Nuestra señora del abismo 44
54%

44

Pasaban algunos minutos de la medianoche cuando los agentes de la Unidad de Investigación de Quintana de Ter llegaron a su comisaría.

Habían permanecido varias horas en Mataró hasta finalizar la instrucción de las diligencias por la detención de Marcelo Abreu, y regresaban cansados pero satisfechos.

Y, en el caso del sargento, incluso pletórico.

No había más que verlo. Hasta se permitía alguna que otra broma.

—Todos a descansar —dijo el sargento, cuando observó que Arnau se sentaba a su escritorio y comenzaba a hurgar entre los documentos que tenía allí amontonados—. Lo que sea, ya lo harás mañana.

—Vosotros id tirando, que yo salgo en un rato —respondió el cabo, haciéndose el remolón.

—Como quieras, pero luego no vayas diciendo por ahí que tienes un jefe tirano.

—Yo nunca uso la palabra «tirano» —bromeó Arnau mientras César salía de la oficina—. Prefiero el término «mezquino». Te pega más.

—Muy gracioso, Arnau, como siempre… Tienes una chispa…

Ya por fin a solas, el cabo abrió el primer cajón de su escritorio y rebuscó en su interior. Sin suerte, abrió el segundo cajón y después el tercero. Ahí estaba: el disco duro donde guardaban los casos antiguos.

A lo largo de la tarde, habían recibido todo tipo de felicitaciones por parte de muchas personas; sin embargo, nadie mejor que Arnau sabía que aquel pequeño éxito había sido posible gracias a Víctor Trafalgar. Se sentía en deuda con él.

Conectó el disco duro al ordenador y esperó a que arrancara.

Tres minutos después, comenzó a revisar el contenido y desplegar carpetas, hasta que dio con el caso de la desaparición de Noa Aguilar.

Accedió al archivo Excel referente a la tarificación telefónica y comprobó que, en efecto, disponían del listado de llamadas y mensajes emitidos y recibidos por el número de Noa desde el 1 de julio hasta la madrugada del 24 de agosto, momento en que dejó de estar activo.

Aquella información ya se había estudiado, aunque no habían podido extraer nada relevante.

Observó que había una pestaña con el listado de nombres y apellidos de los interlocutores de esas llamadas y mensajes, y comenzó a leerlos uno a uno, con las correspondientes referencias detalladas al lado: MADRE , NOVIO , A MIGA , PRIMA …

En algunos de ellos, sin embargo, no habían logrado aclarar el vínculo que su usuario mantenía con Noa.

Cotejó la lista completa, pero ninguno de los titulares o usuarios de las líneas era el tal Wilmer que tanto interesaba a Víctor.

Cuando estaba a punto de darse por vencido, decidió dar un último repaso rápido, de arriba abajo, y de pronto comenzó a recular.

Los apellidos CEDEÑO RAMOS aparecían junto a un nombre: NOELIA JEANETTE .

—Putas corazonadas… —masculló Arnau.

Aquel número había contactado con el de Noa un total de siete veces, entre el 23 y el 30 de julio. Eran llamadas de escasa duración, todas por la noche. Después del día 30, nada.

Cogió su teléfono y a punto estuvo de llamar a Víctor. Miró la hora y recapacitó. En su lugar, envió un mensaje de texto.