Hogei. Sangre para los dioses. Veinte #2
A espaldas de Herio, Mateo agarra a Charlie con un brazo y levanta el otro para disparar a Herio.
Está a menos de un metro de él. Veo con horrorosa lentitud imposible como alza y estira el brazo para apuntar.
Me olvido de mi propio dolor.
—¡Cuidado! —grito, pero es demasiado tarde.
Herio se gira y el tiempo se retuerce y la luz de las antorchas se refleja en el cañón de metal. La pistola se detiene frente a la cabeza de Herio.
—¡Arggg! —Mateo grita y ¡bang!
El disparo truena por sobre la música endemoniada del órgano y las piedras saltan disparadas desde el pilar que está justo al lado de Herio. Mateo da alaridos como un poseso, sacudiendo el brazo y tratando de quitarse a Charlie que lo muerde furioso.
No le ha dado. No le ha dado a Herio.
Me duele respirar. Creí que… Dios, no le ha dado por poco. Si Charlie no hubiera mordido a Mateo, Herio estaría muerto. ¿Puede morir el semidiós de la muerte? Todavía no es un dios, supongo que sí.
Ahora la sangre mana del brazo de Mateo mientras Charlie lo sigue mordiendo.
La pistola de Mateo cae al suelo, Herio se arroja por ella y en un instante está de pie, apuntando a Mateo.
Parece salido del infierno, con el pelo marrón respingado hacia todos lados y la sangre de su hombro herido todavía chorreando, cubriendo de rojo el cuervo tatuado en sus bíceps.
Mateo se retuerce de dolor, pero golpea a Charlie con el codo y consigue que le suelte el brazo. Lo agarra del cuello y nos mira furiosos mientras el cachorro sigue gruñendo e intentando morderlo.
—Lo voy a estrangular si te acercas. —Amenaza Mateo, sacudiendo a Charlie como si fuera un muñeco.
—Estarás muerto en un instante. —Herio lo apunta directo a la cara.
No tiembla, ni siquiera por la herida de su hombro.
—¡Si le disparas voy a matarla! —Andrés retrocede, alejándose de Herio, sin quitarme la navaja del cuello—. ¡En serio, Herio, voy a matarla! ¡Déjalo marchar!
Empiezo a sollozar. No puedo evitarlo. Me duele demasiado el brazo y es horrible ver como ese hombre está a punto de estrangular a Charlie.
¡Y esa maldita música que no para!
—¡Llévatelo! —grita Andrés—. ¡Llévate el puto perro!
No sé si se refiere a Herio o a Mateo. Estoy tan aturdida que no sé a quién le habla. Herio irá por Charlie. No dejará que Mateo se lo lleve. Él…
Pero no. Herio se gira hacia nosotros y apunta ahora hacia acá.
—Suéltala —masculla furioso—. Llevaos al perro, pero suéltala.
No. No puede ser.
Andrés titubea.
—No te creo. Vas a dispar…
—¡Lleváoslo! —La mirada gris de Herio es asesina—. ¡Voy a dispararte si no la sueltas!
—Está bien. Ven a por ella. —Andrés me agarra de los hombros, me gira y me abraza.
No. Mierda, no me abraza. Un dolor agudo y terrible y profundo me atraviesa el abdomen. Me doblo en dos, curvada por el dolor y caigo de rodillas, con la navaja clavada en el vientre.
Afirmo la empuñadura con las dos manos mientras caigo.
No alcanzo a caer al suelo, Herio me sujeta de los hombros y me apoya contra un pilar. Andrés aprovecha este instante para escapar. No oigo lo que le grita a su amigo pero los dos corren hacia el fondo del enorme salón, llevándose a Charlie con ellos.
¿Está muerto? No se mueve.
—No quites la navaja —dice Herio y no entiendo por qué.
¿Por qué no retirarla, si me duele tanto?
Buum, nan, naaaaaan, bum, las notas del órgano aumentan junto con el dolor. Las sombras tiemblan por todos lados. Andrés corre, Mateo corre con Charlie en brazos y apenas los veo. Hay sombras bailando por todos lados.
¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! La pistola, las notas del órgano.
Herio de pie, con los brazos extendidos, apuntando.
¡Bang! Los músculos de su espalda desnuda y tatuada se tensan como cuerdas cada vez que dispara.
Saltan rocas de la pared del fondo. Y a pesar de la distancia, a pesar de la oscuridad, logra darle a uno y Andrés cae gimoteando entre las sombras, agarrándose la pierna.
Sigue vivo, pero Herio va ahora a por Mateo.
Más disparos, más piedras saltando cuando Mateo ya casi llega a la puerta del final. El órgano enloquece en el tercer movimiento de esta melodía malvada.
Creo que estoy delirando.
¡Bang! ¡Bang! Mateo corre, ya casi toca la puerta. ¡Bang! No llega. La cabeza le estalla y la sangre salpica la pared y el suelo de piedra de la catedral, mientras el cuerpo cae con violencia. Charlie cae también y se queda ahí. Parece un muñeco.
Pobre Charlie, por favor que esté bien. Dios, como duele esto.
Herio camina lentamente hacia Andrés, como si disfrutarla verlo arrastrándose por la piedra sagrada.
El hombre intenta agarrar algo del suelo.
La navaja, se le debe haber caído. La agarra.
Me cuesta ver, enfocar, pero sí, es Herio quien está de pie.
Herio desarma a Andrés de una patada en la mano y saca su propia navaja del bolsillo de sus vaqueros negros.
Inspiro profundo y recupero la visión.
—¡No! ¡Por favor! —Andrés se gira hacia Herio, levantando las manos para apartarlo, pero Herio se le sube a horcajadas encima y lo empuja contra el suelo—. ¡Te lo suplico! ¡Haré lo que sea, no me…!
Herio levanta la navaja y traza un corte horizontal.
El filo brilla como una línea de fuego a la luz de las antorchas y la voz de Andrés se convierte en ruidos asquerosos, intentos ahogados por respirar.
Se lleva las manos a la garganta y cae al suelo, degollado, todavía tratando de encontrar el aire.
La música termina, asesinada. Silencio. El silencio de la lluvia.
—Te he dicho que no le hicieras daño —murmura Herio, pasándose la mano por los labios y limpiándose la sangre.
Se gira hacia mí y el corazón se me dispara. Eso hace que duela más. Pero es imposible que mi corazón no enloquezca. Herio camina hacia mí, con la sangre de Andrés desparramada por el torso desnudo, escurriendo entre sus abdominales, por las curvas de su oblicuo.
Es un demonio ensangrentado que pretende llevarme al infierno. El dolor es cada vez peor, pero es hermoso. El arte está incluso en la muerte.
—Sofía.
Qué oscuridad. Y aunque dicen que la muerte es fría, se equivocan. Es cálida y huele a manzanas frescas.
Herio me toma entre sus brazos. Lo único que veo son sus ojos plateados y las sombras que danzan a nuestro alrededor.
Dios, la muerte es maravillosa no puedo dejar de mirar esos ojos. Brillan como la luna en las tinieblas. La visión se me nubla. Creo que Herio dice algo, creo que el mundo gira demasiado deprisa. Creo que…
Un perro gimotea. Charlie. Charlie está bien.
Cuesta respirar.