Capítulo 3
Apreté con fuerza mis desnudos muslos contra su estrecha cintura. Su corto cabello rozaba mi mejilla, mientras que sus labios seguían jugando con mi cuello. Él no dejaba de jadear, de moverse rápidamente, para correrse en el fino condón que compró horas antes de que me metiera en su cama.
Mi cuerpo intentó moverse a la misma velocidad que el suyo, y al no sentir ese placer que nacía en mí cuando me acostaba con Owen, fingí gemir.
Gemí una y otra vez en su oído. Eso pareció funcionar. Las cortas uñas de Owen se clavaron en mi trasero a la hora de alzarme en la cama, y dio un último empujón.
Nos separamos de inmediato.
—No te esperaba hasta dentro de dos días.
Me cubrí el cuerpo con una vieja camisa. Mi ropa interior estaba muy lejos de donde solía dejar los zapatos, así que estiré el brazo y la cogí rápidamente antes de desaparecer de esa vieja casa que estaba ocupada por un par de universitarios.
—Quería verte —dije.
Owen sonreía.
—Nunca habías gemido como hoy —tocó mi espalda.
No podía decirle que seguía igual que cuando entré por esa puerta. Y lo peor de todo, que pensaba en otro hombre.
—Tengo que irme —estuvo a punto de besarme, pero aparté la mejilla—. Hemos hablado de esto muchas veces…
Él me cortó.
—Estaba bromeando —rio—, solo somos dos amigos que lo pasan bien de vez en cuando. Tú olvidas al capullo que te rompió el corazón, y yo… yo… ¿Yo qué?
Su frente estaba empapada de sudor por todo el esfuerzo que hizo para excitarme. Sonreí y toqué delicadamente sus sonrojadas mejillas.
—Tengo que ir a trabajar —asintió con la cabeza—. Hablamos mañana.
—Claro —se subió los pantalones que le llegaban hasta las rodillas olvidando la ropa interior.
—¿Cenando?
Era lo mínimo que podía hacer.
A Owen le hizo ilusión.
—Doug está aquí —una voz femenina me sobresaltó. Al darse cuenta de que seguía allí parada, incluso al escuchar el nombre, avanzó lentamente hasta posar una mano en mi espalda—. ¿Me has escuchado? Él ha vuelto y nadie me ha informado. ¿Tú lo sabías?
Estaba furiosa.
Seguí recogiendo mi cabello, atrapando cada fino mechón que caía sobre mis sonrojadas mejillas.
En más de una ocasión, miré por encima del hombro esperando a que Victoria saliera de la pequeña habitación que utilizábamos los empleados como vestuario.
Mis labios se estiraron incluso cuando algo muy profundo dentro de mí no me lo permitía.
—A mí también me ha cogido por sorpresa, Victoria. Brent se presentó con él esta mañana —suspiré—. ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué te llamara? Es vuestro problema estar peleados —la miré—, no el mío. Lo siento, pero en este tema no puedo ayudarte más…
Cuando pasé por delante, ella me detuvo.
Sus dedos empezaron a marcarse en mi piel, al retenerme por la muñeca de una forma violenta.
Sacudí el brazo, y con los labios apretados me enfrenté a ella.
Ya nada me importaba; ignoré por completo que la única que me dio trabajo en el pueblo era la misma que en su día estuvo enamorada de Doug.
—Te está esperando en la barra —gruñó.
— Perfecto. Qué espere —respondí.
—¿Son ciertos los rumores?
Sus ojos de color miel se apagaron. Ladeó la cabeza y suspiró cansada. Si pensaba que estaba dispuesta a responder a cualquier duda que tuviera… realmente no me conocía. Crucé los brazos bajo el pecho y sostuve su penetrante mirada. En el fondo estaba más asustada que yo.
—¿Qué rumores? —vacilé.
—Entre Doug y tú hubo algo… —¿por qué diablos confirmaba un rumor? Ella misma era víctima de muchos, pero ahí estaba, a punto de acusarme con el dedo, por algo que nunca ocurrió—Sé que él me dejó por ti…
Solté una carcajada sin agachar la cabeza.
—Si Doug y yo hubiéramos tenido algo —di unos pasos hacia delante— entonces también serían ciertos todos los nombres de tipos que han pasado por tu cama.
Victoria, piénsalo bien —sonreí—. Supuestamente, Doug se acostó con una menor —mientras que hablaba, terminé de hacerme un nudo en el delantal—, pero, al parecer, tú has cobrado para que algún desconocido te tuviera unos minutos desnuda, entre sus brazos.
Deberías de hacer como yo: ignorar todo lo que dicen a nuestras espaldas.
Victoria bajó sus brazos, aferró los dedos a su falda roja y noté que había lágrimas en sus ojos. Siempre demostró que era una mujer fuerte y nadie encontró el valor suficiente para plantarle cara.
—¿Algo más, jefa?
Me miró a través del flequillo.
—Puedes irte.
Salí a servir copas y me encontré con otra sorpresa. Doug estaba al otro extremo de la barra de madera, rodeado de jarras de cerveza.
Seguramente, llevaba horas bebiendo; solo y ahogando sus penas en alcohol.
Llegué hasta él sin llamar demasiado la atención.
Su cabeza descansaba de una forma muy incómoda; había roto algún vaso y los brazos eran lo único que le protegían de los pequeños trozos de cristal que había a su alrededor. Hundí los dedos en su cabello, y susurré lentamente su nombre.
Estaba dormido.
—Doug —silencio— ¡Doug!
Dio un brinco y se enderezó en el taburete que había ocupado durante horas. Al parecer no conocía mi horario de trabajo. Sus azulados ojos estaban inyectados en sangre.
—Violet…
—¿Estás borracho? —negó con la cabeza—. Llamaré a Brent… —me detuvo antes de que sacara el móvil del bolsillo.
—Quería estar contigo —confesó— y esperarte ha provocado que bebiera de más.
—¿Te has parado a pensar que yo, tal vez, no quería estar hoy a tu lado?
Tragó saliva; su nuez se movió.
Doug desvió el tema de conversación.
—Te compré esa pulsera —señaló mi muñeca izquierda— cuando cumpliste quince años. ¿Recuerdas lo que me prometiste?
Al parecer él tampoco lo había olvidado.
—No sé de qué me hablas.
—Cuando mientes te pasas los dedos por detrás de la oreja, Violet —acababa de hacerlo de nuevo—.
En unas horas cumplirás diecinueve años y no me voy a separar de ti —el roce de sus dedos en mi cuello me sobresaltó.
Doug calló al ver una marca en mi piel —.
No saldré por esa puerta, aunque haya otro en tu vida, ¿de acuerdo?
Estaba borracho; al día siguiente lo olvidaría todo.
Me incliné hacia delante, recostando mi vientre para poder estar más cerca de sus labios. Mantuve una pequeña distancia por miedo a rozarlos con los míos.
—En menos de doce horas, desde que tú has llegado, han vuelto a hablar —le informé—. ¿Sabes qué dicen por ahí?: Que Doug Belcher se folló a la hermana pequeña de Brent. Ha sido una mala idea volver.
Bajó la cabeza.
Él seguía sosteniendo mi mano, mirando el regalo que me hizo hace unos años.
—No me importa —respondió.
—¡Pues debería!
Estaba más nerviosa que Doug.
Aunque en realidad me daba igual lo que pensara Owen si escuchaba los rumores.
—Lo que pasó entre nosotros —sonrió— es algo de lo que no deberíamos avergonzarnos. No le tengo miedo a nadie. Te hice daño y he vuelto a por ti. Quiero arreglar todo el mal que causé.
Era gracioso escuchar eso, de su parte.
—Brent te matará.
—Es algo que sabía desde el día en que me di cuenta de que, tú, eras mucho más que la hermana pequeña de mi mejor amigo —sentí las durezas de la palma de su mano en mi piel—. No olvides tu promesa, Violet.
Y ahí estábamos, mirando la pulsera.
« Maldición, debería quitármela ».
Pero fui fiel a mis palabras durante años.
—Además —se levantó de su asiento—, ¿qué hay de malo en que te follara?
No aguanté más, hice lo que deseé hacer desde esa misma mañana. Cerré el puño y le golpeé con toda la rabia que había provocado en mí.
—Ahí tienes la respuesta de por qué tu padre te odia, Doug.
Si le dolieron más mis palabras que el golpe que le propiné… no lo demostró.