Hogeita hamar. Destino. Treinta #2
—Ya te lo he dicho, neska. Nadie puede resistirse a un dios. Ni a un semidiós tampoco.
Pongo los ojos en blanco y no digo nada más. Me termino los últimos pedazos de tortilla y tomo un poco de agua, rogando para que Herio se olvide del tema.
Aunque lo que ha dicho me confunde un poco a mí también. ¿Por qué nosotras hicimos el ritual la noche antes y no unos minutos previos al akelarre como dice Herio? ¿Será porque la abuela de Amaia es una antigua sorgina de Mari y ella ya lo conocía de antes?
¿Lo habrá modificado de alguna forma?
—¿No tienes cómo llamar a tu abuela? Para que vuelva pronto.
—No. —Herio hace girar el botellín de cerveza entre sus dedos, mirándome—. ¿Por qué querían sabotear el akelarre tus amigas? ¿Cuántas eran?
Claramente no va a olvidarse del tema.
—Son tres. —No digo que son tres contándome a mí.
Pero sé que es el número que tengo que decir.
Esos ritos siempre son de a tres. Si me invento algo será más sospechoso—.
Ellas no sabían de tu ritual. Ellas solo querían saber qué palabras pronuncia Akerbeltz en el akelarre, porque creen que Akerbeltz usa el poder del akelarre para mantener capturado el poder de su diosa Mari.
Herio no dice nada y sigue tomándose su cerveza, mientras me observa con curiosidad.
Dios, qué nerviosa me pone. Me pone nerviosa esa forma de mirarme y que fuera el mundo se caiga en lluvia, viento y truenos. Un relámpago se refleja en la ventana y Charlie corre y se mete debajo del taburete donde está sentado Herio.
Y Herio sigue sin quitarme los ojos de encima.
—¿Qué? —Le sonrío.
—¿Tú no ibas a ir?
Me río y hago lo posible por no mentir, por decir alguna verdad para que mi corazón no se altere tanto. Herio no detecta mis mentiras, solo detecta que me pongo nerviosa.
—Soy virgen, Herio. Tú lo has dicho, a ese ritual se va a follar.
Él me observa un momento más, sin dejar de jugar con el maldito botellín de cerveza. Me tiene de los nervios que siga sospechando de mí. Incluso me ofende, y no sé por qué me ofende si tiene razón en sus sospechas.
—¿Acaso te importa? —Aparto el plato, molesta—. ¿Qué te importa lo que hagan ellas? Ya no irás a ese ritual.
—No me molesta. Me la suda para qué use Akerbeltz el poder del ritual. —Herio apoya el brazo en la mesa y se acerca un poco más a mí—. Solo me parece raro que justo me encuentre contigo y que justo sean tus amigas unas pequeñas saboteadoras. ¿Con qué clase de gente te juntas, neska?
Sonrío con pena. Me junto con la clase de gente que se habría juntado mi hermana. Ella habría estado en ese grupo para salvar a su diosa sin siquiera dudarlo.
—Con la clase de gente que es mejor que yo.
—¿Mejor que tú?
—A ellas les interesa salvar su pueblo, a su diosa. En cambio, yo nunca he dedicado tiempo a ayudar a ninguna causa.
—Pero te has metido en un buen lío por ayudar a un perro —dice Herio riendo.
Lo miro feo.
—Porque los perros son lindos. Habría que ser un grandísimo hijo de puta para hacerle daño a un perrito.
Se la suda mi insulto. Se ríe y sigue comiendo su tortilla. Se la acaba rápido y luego se termina también la cerveza.
—Me alegro de que tus amigas no te reclutaran, panpina.
—¿Qué?
Herio hace a un lado el plato y se acerca un poco más a mí. El calor de su cuerpo me recuerda nuestros besos en su cama, trato de mirarlo a los ojos.
—Que hubierais fracasado. Si el plan de tus amigas era no follar para saltarse las reglas… Las habrías llevado al fracaso de su plan. Habrías terminado follando conmigo.
Suelto una carcajada, pero el corazón se me desboca de los nervios. Él me pasa los dedos por la nunca, enredándolos en mi pelo y apega mi cara a la suya.
—Puedes reírte si quieres, pero es la verdad. No hay forma de que hubieras ido a ese ritual y eligiera a otra que no fueras tú. Y no habrías podido decirme que no.
Nuestras bocas casi se tocan, respirando el mismo aire húmedo. Tengo que reunir todas mis fuerzas para no inclinarme un poco y volver a probar su boca de semidiós.
—Te habría dicho que no…
Herio sonríe, no se lo cree.
Yo tampoco.
Y nos estamos besando otra vez, mierda. No alcanzo a impedirlo, no alcanzo siquiera a pensar, su boca está contra la mía y mis labios se abren rendidos al paso de su lengua.
Y aunque le dije que no sabía lo que era el amor, sí sé que sus besos son lo mejor que he probado en la vida.
Y me gustaría besarlo mañana y pasado mañana otra vez.
Me gustaría conocerlo más y saber si esta delicia que es estar entre sus brazos podría ser mejor.
No me imagino que pudiera ser mejor.
—Oye, Herio. —Lo empujo en el pecho y él protesta un poco—. ¿Akerbeltz puede hacerte algo por no participar en el ritual? Me refiero a castigarte.
—Ez, [151] no realmente. —Me da otro pequeño beso en los labios y se aleja, toma el vaso y bebe un poco de agua—. Estará cabreado y puede que nos llene de curro desagradable a Gorka y a mí. Solo seguiré siendo su esclavo.
No hay resentimiento en su voz y eso me hace sentir culpable. Solo hay resignación.
—¿Por qué eres su esclavo?
Herio mira hacia la ventana, hacia la oscuridad infinita.
—Le ofrecí mi alma a cambio de salvar a Egu. Me dio lo que necesitaba para… ir a ayudarla. De todas formas, llegué demasiado tarde.
Oh.
Herio deja de mirar la ventana y clava sus ojos grises en mí.
—Como puedes ver… —Me dedica una media sonrisa fría—. Eso no anuló el trato. Tuve que ser su esclavo de todas maneras.
La tortilla se me remueve en el estómago.
Sé que este weón ha hecho cosas terribles, que no debería darme lástima, pero no lo puedo evitar.
Sé lo que es ser esclava de alguien. Y aunque no cabe en mi cabeza que esté dispuesto a sacrificar a un perro, entiendo lo desesperado que debe haber estado por liberarse de Akerbeltz.
Al menos ya no lo creo capaz de hacerlo. Charlie ya acabó su plato de comida hace rato y, ahora que se calmaron los truenos, dormita en el suelo a los pies de Herio. Arriba, en su cuarto, lo pillé intentando calmarlo a Charlie en las piernas. Es obvio que ya le ha cogido un poco de cariño.
Y es un alivio enorme, gigante. El corazón me da saltitos solo de estar cerca de Herio. No me importa si es por nuestro vínculo mágico. Me siento bien con él, quiero conocerlo más, tener una cita con él. Caminar por la ría como dijo y tomarnos una birra.
Y no habría podido hacer nada de eso si hubiera seguido con lo de hacerle daño a un perrito. Además, si Charlie no llega al akelarre, beneficiará también a mis amigas.
—Lo que querían hacer mis amigas, ¿eso no te habría beneficiado también a ti? Si Akerbeltz pierde poder…
—Qué va. Hará otro ritual para recuperarse.
—Herio apoya los dos codos en la mesa, cruza los dedos de las manos y descansa el mentón en ellos, mirándome—.
¿Sabes? Se me sigue haciendo raro lo de esas chicas.
No creo que sea una coincidencia que te relacionaras con ellas y yo te conociera esta noche.
—¿Vas a volver con eso del destino?
Es un ridículo.
—Mi amuma me ha dicho antes de salir de casa: «Si ves una chica de pelo celeste, aléjate de ella. Arruinará tus planes». Y no lo he podido evitar. Hasta me has chupado la polla. Claro que ha sido el destino.
Suelto una risa, pero él me mira serio.
—¿No es broma? —Dejo de reírme porque parece que habla en serio—. ¿De verdad te dijo eso?
—Sí, lo ha dicho. Aunque no le veo sentido. —Frunce tanto el entrecejo que me causa ternura—. Tus amigas son simpatizantes de Mari y mi amuma es una es sorgina de Mari. ¿Por qué mi amuma me diría que me aleje de ti?
—Porque —dice una voz aguda y fría como el viento a nuestras espaldas— sabía que harías todo lo contrario de lo que yo te dijera.
—¡Hostia! —Herio se gira y se levanta tan rápido del taburete que lo arroja al suelo. Charlie se escabulle y se esconde detrás de mí—. ¡Joder, no entres así!
El corazón me late desbocado del susto. Yo también me pongo de pie, mirando a la mujer que nos observa en la puerta de la cocina.
No la oí llegar, no la oí abrir la puerta.
Lleva una capa de lluvia azul oscuro y el pelo rizado y gris tomado en una coleta baja.
Las hebras plateadas de la coleta se mueven con el viento.
La neblina se cuela dentro de la casa, reptando por sus pies, como si ella la hubiera invitado a pasar.
—¿Te ha gustado la tortilla? —La mujer sonríe y eso profundiza las arrugas de su cara.
Aunque sus ojos, azules, parecen jóvenes, divertidos.
No sé qué edad tiene, es imposible saberlo—.
¡Ah, habéis traído también al perro! Etorri hona, txakurtxu [152] —dice, haciendo soniditos y llamando a Charlie con la mano.
Pero Charlie no se mueve, se queda detrás de mí. Y eso me dice más de esta señora de lo que pueda decir su aspecto.
—Eeehhh, estaba buena, eskerrik asko [153] —digo, incómoda con su presencia.
—La ha hecho Herio, no yo. Pero puedes probar mis sopas si te has quedado con hambre.
Tiene una forma de mirar que me hace sentir… ajena, sí. Como si yo no debiese estar aquí o no encajara con este lugar.
—No probará tus sopas, amuma.
—Me sorprende verte aquí, chaval. —La mujer cierra la puerta, dejando fuera las brumas y posa los ojos en Herio.
¿En serio es su abuela? No veo el parecido en nada—.
El ritual será en dos horas o poco más. ¿Vas a ir con esas pintas?
A Akerbeltz no va a gustarle nada. Y deberías ducharte de nuevo.
Hueles a… —Clava sus ojos en mí—. A ella.
Intento no ponerme nerviosa. Herio me mira un momento y luego a su amuma. ¿Le tiene miedo? Por primera vez esta noche me parece… menor. Ante ella no es más que un chavalito de veintitrés años. En vez de un cabrón asesino y secuestrador de perros de veintitrés años.
—¿Por qué has llegado tan tarde, amuma? Necesito preguntarte cosas sobre Sofía.
La mujer me mira a mí y luego a su nieto.
—¿Para qué? Ya lo sabes todo.
—Amuma, ella es…
—Sé lo que es. Bai, [154] tus poderes han despertado.
—¿A qué te refieres con que mis poderes han despertado? Están un poco más sensibles…
Se interrumpe porque su abuela suelta una risotada.
—¿Más sensibles? Chaval, estás a punto de tener una sorgina completa.
Tus poderes están desbordados. Cada rito sexual que haces con ella los aumenta y las almas allí afuera —dice, haciendo un gesto con la barbilla hacia la ventana—, están como locas.
Incluso tu novia. He estado con ella. Como no volvías, he ido a ver que todo estuviera en orden.
—¿Has estado con ella? —Herio da un paso hacia su abuela—. ¿Te refieres a su cuerpo? ¿Le ha ocurrido algo?
Los aullidos del viento hacen temblar a Charlie a mis pies. Y no sé si es por el viento, pero yo tiemblo también.
—Claro que le ha ocurrido algo, chaval. Los ritos sexuales que haces con esta chica consolida tus poderes. Eguzki ha regresado.
—¿Qué? —Los músculos de la espalda de Herio se tensan—. ¿Qué has dicho?
—Que Eguzki está aquí.
Esto debe ser una puta broma.
No alcanzo a hacer nada. No alcanzo a preguntar. En un momento Herio está ahí plantado mirando en shock a su abuela y un momento después cruza la puerta de la cocina a toda velocidad.
Mierda. Mierda.
Rodeo la isla de la cocina, paso corriendo al lado de su abuela, pero cuando tiro de la puerta para seguirlo, ella me toma del brazo.
—Yo no haría eso, chica. Esta noche es peligroso salir fuera. Herio no está controlando bien sus nuevos poderes y las almas podrían ir a por ti.
El viento nocturno entra con furia a la cocina como si corroborara sus palabras. Me aparto el pelo de la cara y miro hacia fuera, hacia la niebla que lo cubre todo. Charlie se asoma un poco y empieza a ladrar a la oscuridad.
—¿Sabe lo que me costó convencerlo? —digo girándome hacia su amuma.
Me arden los ojos. Me arde todo el cuerpo de rabia.
Ella me mira con tristeza.
—Bai, badakit. [155]
Aprieto los labios. No la conozco, no sé qué pretende. Y no me importa. Le doy la espalda, inspiro hondo y corro hacia la noche.