Hogeita bost. ¿Qué es el amor? Veinticinco #2
Tomo una bolsa de gomitas del cajón y camino hacia la cama.
Me siento, abro la bolsa y me como una gomita roja.
La saboreo y trato de ponerme en el lugar de Herio, pero me cuesta.
Nunca me he enamorado de alguien. Creí estar enamorada de Vicente cuando más niña y solo era un vínculo tóxico. Sigue siendo un vínculo tóxico.
Aunque sí he perdido a alguien a quien amaba. Y me vine al otro lado del mundo para buscar alguna pista de ella. ¡Pero es mi hermana! Uno puede superar a su ex muerta. No es igual. A un hermano no lo olvidarás jamás. Tampoco lo reemplazarás por otro.
En cambio a la ex…
Ser mi sorgina trae consigo un contrato de exclusividad.
Eso es. No tengo que desesperarme. Yo le gusto, aunque intente negarlo y reducirlo a algo sexual.
Cierro un momento los ojos, disfrutando las gomitas dulces. Antes, al tocar a Herio he percibido sus sentimientos. Ansiedad, culpa. Eso es lo que le pasa. No es que siga enamorado de su ex, solo se siente muy culpable. Si la amara tanto no querría retenerme, no querría chupetearme el cuerpo.
Bueno, quizá sí. Tal vez solo lleva mucho tiempo sin sexo.
¡Sí! ¡No hay condones en su escritorio! Me levanto, miro la mesita de noche y abro los dos cajones.
Tampoco hay ninguno aquí. Podría tenerlos en otro sitio, pero por cómo se ha comportado y por la culpa que siente…
¿Podría ser que no ha estado con nadie en mucho tiempo, ni siquiera sexualmente?
Rebusco un poco más y mis dedos se topan con… Mierda. Es una foto.
La levanto, el agua todavía suena en la ducha y no creo que él vaya a salir.
Es de esas fotos instantáneas y sale él, más joven, con el pelo más largo y recogido en una coleta, abrazado a una chica en la playa.
La chica le está plantando un beso en la mejilla y es la cosa más hermosa que he visto sobre la faz de la tierra.
Lleva un vestido negro, corto y vaporoso.
Sus dos coletas de pelo rosa pastel vuelan al viento y no es como el que me teñía yo, sino rosa de verdad.
Se ve natural, pareciera que nació con él.
La piel de ella es incluso más blanca que la de Herio, como una muñeca de porcelana.
Panpina.
Muñeca. Es así como me llama Herio.
Trago con dificultad y la angustia se clava fuerte en mi pecho. ¿Es posible que me diga así porque le recuerdo a su ex? ¿Porque dije que me sentía como una muñeca? Y aunque no tengo esa piel, porque la mía es morena, suelo vestirme como una muñeca.
Mierda. Mierda.
Dejo caer la foto en el cajón y lo cierro, con el corazón latiendo muy fuerte. Su ex era una diosa y es evidente hasta en una maldita foto. Esa chica parecía irradiar luz incluso en el papel. Y la expresión de Herio en la foto… Sus ojos en vez de maliciosos parecían radiantes y felices.
Me siento en la cama y me limpio los ojos. ¿Por qué estoy llorando? ¿Soy idiota? Me cuesta respirar. Esto no tiene sentido, no tiene que importarme tanto. ¡Lo conozco hace unas horas! ¡No puede importarme tanto!
Inspiro profundo, más profundo. Respiro una y otra vez, haciendo un esfuerzo por calmarme o voy a despertar a Charlie.
Creí que podía manipularlo, seducirlo porque se siente atraído hacia mí. Pero ¿cómo voy a luchar contra eso? ¿Contra una diosa?
Ahora entiendo por qué está tan empeñado en revivirla.
Me tiro de espaldas en la cama y arrojo la bolsa de gomitas a la mesita. Hace frío, así que tomo el cobertor negro y me lo paso por encima. Me quedo mirando el techo mientras las lágrimas caen por los costados de mi cara.
Soy una idiota. Solo me revivió porque le recordaba a su ex. Quizá… Quizá de alguna forma sintió que la estaba salvando a ella, que podía enmendar un error. [128]
Herio
Joder, que alivio es que el agua de la ducha me quite la sangre y mis pensamientos sucios.
Sofía Ochoa está en mi cuarto, en mi puto cuarto. ¡Solo con mi sudadera y en bragas!
Cierro los ojos, dejando que el agua caliente me golpee, pero no logro quitarme esa idea de la mente. No logro dejar de pensar en su olor, en sus pezones en mi boca.
¿Q ué es el amor, Herio?
¿Por qué tenía que decirme justo esas palabras?
¿Cómo puedo estar excitado y sentir tanta culpa y tanto remordimiento a la vez?
Me siento infiel. Me siento desleal. Egu está muerta, pero le juré amor eterno, más allá de la vida y la muerte.
Esta noche iba a traerla de vuelta. Iba a dar el primer paso para tener mi poder completo y revivirla.
¿Y qué estoy haciendo? He traído a una chica a mi casa. Y no a cualquiera. A la chica de mis sueños.
Es la peor traición posible. Cierro los ojos de nuevo, intentando concentrarme, percibir las presencias.
¿Estará Egu rondando, observándonos? La he percibido en el altar de la catedral, pero quizá era el remanente de energía que alguna vez dejó ahí.
Y ahora… Ahora si cierro los ojos percibo la presencia de Sofía en mi cuarto y es tan potente, que no logro enfocarme en nada más.
Es mi dueño. El único con derecho a tocarme.
¿Tocarla? De solo imaginar a otro hombre tocándola siento unos instintos diabólicos. No solo voy a encontrarlo y matarlo. Voy a torturarlo, le arrancaré los ojos, la piel lentamente. Oiré sus gritos y me masturbaré con el recuerdo de su muerte lenta y dolorosa.
Sofía Ochoa no volverá a estar con otro hombre que no sea yo.
La manera en que gemía mientras le chupaba los pezones en la catedral me persigue.
No consigo pensar en otra cosa. Estoy tan caliente que el agua casi se evapora en cuanto me toca la piel.
El vapor se acumula en el baño hasta que no veo ni mis propios dedos agarrándome la polla.
Arriba y abajo. Arriba y abajo. Me masturbo pensando en Sofía, en su olor.
Ha arruinado mi noche ritual, una noche que tenía que ser perfecta, pero no puedo dejar de pensar en esos bonitos ojos redondos que tiene y esas tetas de diosa, blanditas entre mis manos.
Oír a Sofía Ochoa gemir y que yo sea el que ha provocado esos gemidos es lo más excitante que me ha ocurrido en la vida. Que Egu me perdone en el más allá, solo es algo sexual.
¿Q ué es el amor, Herio?
Joder, basta.
Solo.
Es.
Sexual.
Voy a revivir a Egu. No hoy, quizá. Habrá otra manera de hacerlo.
Y antes de eso voy a follar a Sofía Ochoa de todas las formas posibles que he imaginado durante años.
Los espasmos de placer me recorren, la risa de Sofía jugando con el perro en el bosque vuelve a mí, su brazo buscando el mío cuando tenía miedo, sus gemidos. Sus putos gemidos.
Contigo me siento segura.
Apoyo la espalda en la pared y me sigo tocando. ¿En verdad es mi sorgina? ¿Cómo voy a tener tanta puta buena suerte? Al pensarlo me acerco al orgasmo. De imaginar su boca en mi polla me acerco al filo de un abismo al que no debería caer.
Pero caigo. Me corro pensando en ella, en su sangre deliciosa contra mi lengua. ¿Sabrá mejor porque es virgen? Parece que esas tonterías sobre las vírgenes que se inventaban en el pasado tenían algo de real.
Akerbeltz me mataría si sabe que tengo una virgen en mi casa y no se la llevo al ritual.
Antes muerto.
Salgo de la ducha y me rodeo el cuerpo con la toalla.
No veo mi reflejo en el espejo, hay demasiado vapor.
¿Y que es este vacío que siento? La excitación de la paja que me acabo de hacer empieza a disiparse mezclada con otra cosa.
Una cosa que se siente como un maldito agujero en el pecho. Un vacío nauseabundo.
No puedo creer que me sienta traidor por una maldita paja. [129]
Estiro la mano y la paso por el espejo empañado del baño, la deslizo hasta que la mitad de mi cuerpo es visible. Me seco el pelo mojado con una toalla, mirando mis ojos plateados en el reflejo y… ¡Hostia puta!
Detrás de mí, durante un instante, la veo. Su pelo rosa flotando, sus ojos celestes juzgándome, confundida como agua con el vapor del baño.
Me giro y la toalla con la que me secaba el pelo cae al suelo. Respiro como un loco, pero no hay nadie ahí. La presencia de Egu se esfuma, ya no la siento, pero juro que estaba aquí. La he visto. Hostia, ella me ha visto. Ha visto lo que acabo de hacer y sabe que estaba pensando en Sofía.
Y antes era distinto. Antes Sofía era alguien inalcanzable, irreal.
Pero ya no lo es.
Ahora es muy real. Demasiado real.
Empujo la puerta del baño, cubriéndome la parte inferior del cuerpo con una toalla y el vapor repta por la habitación. El reloj marca las doce. No son ideas mías, Egu me ha estado espiando.
¿Tanto tiempo transcurrió mientras me bañaba? Tal vez solo pasa más lento cuando estoy con Sofía.
Y Sofía se ha quedado dormida en mi cama.
La culpa es peor que antes. El placer residual de haberme hecho una paja todavía cosquillea en mi vientre mientras camino hacia la cama. Me siento al lado de Sofía y contengo la tentación de tocarla.
He sido un cabrón. He jodido todo solo porque Sofía se ha cruzado en mi camino. Dos años de duelo, de serle fiel incluso después de la muerte… para que esta chica en unas cuantas horas en mi vida me hiciera dudar de todo.
¿Qué debería hacer? Todavía quedan horas para el ritual. Pero si lo hago… ella va a odiarme para siempre. Y si no lo hago, la que va a odiarme es Eguzki.
Aunque tal vez si mantengo una distancia decente con Sofía, cuando la reviva, Egu pueda perdonarme. Incluso si tardo un poco más de lo que pensaba.
Sofía se estremece, creo que tiene frío. Fuera se oye la lluvia, cayendo de nuevo.
¿Podría? ¿Podría mantener las distancias? Deslizo mis dedos por la piel desnuda de su hombro. Sofía Ochoa está en mi cama. Es un maldito ángel durmiendo entre mis sábanas. Un ángel pornográfico.
Distancia decente los cojones.
Balbucea algo medio dormida y se gira. Nuestros ojos se encuentran y estoy seguro de que alejarme de ella sería imposible.