo olvides.

Doug no entró en casa.

Se quedó en silencio sentado en su coche pensando en todo lo que había pasado.

Cuando sus pasos crujieron por delante de la puerta de mi habitación, hundí el rostro para silenciar mi llanto. Por mucho que intentara ser fuerte, caí como otro ser humano.

—¡Buenos días, hermanita! —besó mi mejilla—. ¿Qué planes tienes para hoy? No todos los días se cumplen diecinueve años.

La sonrisa de mamá lo dijo todo. Sabía, perfectamente, que esa noche no estaría con ellos, pero sí que estaba ansiosa por pasar la mañana con mi familia.

Brent aferró sus dedos en el lóbulo de mi oreja y empezó a darme tirones.

Le golpeé en el costado y nos apartamos antes de que nuestra madre nos regañara como cuando éramos pequeños.

—Tengo una cita con… —al ver a Doug salir del baño únicamente con un pantalón corto, centré toda mi atención en él. Por suerte, Brent, chasqueó los dedos— Owen.

—¿Owen? —preguntó. Al no saber de quién hablaba, buscó la ayuda de su amigo. Doug no respondió. Se sentó junto a mi madre para tomarse una taza de café recién hecho. No me apartaba la mirada y yo no estaba dispuesta a hacer lo contrario— Voy a tener que vigilar muy de cerca al tal Owen.

Mi hermano era demasiado protector, pero a la vez estaba ciego.

—Deberías vigilar a otros —seguí mirándolo—. Son mucho más peligrosos.

Doug captó la indirecta.

Brent no.