Hama sei. Panpina. Dieciséis #2
—Están en mi país. —Su voz suena más tranquila y me quedo quieto. No me levanto—. Me vine con la excusa de estudiar un par de años y lo permitieron, pero ya tendré que volver pronto. Vicente me envía mensajes y me llama constantemente. Me ha ordenado que regrese.
Vicente. El nombre se me graba en la mente. Solo de oírlo siento ganas de deshacerme de él.
—¿Por qué Bilbo? ¿Por qué elegiste esta ciudad?
La curiosidad mató al gato. Juro que es la última pregunta que le hago.
—Mi familia paterna es de acá. —Se calla un momento, como si le costara hablar. Algún coche pesado pasa por la calle de arriba porque la caverna retumba con fuerza—. Bilbao fue donde mi hermana estuvo por última vez.
Estira la mano y me toca el brazo. Me pongo tenso de inmediato. Tiene la mano fría. Una corriente me recorre desde sus dedos hasta el centro de mi pecho.
—¿Me das otra gomita? —Suena resignada.
El aroma de su pelo, de su piel, llega hasta mí. Huele a frutas.
—Gomita —repito. Con que así le dicen allí—. Noski. [94]
Le doy varias y ella retira la mano. ¿Por qué he sentido eso? Ella siempre me ha generado atracción sexual, pero… Esto se está convirtiendo en algo más intenso y personal de lo que esperaba. Y antes percibí esa energía rodeándola. No se trata de mera atracción física.
¿Será que traerla de la muerte creó algún tipo de conexión entre nosotros?
Hace dos años, cuando Egu murió, creí que nunca volvería a enamorarme.
Incluso creí que nunca podría acostarme con otra mujer.
Sí, puedo encontrar a una que otra que me parece atractiva, pero no hasta el punto de querer involucrarme.
Ni siquiera físicamente. Incluso probé con chicos.
Después de Egu todas, todos me parecían insuficientes, casi asquerosos.
Tal vez porque ella era una diosa y los demás mortales.
Tal vez porque estaba enamorado.
La única persona con la que a veces fantaseaba era Sofía.
Después de unos meses de luto volví a descargar su contenido y satisfacerme a mí mismo con sus vídeos.
Pensar en Egu para hacerme una paja era demasiado doloroso.
Acostarme con otra chica era asqueroso. Pero masturbarme con vídeos de Sofía era… un alivio.
Y de todas formas me hacía sentir culpable, porque aunque Egu llevara meses muerta, imaginarme con otra chica me hacía sentir traidor.
Y ahora, hostia, la tengo medio desnuda sentada a mi lado.
Quizá esto es una prueba. Tal vez los dioses la han enviado para ver si merezco el amor de una diosa antes de decidir si puedo o no ascender.
No me está yendo bien.
—Gracias por las gomitas. —Sofía suspira—. Creo que sigues siendo un desgraciado, pero me han hecho sentir mejor.
—Guay, pronto saldremos de aquí. Esperemos un poco más y tomaremos la salida más cercana.
—¿Puedo comer una más?
Estiro la mano y le paso el paquete.
—Bai, [95] todas las que quieras.
Hostia. Ya he sonado como un baboso de mierda.
Sin embargo, me siento recompensado porque se acomoda y su brazo queda medio apoyado contra el mío.
La oigo masticar las gominolas. Por el sonido que hace parece que se ha echado a la boca como mínimo tres.
Ya ni siquiera me importa si me deja una roja.
El sonido aglutinante de las gominolas deshaciéndose entre sus dientes me causa un calambre en el vientre y despierta deseos perversos en mí.
De la nada se ríe otra vez. Una carcajada fría que me pone la piel de gallina.
—Esto es ridículo —dice entre risas—. Estar aquí, contigo.
—Eskerrik asko. [96]
Cada vez veo su perfil con más claridad, lo que no tiene sentido porque no hay más luz que antes.
—Mi vida era tan distinta ayer. —Alza la cara al techo y mira con nostalgia la oscuridad—. Es como si un solo acontecimiento le hubiera dado vuelta de manera absurda.
—Eso provoca la muerte.
Y empiezo a sospechar que lo que dice es más profundo de lo que ella cree. ¿Es posible que si la traje de vuelta hayamos creado un lazo mágico? Akerbeltz tiene humanas vinculadas a él. Sus sorginak. Siempre las ha vinculado por medio de ritos sexuales. No con la muerte.
Pero él no es el dios de la muerte.
—Herio, ¿nunca has sentido que has vivido muchas vidas? Como si el pasado fuera otra vida. —Se echa otra gominola a la boca y la saborea un momento—. A veces siento que en mi país yo era otra persona. Es tan lejano, tan diferente. Yo era tan diferente.
Hummm. Saco otra gominola para mí y me guardo el paquete en el bolsillo. El ruido hace que Charlie levante la cabeza y olisquee mi ropa.
He sentido lo que comenta Sofía. Mi vida antes de saber que era un semidiós era otra. Mi vida cuando estaba enamorado de una chavala de TikTok que ni siquiera sabía que yo existía, era otra. Luego conocí a Egu. Conocer a una diosa me cambió. O eso pensaba.
Sofía Ochoa ya no puede tener ese poder sobre mí.
No debería tenerlo.
—¿Y qué eras en esa vida, neska?
El zumbido de los coches nos envuelve, Sofía acaricia a Charlie en la oscuridad.
—Una muñeca. Solo era una muñeca.
Sofía
No sé por qué le estoy contando estas cosas a él.
Solo llevamos, ¿cuánto? ¿Una hora juntos?
Tal vez dos. El tiempo pasa de forma rara en esta caverna.
Se me ha hecho eterno. Y mientras más tiempo pasa, siento como si…
Como si él se pareciera más al hombre que vi cuando estaba muerta. Y ese hombre era… Ufff.
La caverna retumba. Me sobresalto y Charlie también, pero creo que solo ha sido que algo más grande ha pasado por la calle que está encima de nosotros. Puede que un camión.
El zumbido de los coches me recuerda al susurro del tren.
—Creo que por eso me molabas tanto —murmura Herio.
—¿Cómo?
Gira su rostro hacia mí e incluso sentados es más alto y tengo que levantar el mentón para poder mirarlo a la cara. Son apenas rasgos en las sombras, salvo sus ojos. Sus ojos casi no se ven, pero se ven. Un resplandor de plata.
En algún momento, encerrada en este pequeño espacio con él y Charlie, se me ha pasado el frío. Definitivamente, la sudadera debe ser mágica, porque es imposible que una simple sudadera me proteja del frío de este lugar.
—Que fueras como una muñeca. —Sus labios se estiran lentamente hacia un lado en una sonrisa sucia—. Eso me molaba.
Yo resoplo.
—Eso imaginaban todos. Que me dominaban y trataban como a una muñeca para su placer.
Fantasías. Ninguno lo hizo jamás. Salvo Vicente. Aunque ni siquiera a él lo dejé quitarme la virginidad. No mientras esa virginidad me siga dando tanto dinero. Tengo que pagar mi deuda.
Herio se ríe, una risa contenida en la oscuridad. Su risa es maliciosa, siempre. Como si fuera un puto diablillo sexy salido el inframundo.
—Lo dudo. —Estira los brazos y se despereza como un gato—. Dudo que supieras lo que alguien como yo imaginaba de ti.
¿Qué imaginaba? En realidad, no debería importarme saberlo.
Herio se levanta y se me aprieta el estómago. No sé cómo retenerlo más tiempo sin que sea evidente que solo intento evitar que se lleve a Charlie.
Porque solo he estado hablando con él por eso.
—¿Podemos descansar un poco más?
—Ez. [97] Los hombres ya se han ido lo bastante lejos.
—¿Y no es demasiado tarde ya para tu ritual? —Levanto la vista hacia él, aunque apenas distingo su silueta.
Lo peor de todo es que Charlie de un brinco me abandona y se pone al lado de Herio. Se me estruja el corazón, este cachorro lo sigue en todo.
—Lamento destruir tus esperanzas, neska, pero la noche acaba de empezar. Ven aquí.
No obedezco de inmediato. Puede obligarme, claro, estoy atada a él por una cuerda. Además es mucho más grande que yo. También podría simplemente golpearme, dejarme aquí inconsciente y llevarse a Charlie.
Cualquier cosa que haga por la fuerza no va a servir de nada.
—¿Todavía pretendes llevarme con Akerbeltz? No seguirás pensando que soy una espía.
—Ez. [98] —Los ojos de Herio se han convertida en dos líneas finas de plata, apenas visibles—. Ya no creo que seas una espía.
Bueno, supongo que eso es un progreso.
—Etorri hona, panpina. [99] —Herio estira la mano hacia mí en la oscuridad—. Vamos a salir de este túnel de mierda.
Etorri hona.
Un escalofrío me trae un recuerdo.
Y por segunda vez en esta noche, le tomo la mano.
Tal vez sea la tercera.