Nuestro juego ganador Capítulo 19 — Taylor
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Capítulo 19 — Taylor

@gossipSports [EXCLUSIVA DE COTILLEO] Taylor Carter, jugador de baloncesto de Team USA, ha sido visto una vez más en un entorno íntimo con la pareja de atletas Hunter Baker y Laila Malik.

Los tres ya fueron noticia juntos en Tokio, donde Taylor admitió haber participado en momentos íntimos con la pareja (haz clic aquí para refrescarte la memoria).

Dado el lío de entonces, todo el mundo creía que Laila y Hunter no querrían volver a ver a Taylor.

Sin embargo, a juzgar por las fotos que hemos recibido, parece que no solo han retomado una amistad, ya que se les ha visto juntos tanto en la Villa Olímpica como en el hotel donde se aloja Team USA, sino que también han vuelto a una relación más...

íntima. Esa parte, por ahora, es solo especulación, pero esperamos descubrirlo todo pronto.

Tampoco parecen demasiado preocupados por las consecuencias, ya que incluso publicaron fotos juntos el día de la ceremonia de inauguración.

Pero vosotros, ¿qué pensáis de todo esto? ¿Vamos a tener otro escándalo? ¿Un trío? ¡Aún no lo sabemos, pero nosotros en Gossip Sports Portal estaremos al tanto de todo lo que suceda en París para poder averiguarlo!

Necesito toda mi fuerza de voluntad para controlar las ganas de estampar el teléfono contra la pared, de la rabia que siento al leer el artículo de uno de los mayores medios de cotilleo del mundo deportivo.

Esos cabrones presumían de acosar a los atletas y estar siempre detrás de las «grandes exclusivas».

Además del pasaje lleno de insinuaciones, también había una foto del día de la fiesta de los patrocinadores, donde Laila aparecía bailando prácticamente emparedada entre Hunter y yo.

Como no se había permitido la entrada de medios a la fiesta, la foto solo podía haberla sacado algún atleta, invitado o empleado del club, que la vendió con total mala fe a esa panda de cotillas.

Menudo desastre.

Y lo peor era enterarme de esto en el vestuario, a punto de salir a la cancha contra Sudán del Sur.

Por lo general, evito meterme en las redes sociales y dejo eso en manos de Lucca y el equipo de marketing.

Pero el maldito acosador había encontrado la forma de hacerme llegar la noticia: envió un correo electrónico directamente a mi bandeja de entrada personal.

Había cogido el teléfono solo para comprobar si Hunter o Laila habían enviado otro mensaje, cuando me topé con esto.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Asunto: No quisiste escucharme...

Buenas tardes, Sr. Carter. Como parecía no importarle mi primera advertencia, tuve que tomar una medida más contundente: envié una foto de usted y su pequeño harén a un medio de comunicación.

Una foto suave, solo para servirle de advertencia, y que podrá ver en Twitter.

Sin embargo, si los tres persisten en esta relación pecaminosa, la foto del beso será la siguiente.

Firmado,

Voz de la Razón

Hijo de puta, cabrón, pedazo de mierda. El odio me hierve en la sangre y aprieto la mandíbula antes de meter el teléfono de nuevo en la bolsa. Respiro hondo varias veces, igual que hice hace dos días con Laila, lo que me ayuda a aclararme la cabeza.

No voy a lidiar con esta locura ahora. De ninguna manera. Tenía una selección nacional que defender, un partido que ganar —esta vez preferiblemente sin sustos—, y esto no iba a desestabilizarme de nuevo.

Después hablaría con Lucca y mi equipo sobre cómo manejarlo. También hablaría con Laila y Hunter para entender qué querían hacer. ¿Pero ahora?

Ahora solo era Taylor Carter, número cero, alero de la selección de baloncesto de Estados Unidos.

E iba a callar a esos cotillas de mierda a base de canastas.

Costara lo que costara.

El equipo sudanés era excelente. Los chicos jugaban dándolo todo, y teniendo en cuenta lo joven que era su país y el poco apoyo que podían dar al deporte, el nivel de ese equipo era realmente increíble. Pero la admiración no significaba que fuera a dejarles ganar.

Estamos al final del cuarto periodo y ganando por un cómodo 90 a 70.

Robo el balón de un tiro suyo que no entra y salgo disparado hacia el otro extremo de la cancha.

Veo a Cameron a la derecha, pero Daniel parece estar en mejor posición en el lado opuesto, así que le paso a él.

El chico lo atrapa fácilmente y solo tiene que esquivar a un jugador sudanés antes de encontrar un buen ángulo y anotar otros dos puntos para nosotros.

Grito para celebrar, pero no hay tiempo que perder, ya que su contraataque es inmediato.

El sonido familiar de pisadas pesadas, zapatillas chirriando, el balón golpeando el suelo y el zumbido de la multitud es lo que me mantiene concentrado y alerta mientras corro de un extremo a otro.

Un robo perfecto de Kenji nos consigue otros dos puntos, y siento cómo el alivio de una gran victoria como esta, después del casi desastre contra Serbia, me invade poco a poco.

La alegría, sin embargo, solo dura hasta que los jugadores sudaneses, demasiado desesperados con solo tres minutos en el reloj, empiezan a cometer demasiadas faltas.

Un empujón completamente innecesario a Cameron Clarke me pone en alerta, pero es cuando un jugador que debe medir al menos dos metros y es todo músculo le clava el codo con fuerza en la barbilla a Dani que pierdo los estribos.

Mientras Kenji y Bennett comprueban el estado del chico en el suelo, me dirijo hacia el infractor ciego de rabia.

—¿Estás loco, tío? ¿Crees que necesitas repartir codazos para llegar a la maldita canasta? —acuso, encarándome con el número once.

—¿Qué te pasa? Jugada normal. Si no lo aguanta, ¡que no salga a la cancha! —responde burlándose, lo que me enfurece aún más.

—¡Y si no sabes jugar limpio, no deberías estar en unos Juegos Olímpicos! —El paso que doy hacia delante, dejando nuestras narices casi tocándose, hace que el árbitro pite con todas sus fuerzas.

—¡Ya basta! ¡Posiciones para los tiros libres!

Apretando los dientes, me alejo del cabrón y ocupo mi posición junto a la zona, mientras Kenji anota los dos tiros libres que nos concedieron por la falta.

El ambiente se mantiene tenso durante los minutos siguientes, con todos jugando llenos de rabia. Por suerte, el reloj se agota y la pantalla grande muestra nuestra aplastante victoria, 94 a 76.

Me permito celebrar y abrazar a mis compañeros uno por uno. El susto que nos llevamos al menos sirvió para volver a encarrilarnos. Hoy jugamos como un equipo compenetrado, sin tanto juego individual. Aún no es perfecto, pero llegaremos.

Después de hidratarme y descansar en el banquillo unos minutos, paso de largo por la fila de periodistas y me dirijo directo al vestuario. Si esperaban comentarios míos sobre mi vida privada, pueden esperar sentados.