Hogeita bederatzi. Opciones. Veintinueve
HOGEITA BEDERATZI Opciones VEINTINUEVE
«Algunos no recuerdan sus vidas anteriores.
Eso explica muchas cosas, aunque no explica la enemistad entre Gaueko y el resto del panteón.
Dicen que todo empezó por una mujer».
Amaia
Sofía
Cualquier persona razonable pensaría que es imposible sentir algo por alguien en una noche. Pero esta no ha sido cualquier noche. Y Herio no es cualquier alguien. Y yo, definitivamente, no soy una persona razonable.
Él se parte de la risa recostado en la cama, su cuerpo semidivino semitapado por las sábanas negras. Se limpia las lágrimas de los ojos, mirándome como si le costara hacerlo sin reírse otra vez.
—No puedes ser tan absurda.
—No me llames absurda.
¡Idiota, no voy a volver a contarle cosas tan personales!
Él se abalanza sobre mí y me aplasta. Intento no estremecerme con su olor, con su piel caliente tocando mis pechos desnudos, con esos ojos grises que se encienden cuando me miran.
—Eres superabsurda. Te arrojaste a la ría por un puto iPhone.
—Me besa antes de que pueda replicar y me muerde un poco el labio, lo que en vez de enfurecerme me causa malditas chispas de electricidad en toda la piel—.
Pero me gusta que seas absurda. Me gusta tu risa y me gusta que estés dispuesta a morir por cosas tontas como un móvil o un perro.
—Charlie no es…
—No le tienes miedo a la muerte. —Deja de reírse y se pone serio, me suelta las muñecas y entrelaza sus dedos con los míos—. Eso me excita.
Inspiro hondo e intento relajarme. Es difícil, él estresa a mi cuerpo.
Su mirada me pone nerviosa. He estado con chicos guapos antes.
Pero él es más allá de guapo. Hay un hambre depredadora en el brillo de sus ojos, hay una lujuria en sus labios alargados; felina, infernal.
Su pelo marrón alborotado, rapado a los lados y la cruz de acero en la oreja le dan un aire descuidado, criminal, como si le importara un carajo lo que el mundo piense de él.
Es un semidiós. ¿Por qué le importaría lo que piensen de él?
—No me mires así —susurro.
—¿Hummm? —Se inclina, acaricia su nariz con la mía, me deja un beso suave en la comisura de los labios, causa brincos en mi corazón y vuelve a mirarme—. ¿Así cómo?
—Como si esto fuera algo. —Casi me tiembla la voz—. Como si sintieras algo por mí.
¿Todavía estoy haciendo esto por Charlie?
—Siento muchas cosas por ti.
—Sabes a qué me refiero.
Herio sonríe y esa sonrisa inquieta mi alma. Puedo sentirlo, sus emociones. Está alegre. Casi eufórico. Algo burbujea dentro de mí, inflando mi ego.
—No, eres tú la que no tiene ni idea a qué me refiero, muñequita.
Suelta una de mis manos, medio recostado sobre el colchón, medio recostado sobre mí. Desliza los dedos por mi mejilla.
—Me fascina que tú seas mi sorgina. Debería hacer una ofrenda al destino, por haberte envido hasta mí.
—Y yo soy la absurda —digo riendo.
—¿No crees en el destino?
—No.
—Yo sí. —Los ojos de Herio chispean, brillos de plata destellando en su iris—. Estabas destinada para mí.
—¿Qué pasó con tu culpa y todo eso?
—Te la has tragado cuando te has tragado mi semen. Ya no te librarás de mí.
Me río de nuevo y él me dedica una media sonrisa taimada.
—No te burles, neska.
—Te estás poniendo demasiado posesivo para conocernos desde hace cinco horas.
—Espera que llevemos una semana juntos.
Dios, que alguien le explique a mi corazón que esto es una tontería sin pies ni cabeza, por favor. Porque se cree como un idiota cada palabra que sale de la boca de este loco.
—Define juntos, Herio.
—Juntos en plan: voy a follarte toda la semana, Sofi.
Me río y lo empujo, pero él no se aparta. Desliza sus dedos por mi cuello y deja su mano descansando muy cómoda entre mis pechos. Es la primera vez que me dice Sofi. Me gusta que me diga Sofi.
Reprimo un escalofrío.
—¿Eso es todo? ¿Y luego qué?
—Pasearemos por la ría. —Ladea el rostro—. Y te invitaré a una birra.
—¿Eso haces con tus citas?
—Ez, [147] la verdad es que no tengo citas. Eres la primera.
—¿Y tu ex?
Su sonrisa titubea.
—Conocí a Egu en circunstancias extrañas, en mis trabajos para Haize. No tuvimos citas al principio.
No digo nada, la verdad no sé qué decir.
Hace unas horas no dejaba de repetir que lo único que le importaba era revivir a su novia y ahora, aunque actúa como si la hubiera olvidado por completo, sé que no es así.
Percibo la culpa debajo de su momentánea capa de felicidad.
Se filtra como si fuera sudor escapando de sus poros.
—¿Te quedarás conmigo, neska?
Su pregunta me pilla de sorpresa. Ya no se está burlando, no hay sonrisa maliciosa en su cara. Solo sus ojos un poco somnolientos, evaluándome.
—¿Esta noche?
—Qué va. Tengo clarísimo que esta noche te quedarás por el perro. Me refiero a lo demás. A después de esto, de tu acto de altruismo ridículo de seducirme para salvar a Charlie.
—No es solo para…
—No me importa, Sofía. Puedes usarme. No me voy a quejar. Pero no me mientas, no me gustan las mentiras.
Aspiro hondo su aroma a manzanas y lo observo. Es una conversación demasiado intensa para esta noche, para el hambre que tengo. El estómago me ruge y Herio arquea una ceja.
—Lo siento. Y lamento decepcionarte —digo riendo—, pero creo que no puedo vivir a base de gomitas.
—Vaya decepción —sonríe.
Suspiro y aparto el pelo de su frente, solo con la excusa de acariciarlo. Quizá yo también me estoy comportando demasiado intensa para una sola noche.
—Mira, sobre quedarme…
—No, olvídalo. —Herio apoya su dedo índice en mis labios y otro escalofrío me recorre. Está tibio—. Retiro lo dicho. Hablemos eso mañana. Si lo hablamos hoy, todo lo que salga de tu boca, creeré que lo dices para salvar al perro.
Vuelve a llover otra vez. Al inicio, el golpe de las gotitas contra los cristales es como una canción que me adormece.
Herio, recostado a mi lado, medio encima de mí, me acaricia el pelo.
Se me hace raro que alguien con quien no había cruzado una palabra hasta esta noche esté siendo cariñoso conmigo.
Me está haciendo cariño .
Eras mi amor platónico.
Egu me gustó porque se parecía a ti.
—¿Por qué me hablas de quedarme? Vas a traer de vuelta a tu exnovia igual. No creo que porque te haya hecho una mamada vayas a renunciar a traer de regreso al amor de tu vida.
Las caricias de Herio se detienen un instante. Un sentimiento frío se instala en mi pecho, pero él me da un beso suave en la mejilla.
—Es que ha sido la mejor mamada de toda mi vida —dice riéndose.
—¡Yapo! ¡Lo digo en serio!
Suspira y con delicadeza, afirmándome desde el mentón, gira mi rostro para que lo mire a los ojos.
—Voy a revivir a Egu, no te he mentido con eso. Se lo prometí. Pero no sé qué seremos ella y yo. No puedo hacer como que no te cruzaste en mi camino, panpina. La primera vez, ella estaba viva y te bloqueé. Ahora ella estaba muerta y las cosas fueron diferentes. Ya están hechas.
El frío en mi pecho se transforma rápidamente en un montón de burbujas de calor. Pero él todavía siente culpa. Se percibe entre el roce de mis dedos sobre su piel.
—Todavía sientes culpa.
—¿Cómo no voy a sentirme culpable? Mientras me chupabas la polla no pensé ni un solo maldito segundo en ella.
Intento no sonreír. Parece torturado, pero sus palabras me deleitan como un chocolate derritiéndose en mi boca.
—Deja ya de sentirte culpable. A ella la amas, lo que sientes por mí no es amor. Solo fue sexo.
Él ladea el rostro y la intensidad de su mirada de plata hace que se me retuerzan las tripas.
—¿Y qué sabes tú? ¿No crees que alguien puede enamorarse en una noche?
—No. Eso es algo que solo creen los idiotas.
Herio se ríe y me da un beso en la comisura de la boca, mientras desliza una mano por mi vientre.
—Ah, ¿sí? —Deja unos besos en mi mejilla, en mi cuello—. ¿Estás segura?
Me río, no solo por la tontería que está diciendo, sino porque las caricias que hace en mi vientre me hacen cosquillas.
—¡Lo digo de verdad! —chillo.
—Yo también. —Me mira a los ojos y deja la mano tranquila—. Dame una semana, panpina, y haré que tú también te acabes enamorando de mí.
Se me escapa una carcajada y me mira ofendido. Está loco, es un tonto.
—Hablaremos de eso mañana —digo entre risas.
—No me gustan tus evasivas.
Desliza su mano por mi cuello hacia mis pechos y la deja ahí, de una manera cariñosa, pero a la vez posesiva. Su tacto me causa cosquillas por todos lados, su aroma a manzana me adormece. Me quedaría toda la noche con él y estoy segura de que no tendría problema en quedarme una semana entera.
Pero tengo que regresar a mi país por una reunión importante. Y Vicente puede enviarme a buscar en cualquier momento.
Apoyo mi mano en su mejilla y él me mira a los ojos.
—Oye, Herio, ¿si cerramos nuestro vínculo eso te dará más poder?
—Bai. [148]
—¿Eso te sirve de algo?
—Creo que sí. —Herio mira hacia la ventana—.
¿No puedes sentirlas? ¿A las almas? Yo sí.
Siempre las siento, pero esta noche están eufóricas.
Rodean la casa, me piden que vaya con ellas.
—Vuelve a clavar sus ojos en mí—. Creo que no solo es por ser Gau Beltza.
Creo que mi vínculo contigo me ha hecho más sensible.
En teoría, tener una sorgina le da poder a un dios.
Hasta el momento, el único que tenía sorginak vinculadas era Akerbeltz.
Aunque he oído rumores de que Mikel y Haize también han conseguido una.
Mikel y Haize. Mis amigas han mencionado a esos semidioses.
—Entonces te ayudaré. No puedo prometerte nada más, pero eso sí. Te ayudaré a traer de regreso a tu ex.
Herio sonríe y acaricia mi brazo.
—¿Irás conmigo al infierno, neska?
—Sí. Vengo de Latam. —Le saco la lengua—. El infierno no es nada. Los españolitos sois unos lloricas.
Herio me pellizca el pezón y yo suelto un chillido. Se ríe y me agarra de las muñecas mientras hunde su rostro entre mi cuello y mi pelo.