Nuestra señora del abismo 53
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Por la ventana lateral, vi desaparecer el Alfa Romeo por la calle principal y me volví para pedirle a Arnau que condujera el coche fuera del aparcamiento. Sin embargo, el teléfono del cabo le acababa de sonar y estaba respondiendo.

No quise esperar. Abrí la puerta del vehículo y salí.

De pronto, una sombra se cruzó frente al Alfa Romeo. Provenía de entre la hilera de vehículos aparcados en batería.

El sonido provocado por el golpe seco del choque llegó hasta mi posición, seguido por un fuerte frenazo.

Delante del Alfa Romeo yacía inmóvil el cuerpo atropellado de una persona. Se trataba de un hombre, y llevaba la capucha de la sudadera puesta.

La conductora abrió la puerta y salió del coche a toda prisa. Estaba muy alterada.

Al ver cómo se agachaba para comprobar el estado del hombre tendido en el suelo, eché a correr hacia ellos.