Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi) Hogeita hamar. Destino. Treinta
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Hogeita hamar. Destino. Treinta

HOGEITA HAMAR Destino TREINTA

Sofía

Es la mejor puta tortilla que he probado en mi vida. Se derrite en mi boca, el huevo se desliza tibio y un poco líquido por mi lengua. Me estremezco de placer, si me dijeran que un dios hizo esta tortilla, lo creería.

—Me alegro de no ser el único que ha tenido un orgasmo esta noche —dice Herio, masticando su tortilla, al otro lado del mesón de la cocina—. Aunque no entiendo por qué no me has dejado jugar un poco con tu coño.

Me atraganto y me pongo roja como una idiota. Él se relame los labios como un gato, saboreando la tortilla. ¿Es normal que me parezca sexy un hombre comiendo? Normalmente los encuentro un poco asquerosos.

— N ot for free , bebé. [150] —Le lanzo un beso a la distancia—. Mi coño vale oro.

Herio sonríe sin abrir la boca porque la tiene llena de tortilla y me insulta levantando el dedo del medio.

Yo me río y disfruto del resto de la tortilla mientras el clima decide tener una batalla épica allá afuera.

Aquí dentro está calentito. Solo llevo puesta una camiseta de Herio y ni siquiera tengo frío.

Charlie también come feliz, trozos de pollo que le puso Herio en un plato.

De un momento a otro, no hay más ruido en la cocina que el de nuestros tenedores tocando los platos, del sonido de Charlie lamiendo los restos en el suyo y el viento.

Y la lluvia y el susurro de los árboles.

La luna ha quedado oculta entre las nubes y por la ventana de la cocina solo se ve la oscuridad.

El silencio no es incómodo. Es agradable.

Los vapores de lo que sea que la abuela de Herio dejó cocinando a fuego lento se mezclan con su olor a manzana.

Me siento bien. Disfruto de mi tortilla tranquilamente mientras miro el arte que es el cuerpo de Herio.

No se ha puesto camisa, solo los jeans. Miro de reojo sus bíceps y como se mueven cada vez que toma el tenedor.

Cómo los tatuajes de su brazo izquierdo cobran vida, tinta negra que fluye con cada movimiento.

Me pregunto qué significa el símbolo de su espalda, o uno que tiene en el pectoral izquierdo.

Aparte de sentir sus emociones, su semen de semidiós no me ha dado ningún otro poder, pero definitivamente me tiene drogada. No puede ser que me parezca sensual cada movimiento que hace, hasta la manera en que toma el puto tenedor para romper la tortilla. Sus dedos largos…

Basta, Sofía. Basta. Me tiene tan embriagada que casi me he olvidado de que esta noche morí y que también vi morir a dos hombres delante de mí. Aunque tampoco es que fuera mi primera vez con eso. Y se lo merecían.

Da igual. Sea la magia o sea que Herio simplemente me gusta, al menos me ha hecho olvidar, por algunas horas, que tengo que volver a Chile. Volver con Vicente y la vida terrible que tengo entre esa gente.

Mierda, Vicente. ¡No había pensado en eso! Se me cae el tenedor de la mano y Charlie levanta asustado las orejitas.

—¿Qué ha pasado? —Herio deja de comer.

—Nada.

La foto, la maldita foto. ¿Como es posible que sea tan estúpida de no pensar que Vicente la vería? Estaba tan preocupada de retener a Herio con lo del ritual que me olvidé.

Mentira, mentira. No era solo eso. Estaba a gusto con él, estaba contenta sacándome fotos tontas mientras nos besábamos enredados en la cama comiendo gomitas.

No pensé ni un segundo en Vicente.

No pensé en que va a asesinarme, literalmente, cuando se entere.

—Sofía. —Herio estira la mano y me agarra de la muñeca—. Habla.

¿Por qué me cuesta tanto mentirle a esos ojos grises?

—Vicente va a ver esa foto. No importa si está al otro lado del planeta, va a mandar a alguien por mí.

La mirada de Herio se torna casi tan oscura como las nubes de afuera. Luego desliza la mano hacia mis dedos y los acaricia.

—Lasai, olvídate del resto de los mortales. Ya no eres como ellos y no podrán hacerte daño.

¿Está hablando metafóricamente?

—Herio, sigo siendo humana. Tal vez tú no, pero yo sí. Y Vicente va a pensar que me acosté contigo.

—Si despacho a ese sujeto al más allá, ¿se acaba el asunto? ¿Se acaba con él?

—No. Mi dinero es parte de los ingresos de toda una organización. Vicente solo es mi jefe inmediato.

¿Quiero que mate a Vicente? Sí, creo que sí. No sé. Tenemos una relación sexual, medio sentimental. Medio. Porque lo odio. Pero no lo odiaba cuando empezó todo entre él y yo.

Pero si él no está muerto seré su esclava toda la vida.

—Hummm, menudo follón. —Herio se come otro bocado de tortilla y mastica pensativo—.

Tendré que pedir ayuda a la familia Lantzer.

La familia de Haize —dice, al notar que estoy confundida—.

El otro semidiós del que te he hablado antes.

Ellos se encargan de quitar gente de en medio, gente que estorba en los intereses de…

da igual. Será un follón porque va a cobrarme, pero lo haremos.

Suena a que es otro grupo de mafiosos.

—¿Tendremos suficiente dinero para pagar eso?

La boca de Herio se tuerce ligeramente.

—Haize no me va a cobrar en dinero. Siempre cobra con algo peor.

—¿Con qué?

—Un cheque en blanco, neska. Simplemente quedas debiéndole algo y, créeme, eso siempre es peor.

Sí, así terminé yo esclavizada por la mafia de Valparaíso. Un cheque en blanco que dejó mi hermana. ¿Sabrá ella, donde quiera que esté, en lo que terminé metida por su culpa?

Espero que sí. Porque si no lo sabe, es porque está muerta.

—Ese Haize suena como un tipo horrible —susurro.

No sé si quiero que Herio le quede debiendo un favor, pero la otra opción es… aceptar mi muerte. ¡No debí dejar que subiera esa maldita foto! Pero se veía tan feliz solo por la idea de compartirla. Le brillaban los ojos, como a Charlie comiendo pollo.

—Olvídate de eso, no dejaré que ese hombre te toque. Y Haize es un cabrón. —Me apunta con el tenedor—. Pero jamás del tipo que comercia con mujeres.

No respondo. Tal vez no tenemos por qué decidir esto ahora.

Trato de seguir comiendo tortilla, pero creo que se me ha quitado el hambre.

Estos días estaba triste porque tenía que volver a mi país, dejar a mis amigas.

Dejar Euskadi, un lugar donde por unos años pude ser…

libre. Y ahora… ¿existe la opción de que me quede aquí?

¿En serio Herio me ayudaría a liberarme de esos tipos?

No quiero ni siquiera ilusionarme. Es imposible que en unas horas todo haya cambiado tanto.

Tal vez voy a despertarme y esto habrá sido un sueño ridículo.

Quizá me dormí borracha en el sillón de Amaia, nerviosa por la idea de ir a una fiesta donde estaría Herio y mi cerebro terminó creando toda esta absurda noche dantesca.

Dantesca y un poco pornográfica.

—Oye, Sofi, antes has mencionado que tus amigas te explicaron cómo funciona el akelarre. ¿Qué tienes que ver con eso?

Ah, verdad. Se le mencioné pero en toda la noche no le he dicho que, en parte, su teoría de que yo era una espía era un poco verdad. No era una espía exactamente, pero sí era parte del equipo de sabotaje de una vasca loca.

Creo que Herio solo me lo pregunta para cambiar el tema de Vicente. ¿Se enojará si le digo la verdad?

—Mis amigas iban al akelarre.

Esa parte no es mentira. No tengo por qué especificar tanto.

Charlie se pasea por la cocina, buscando algo que comer en el suelo y, aunque Herio parece haberse rendido por completo con lo de asistir al ritual, si le digo la verdad podría cambiar de opinión.

—Hummm. —Herio apoya el codo sobre la mesa y queda un poco más cerca de mí—. Tu corazón se ha acelerado, puedo sentirlo a través de nuestro lazo. ¿Qué no me estás diciendo?

Me arde la cara. Pero me he pasado años fingiendo en redes sociales, puedo con una mentira más.

—Te prometo que no soy una espía de ese dios que dijiste y que no queríamos impedir tu ritual, ¡ni siquiera sabíamos que querías ascender…!

Herio arquea una ceja. Levanta la mano y me toca la punta de la nariz con el dedo índice.

—Ve al grano.

—Mis amigas querían sabotear el ritual. ¡Pero no como crees!

—Levanto y agito las manos, angustiada porque él se echa hacia atrás y me mira como si le hubiera dicho que no quedan más gomitas de ositos en todo el planeta tierra—.

No iban a detenerlo, solo pensaban… saltarse las reglas para recordar el rito al día siguiente.

Herio junta mucho las cejas y se queda pensativo.

Doy un brinco en la silla porque Charlie golpea unas ollas que había en el suelo y hace un estruendo terrible.

Herio lo ignora por completo y me sigue mirando de una forma que empieza a desesperarme.

Entorna mucho los ojos, hasta que se convierten en dos líneas acusatorias.

Está dudando de mí. Mierda.

Tomo el tenedor y me llevo otro pedazo de tortilla a la boca.

La gente culpable no deja de comer, Sofía. Sigue comiendo.

—¿Quiénes son tus amigas? ¿Por qué querían recordar el ritual? —Herio ladea el rostro de esa manera que lo hace parecer un cazador esperando por asesinar a su presa—. Eso no es posible. Todos follan en el akelarre. Nadie va sin follar. Y todos los que follan se olvidan.

—Pues ellas iban a saltarse las reglas.

—Imposible. Todos hacen el ritual de invitados. Ese rito amarra tu mente a un hechizo y si haces el rito sexual, olvidas. No hay más.

—El ritual de invitados —repito, como si no supiera lo que es.

Como si no lo hubiera hecho ya.

— Así se llama un pequeño rito que hacen los que asisten, para asegurarnos de que no recuerden nada de lo ocurrido el día del akelarre.

Es una tontería con velas. —Herio se relaja un poco.

Toma un sorbo del botellín de cerveza helado—.

Es un ritual muy breve y se hace unos minutos antes de empezar el akelarre.

Las sorginas de Akerbeltz se darían cuenta si alguien no lo hizo.

Esas pueden oler las energías de los demás a metros de distancia.

—Pero ellas no pensaban saltarse ese ritual, pensaban saltarse la parte de follar.

Herio suelta una carcajada y me sonríe de forma desgraciada y sensual.

—Imposible.

Resoplo.