Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi) Hogeita bost. ¿Qué es el amor? Veinticinco
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Hogeita bost. ¿Qué es el amor? Veinticinco

HOGEITA BOST ¿Q ué es el amor? VEINTICINCO

Sofía

—No es necesario que te quedes pegada contra la puerta.

—Ya —aparto la mirada, me quedo en la puerta.

—No te voy a hacer nada. De hecho, aquí estás bastante a salvo. Si mi amuma se entera de lo que intenté hacerte en la catedral, es posible que me entregue de sacrificio a Akerbeltz ella misma.

—Pero ella no está.

Solo estamos los dos y Charlie, en este cuarto oscuro.

Ni siquiera ha prendido la luz, quizá la escasa luz que llega desde el jardín es suficiente para él.

Y me incomoda mucho que lo más grande de la habitación sea la cama, espaciosa y de sábanas negras.

Tenían que ser negras, por supuesto. Está desordenada, como si se hubiera marchado con prisa.

Y huele a manzanas. Estoy a unos pasos de la cama, pero ya desde aquí puedo olerlo.

—En serio, te he dicho que no volveré a tocarte así. —Se detiene un momento—. Alexa, enciende la luz de la mesita.

Espero que Alexa sea la virtual y no un fantasma llamado así al que le da órdenes mágicas.

Alexa, virtual o muerta, prende la luz. Herio camina hacia mí y trago con dificultad.

Me paso una mano por el pelo y miro las otras cosas, intentando disimular.

Hay un escritorio en la esquina con algunos libros y una tabla de surf al lado, apoyada en la pared.

¿Por qué tiene alguien como él una tabla de surf? ¿No debería tener algo más adecuado?

Algo como una guadaña. [125]

¿Y por qué se acerca tanto?

—Cógelo, a ver si vuelves a confiar un poco en mí. —Se detiene a solo un paso de distancia, saca algo del bolsillo del pantalón y trato de ignorar el caos de mi cuerpo ante el hecho de tenerlo tan cerca—. No creo que siga funcionando, pero…

¡Es el iPhone! Lo deja entre mis manos y el pulso se me acelera todavía más en los breves instantes que nuestras manos se tocan. Algo debió ocurrirme con ese ritual, porque sí, siempre lo he encontrado guapo, pero las reacciones químicas de mi cuerpo están yendo demasiado lejos.

—Me alegro de que lo rescataras. —Afirmo el colgante de plata de mi hermana entre los dedos—. No era el teléfono lo importante.

—No me jodas que es un regalo de tu ex.

No puedo contenerme. Levanto la vista y le dedico una media sonrisa.

—¿Y si te dijera que sí?

Algo terrible se revuelve en la tormenta gris de sus ojos y el placer de sentirme tan deseada por él enciende mi vientre. Luego recuerdo que está obsesionado con su ex y se infesta de algo que se siente como… veneno.

Mierda. ¡Sofía! ¡Solo lo conoces hace unas horas! ¡No seas tóxica!

—Ni siquiera es un ex —añado—. Es bastante actual. Es… ¡Ey, qué haces!

Herio me quita el móvil de las manos y agarra entre los dedos el colgante. Me doy cuenta con horror que va a arrancarlo.

—¡Es broma! —Me arrojo sobre él y se lo trato de quitar—. ¡Me lo dio mi hermana!

Él se detiene y me mira, arqueando una ceja. La maldad y las promesas de asesinato son las palabras que definen su expresión en este momento.

El corazón me golpea el pecho.

—¿Benetan? [126] ¿De verdad te lo dio ella?

—¡Sí! —respiro acelerada, recupero el teléfono y lo meto en los bolsillos de la sudadera—. Por eso me arrojé por él, idiota. ¡Pero no tendrías que ponerte así si fuera de un hombre!

—¿Sabes qué pasa, neska? —Herio se inclina hacia mí y retrocedo un paso, chocando mi espalda contra la puerta—. Ser mi sorgina trae consigo un contrato de exclusividad.

—Lamento decirte que ya hice ese trato con otro. Solo he venido un tiempo a Euskadi, tengo que regresar a…

—Ya hablaremos eso cuando mi amuma nos diga cómo seguir con esto.

—¿Seguir con esto?

No sé por qué estoy respirando tan agitada. Herio se cierne sobre mí, como si me tuviera secuestrada otra vez.

—¿Estoy secuestrada otra vez?

Su sonrisa se estira con malicia.

—¿Quieres estar secuestrada otra vez?

—No.

Aunque no estuvo tan mal la primera.

—Mira, Sofía, el vínculo de sorgina es importante. No creas que es como hacerse un tatuaje con los amigos. Probablemente estemos unidos toda la vida. Quizá también las siguientes.

—¡¿Qué?!

En serio, su sonrisa es demoniaca.

—Así que dame el nombre de ese hombre, el pobre imbécil que piensa que tienes que regresar con él a Chile. ¿Es ese tal Vicente? ¿Es tu novio? Mándale un whatsapp y termina con él.

Diooosss, ¿es normal que me esté causando cosquillas deliciosas entre las piernas la manera asesina en que pronuncia el nombre de Vicente? Lo pronuncia como… como si le fuera a disparar.

Eso no debería ser excitante. No debería.

—Yo no lo llamaría novio. —Apoyo la espalda en la puerta y suspiro—. Es mi… ¿mi dueño? Es quien administra el dinero de mi OnlyFans. Y el único que tiene derecho a tocarme. Es lo más cercano que tengo a una relación.

A Herio le da un tic nervioso en el ojo. En serio. Ni siquiera le tembló de esa forma cuando lo estaban amenazando con una pistola.

—¿Estás enamorada de él? Espero que no, porque le quedan pocos días de vida.

Se me escapa una risa.

—¿Qué es el amor, Herio? —digo con sarcasmo—. Yo no sé lo que es eso.

Retrocede como si lo hubiera golpeado. Aprieta los labios, se pasa una mano por el pelo y me mira de una manera que no logro interpretar.

¿Se ha enfadado? Me da la espalda y camina hacia la cama.

Charlie se ha subido y ahora lucha con las almohadas de Herio, zarandeándolas de un lado a otro como si fueran enemigos.

—¡Bájate de ahí! —Lo agarra del pelo sobrante del cuello y lo deja en el suelo—. ¡Ondo porteu! [127]

Herio clava los ojos en el reloj de la pared del fondo, marca las once y cuarto.

¿Qué pasa con esta noche que el tiempo se pasa tan lento? ¿Es una broma?

—Espero que mi amuma llegue pronto. —Mira a Charlie y luego a mí—. Voy a ducharme.

—¿Sigues preocupado por la hora del ritual? ¿Todavía piensas hacerlo? —Cruzo el cuarto y me detengo junto a él—. ¿En serio serías capaz?

Herio vuelve a pasarse la mano por el pelo, de esa manera nerviosa que se lo deja todo alborotado y sexy. Está enfadado por algo. ¿En serio le molestó eso que dije del amor?

—No quiero hacerlo. —Tuerce los labios y me mira molesto—. En serio no quiero hacerlo, ¿vale? Pero si no hay otra forma, haré lo que tenga que hacer.

—¡Pero…!

—¡Te he dicho que me lo pensaría, joder! Te he dicho que buscaríamos opciones. Pero no te he prometido que la idea quedaba descartada del todo.

Me da la espalda y camina hacia una puerta que hay cerca del escritorio.

—Voy a quitarme toda esta sangre. —Apunta con la mano la sangre seca que se pega como otro tatuaje en sus músculos—. No salgas. Esta casa está rodeada de tumbas, de almas furiosas. Y hay una, bastante poderosa, a la que no le caes especialmente bien.

—¿Por qué te has enfadado ahora?

Se detiene con la mano en la puerta del baño. Por un momento creo que no va a responderme, pero se gira hacia mí.

—No estoy enfadado contigo.

Me duele el corazón. Porque creí que ya se había olvidado de lo de Charlie. Porque no me gusta que me mire como lo está haciendo en este momento. Con esa especie de apatía, como si otra vez hubiera una distancia enorme entre él y yo.

—¿Entonces?

Herio duda. Luego aparta la mirada.

—Me has recordado a mi ex.

¿Qué? ¿Por qué?

Pero no dice nada más. Empuja la puerta y se mete en el baño.

Trato de entenderlo, en serio, lo intento. Sé que no debe ser fácil lo de su ex. Solo murió hace dos años y me imagino que fue importante para él, no solo porque fuera una diosa, sino porque nunca se le ha visto con ninguna chica desde que ella murió.

¿Pero insistir con matar a Charlie? ¿Después de que Charlie incluso lo salvó mordiendo a ese hombre cuando estuvo a punto de a disparar?

Doy unos pasos hacia el cachorro, pero él se mete debajo de la cama.

Me agacho para llamarlo, pero se ha acurrucado y me mira hecho bolita, acomodado en lo que parecen ropas abandonadas de Herio debajo la cama.

Bueno, mejor. Que se quede ahí y Herio ni lo vea al salir. Tengo que distraerlo, todavía queda tiempo. Me muerdo las uñas, paseando de aquí para allá.

No, no. No sirve de nada que me ponga nerviosa.

Estábamos avanzando, dijo que no quería hacerlo a pesar de que al inicio se burlaba y decía que le daba igual.

Aunque en realidad yo creo que nunca le dio igual.

Ya me he dado cuenta de que tiene una tendencia a hacerse el duro más de lo que realmente es.

Solo necesito reunir todo lo que sé de él y acercarme. Acercarme más.

Aunque sea un semidiós, es un chico normal.

Y cliché. Su cuarto lo demuestra; una representación visual del semidiós de la muerte.

Vigas de madera oscura, las paredes de color ceniza azulado y cortinas negras.

Cobertor negro en la cama. Lo único color crema son las almohadas, parecen fundas de seda.

Curioso considerando que tiene un coche de mierda y una casa…

antigua. No es una mala casa ni se cae a pedazos.

Solo es muy antigua. La madera vieja se queja bajo mis pies cuando cruzo hasta el escritorio de madera robusta.

Tal vez tenga un diario de vida donde esconda sus secretos. Podría usarlos para manipularlo mejor.

Se oye fuerte el sonido de la ducha en el baño, así que no creo que salga por ahora. Aprovecho el tiempo y empujo los libros que tiene desordenados. Ningún diario. Tampoco en los cajones, donde solo hay tonterías y paquetes de gomitas sin abrir.

Suspiro. Tan cliché y normal no es, no se ve ningún paquete de condones como se esperaría en un joven de su edad.

Ordeno de nuevo los libros y uno llama mi atención. Es de Mariana Enriquez, un ejemplar de Nuestra parte de noche .

¿En serio? Esto sí que es cliché. El semidiós de la muerte leyendo novelas oscuras sobre hombres siniestros como él. Lo peor de todo es que he leído ese libro y el protagonista no solo estaba loco, sino que atormentado y obsesionado también con su mujer muerta.

Mierda. Espero que no haya romantizado ese libro.