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El cabo Arnau Ventura no fue consciente del atropello, entre otras cosas porque su sargento, al otro lado de la línea, le estaba contando que Wilmer Cedeño, el mismo tío al que estaban siguiendo, era conocido en Perú como:
—El Monstruo de Puno.
—¿Cómo? —Arnau no daba crédito.
—El Monstruo de Puno. Es un asesino en serie. Violó y mató a cinco mujeres en Perú.
—¿Y qué cojones hace aquí?
—Eso mismo me gustaría saber a mí. Pero es él, no hay duda. Acabo de encontrar fotos suyas en varios artículos de internet. Nuestra empleada doméstica es peruana y lo ha reconocido al verlo en el informe que hiciste. Lo recordaba de los telediarios de la época.
Arnau se volvió, todavía perplejo, hacia el lugar donde creía que se encontraba Víctor, para contarle la noticia. Pero, para su sorpresa, el muy cabrón había abandonado el vehículo.
Justo en ese momento, escuchó un grito procedente de la calle y, todavía con el teléfono en la oreja, maniobró el volante con una sola mano para averiguar qué demonios estaba sucediendo.