Hogeita hamasei. Infiltrados. Treinta y seis #2
Me ignora. La estrecha más contra sí y ella jadea angustiada, mirando con terror como Akerbeltz se transforma, como los cuernos crecen desde su frente hacia atrás.
Cuernos largos y negros de cabra. Sus patas se vuelven las de un carnero negro y las pezuñas lo alzan todavía más alto.
Sofía gime asustada pero no grita, no pelea contra la bestia que ahora la levanta totalmente.
Los pies desnudos de Sofía se balancean a unos diez centímetros del suelo.
Ella cuelga en sus brazos, aterrada. Su pecho sube y baja con violencia y Akerbeltz arrastra la mirada hacia su escote.
—¿Soportarás mi verdadera forma, kume? [183] —Akerbeltz desliza las garras por el cuello de Sofía y ella deja escapar un quejido de terror—. No sabes cómo me estoy deleitando con tu olor. Si gimes así de miedo quiero saber ya cómo vas a…
No lo soporto más. Tiro de las correas con fuerza y la piedra retumba bajo nuestros pies. Los muertos del cementerio me oyen, responden a mi llamada. Chillan con el viento y con la lluvia incluso si no puedo usar mi magia.
Sofía
Estoy aterrada. Me gustaría ser más fuerte, pero el cuerpo me tiembla bajo el tacto de este hombre.
No. De esta bestia. De este dios que huele a bosque, que tiene una belleza animal en sus facciones, pero que todo mi cuerpo rechaza.
No soporto sus garras, no soporto sus cuernos, odio sus patas de animal.
La luz anaranjada de la única lámpara en lo alto de la habitación crea sombras afiladas en sus rasgos de belleza macabra.
Detrás de él, Herio nos mira furioso. ¿Cómo se atreve? Todo esto es culpa suya.
Ay, no, no. Akerbeltz se ríe, su carcajada retumba en este cuarto de luz intermitente y usa las garras afiladas para romper el escote de mi vestido.
La tela cae. Contengo las ganas de llorar.
Tengo tanto miedo que ni siquiera siento vergüenza de que me mire con lujuria los pechos expuestos.
La piel se me eriza y los pezones también a causa del aire frío. El terror me paraliza, no me muevo.
¡No quiero que me folle con ese cuerpo animal!
—¡Voy a matarte! ¡Hijo de puta! —Herio tira con tanta fuerza que la sangre corre desde sus muñecas a su torso desnudo. Los músculos de sus brazos y de sus pectorales parece que van a romperse de tanta fuerza que usa. Una vibración recorre la prisión—. ¡Te voy a arrancar la puta cabeza, Akerbeltz!
El dios carnero acerca las garras hacia mis pechos, pero no los toca. Se detiene y me sonríe con maldad.
—¿Por qué? —Me mira a mí, no a Herio. Mira mi boca—. Creí que no te importaban los humanos, príncipe de la muerte. Creíamos que ninguna chica era suficiente para ti desde que conociste a Eguzki, nuestro radiante rayito de sol.
Herio respira con violencia, el pelo marrón se le pega a la frente y el odio con el que mira a Akerbeltz es tan visible, que creo que si no estuviera atado lo mataría de verdad.
—En algún momento tendrás que soltarme. —Herio se ríe desquiciado, entre jadeos—. Y cuando lo hagas, te mataré. Sigue tocándola y te mataré, por Mari que te mataré.
La rabia de su voz es una promesa asesina.
—¿Dónde está Charlie? —Hablo fuerte, intentando recuperar la atención de Akerbeltz—. ¿Está bien?
El dios no me suelta. Me agarra contra él y Herio nos mira como un puto loco. Como si cada segundo que estoy en los brazos de Akerbeltz fuera una tortura para él.
¿Por qué? ¿Porque soy su sorgina? Yo no le importo. No le importé nunca. No le importó Charlie tampoco.
—Claro que está bien. —Akerbeltz me deja en el suelo y de inmediato me cubro los pechos.
Es difícil con las manos atadas. El dios hace una seña y su bruja, Zuria, abre la puerta.
Dos chicas vestidas con túnicas ingresan llevando a Charlie atado a una cuerda.
Las dos chicas se arrojan al suelo y se arrodillan ante su dios.
Charlie ladra y brinca de felicidad al verme.
—¡Charlie! —Me agacho y él corre hasta mí y me da un lametazo en la cara. Luego se gira hacia Herio, pero las chicas afirman la correa y no permiten que se acerque a él.
—¿Lo ves? Está perfecto.
Le hago un poco de cariño detrás de las orejitas y me levanto. Las chicas sujetan a Charlie de la correa pero le hacen cariños, no parecen querer causarle daño.
—No puedes hacer esto. —Herio respira con dificultad. Sale mucha sangre de sus muñecas y odio que una parte de mí se sienta mal de verlo así. Lo odio. Debería odiarlo. La manera en que jugó conmigo y me hizo creer en él… Me sentí tan tonta…
—¿Y bien? —Akerbeltz se gira hacia mí y me encojo por instinto bajo su cuerpo enorme, cubriéndome lo mejor posible el pecho con los brazos—. No sacrificaremos al perro si tú sacrificas tu virginidad esta noche.
Herio empieza a reírse. Parece un loco riéndose, arrodillado, encadenado y cubierto de sangre.
—¡Venga, hazlo, Aker! —Levanta los ojos hacia el dios y sonríe. Ojos que cobran un brillo lunar en la penumbra de la prisión. La sangre le escurre por los dientes—. Disfrútalo porque será la última cosa que hagas en tu puta vida.
—¿Por qué está encadenado, si estaba colaborando contigo?
No sé por qué lo pregunto. No debería importarme. Es evidente que no solo lo han atado, sino que le han dado una paliza. Tiene el cuerpo magullado y cada vez que habla le sangra el labio.
¿Todo esto es porque llegó con retraso al ritual?
—Porque no me quiso entregar al perro.
—¿Qué?
Él corazón me da un brinco. No puede ser. Herio me traicionó. Él se llevó a Charlie para sacrificarlo.
—Sí, lo sé, he sido blando. —Akerbeltz resopla—. Tendría que haberlo castigado peor. Llevo años preparándolo, enseñándole a dejar su humanidad atrás y me viene con este ridículo rebato de altruismo. Pero es uno de mis favoritos, me cuesta ser duro con él.
La pequeña ventana del cuarto tiembla con la lluvia y Herio se mantiene silencioso, mirando a Akerbeltz como si estuviera imaginando cien maneras diferentes de asesinarlo.
—No entiendo. Si no ibais a hacer el sacrificio, entonces ¿para qué tendría yo que entregarte mi virginidad?
—Oh, no, claro que haríamos el sacrificio.
Si no lo hacía él, tendría que matar al perro yo.
Por eso las cadenas —dice, apuntando a Herio con sus garras—.
Lo haríamos frente a él, en el altar. En su honor.
En honor al semidiós de la muerte. —Akerbeltz suelta una carcajada—.
No hubiera sido tan poderoso como si lo hiciera él mismo, pero habría sido suficiente.
La ilusión que tuve por un momento se desvanece. Me atrevo a mirar a Herio a los ojos y… Solo hay odio en los suyos. Nos mira a Akerbeltz y a mí con una rabia visceral. Me mira como si lo hubiera traicionado, ¡cuando él fue quien me traicionó a mí!
Tal vez se arrepintió, si lo que dice Akerbeltz es verdad. Pero eso no quita que por haberme traicionado estamos metidos en esta mierda.
—Aunque debo reconocer… —Akerbeltz empieza a caminar de un lado a otro por la celda, entre Herio y yo— que el ritual es más poderoso si lo hace él.
Si no lo hace Herio, no ascenderá ni será libre.
Seguirá siendo mi esclavo, pero no me dará tanta energía.
Tampoco servirá para rescatar a… su querida novia.
Herio no dice nada. Simplemente lo sigue mirando con la promesa criminal en sus ojos plateados.
—Da lo mismo lo que haya hecho este. —Apunto a Herio—. Me prometiste que si entregaba mi virginidad, dejarías ir a Charlie sano y salvo.
—Bai, lo he prometido. Una virgen voluntaria es tan rara que me dará más poder que la muerte de ese cachorro.
Ya está. Tendré que hacerlo con este hombre. Con esta bestia. Me lo imagino tocándome y me dan ganas de llorar, de vomitar.
—Aunque ahora que he visto la reacción de Herio cuando te he arrancado el vestido, creo que… he cambiado de opinión.
¿Qué?
—¡No, no puedes! ¡Lo juraste!
Se me llenan los ojos de lágrimas. No, no, ¿por qué de nuevo quiere matar a Charlie? ¿Tiene miedo de que Herio lo mate? ¿De sus amenazas?
—No seré yo el que haga el rito contigo. —Los ojos de Akerbeltz resplandecen justo cuando un trueno estalla en la ventana—. Tendrás que hacerlo con él.
—¿Ah?
—¿No prefieres eso? —El dios da un paso hacia atrás y se encoge, sus piernas de animal se adelgazan y de sus pantalones vuelven a asomar unos pies descalzos y humanos.
Solo los cuernos siguen visibles cuando vuelve a hablar—.
No te ofendas, pequeña. Tu sangre huele como droga.
Me encantaría hacerlo yo, pero lo más importante para mí es el poder que genere este ritual.
Es Gau Beltza, la noche negra de la muerte. Será más poderoso si lo hace él.
No estoy ofendida. Dios, qué puto alivio. No lo haré con el dios cabra.
Herio parpadea confundido y luego tuerce sus labios infames en una mueca de disgusto.
—Ez. Ez dot egingo. [184]
El estómago se me aprieta. Detesto mi propio cuerpo.
Detesto el alivio que acabo de sentir ante la opción de hacerlo con él.
Es una puta locura. No quiero hacerlo con nadie, no quiero perder mi virginidad, no quiero perder todo el dinero que me da.
No debería sentirme mejor porque sea él quien va a hacerlo.
¿Y por qué no quiere? Estaba como un puto loco porque Akerbelz solo me estaba tocando. ¿Por qué me rechaza ahora?
¡En serio creo que cada vez puedo odiarlo más!
—¿Acaso no querías que dejara ir al perro? —dice Akerbeltz.
Herio lo mira furioso.
—Déjala ir a ella también.
—¿Qué ocurre? —Akerbeltz me toma del brazo y me apega a él. Herio se crispa de inmediato—. ¿Prefieres que lo haga yo?
—¡Qué no! Hostia, ¿en serio no hay otra opción? Seguiré siendo tu esclavo.
—No. No la hay. —Parece que Akerbeltz empieza a perder la paciencia—. La luna ya está casi en lo alto. O mato al perro o lo matas tú. O follas con esta chica, o voy a follarla yo y la haré gemir y perder su preciada virginidad frente a tus putos ojos.
Herio no responde. Desvía sus ojos hacia mí, en una pregunta silenciosa.
—Me da igual. —Intento que mi voz suene firme—. Lo haré con el que sea. Me dan el mismo asco los dos.
Akerbeltz se ríe, Herio no. Sigue mirándome, buscando algo en mis ojos y no tengo idea de qué.
—¿Qué ocurre, chaval? —Akerbeltz me agarra con fuerza, abraza desde atrás y me aprieta contra él.
Sube sus manos por mi cintura hasta justo debajo de mis pechos y yo respiro alterada, sintiéndome indefensa entre sus brazos enormes y manos con garras—.
¿Temes que tu novia muerta se enfade si el ritual para salvarla es follar con otra?
Tampoco tientes a la suerte. No es que me vaya a molestar mucho hacer tu trabajo, aunque el ritual sea más débil.
Los ojos de Herio brillan de furia. Con que es eso. Por eso no quiere. Por su puta novia muerta. ¿En serio? Yo estoy sacrificando lo más valioso que tengo, literalmente. ¿Y él no quiere por eso?
Se me escapa un quejido de nervios cuando Akerbeltz me aprieta más y sube sus garras deslizándolas hacia mis pechos, empujando mis brazos para que deje de taparlos y…
—¡Itzi! [185] —Herio cierra los ojos un momento y cuando los abre, me mira a mí. Plateados. Furiosos—. Voy a hacerlo. Deja de tocarla, joder. Haré el rito sexual con ella.
Charlie ladra y trata de soltarse, pero las chicas lo agarran bien. Akerbeltz me suelta y levanta los brazos.
—¡Perfecto!
—¿Servirá? —Herio frunce el ceño—. ¿Sabes que esto no será ningún sacrificio para mí, verdad?
—Ah. —Akerbeltz levanta los brazos—. Claro que será un sacrificio.
El dios parece satisfecho. Incluso se le han desaparecido los cuernos diabólicos de la cabeza.
—Pero, aceptaré solo si hace este ritual, ningún otro. Solo este. —Herio se pasa la lengua por los labios, limpiándose la sangre—. Júrame que no hará ningún otro ritual.
Akerbeltz y él sostienen una conversación silenciosa. Se miran durante varios segundos mientras la lámpara parpadea cada vez que sopla el viento.
—Bien, no te preocupes. —Akerbeltz sonríe enseñando los colmillos—. No le pediremos que haga ningún otro ritual.
—Ninguno, Akerbeltz —insiste Herio.
—Ninguno, joder. Qué chaval tan desconfiado.
¿A qué se refiere? ¡Claro que no haré otro ritual! ¿Por qué Herio le pregunta algo así? Como si no fuera suficiente con el akelarre.
—¡Sorginak! —El dios se gira hacia ellas, que se ponen de pie, con las cabezas gachas, sin mirarlo a los ojos—. Preparad a estas crías para el akelarre.
Suelta una carcajada larga que rebota por las paredes. Esto de verdad le divierte. Recoge su capa y se cubre los hombros. Nos mira a Herio y a mí como si fuéramos lo más gracioso que ha visto en su vida. Como si hubiera algo que no entendemos de todo esto y él, sí.
Es una trampa. Sé que estamos cayendo en una trampa, pero no entiendo cuál podría ser. Aparte de la miseria de tener que entregar mi virginidad en un ritual de locos. Y de hacerlo con Herio, que me traicionó y me dejó encerrada solo porque su novia abrió los ojos.
Las carcajadas de Akerbeltz se quedan un momento incluso cuando él se va. Nos deja solos con sus brujas y Charlie.
¿Qué estoy pasando por alto? Tengo un mal presentimiento.
Algo se me escapa de las manos, lo tengo en la punta de la lengua, de mis pensamientos… Y se escurre. No sé lo que es.
Y tal vez no debería importarme. Voy a salvar a Charlie y luego… luego intentaré olvidar esta noche de mierda.