Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi) Hama sei. Panpina. Dieciséis
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Hama sei. Panpina. Dieciséis

«No, no sé nada del proceso de ascensión.

Ni siquiera ellos la entienden.

No, no todos los ascendidos son dioses».

Fuente: Entrevistas, Izaro.

Amaia Ibarra.

ddd. Fecha desconocida.

Traducción al castellano

Herio

—¿Por qué haces contenido en TikTok?

La pregunta de Sofía me sorprende. Estamos escondidos de un par de delincuentes de mierda, en un zulo asqueroso, ¿y me pregunta eso? Debe haber alguna trampa, no puede ser que me hable de algo tan… absurdo.

Mis ojos se han adaptado a la oscuridad y algo de luz se cuela por algún lado. Veo su cara, veo la chispa de desconfianza en sus ojos.

—Porque me gusta.

—Ah. —Parece decepcionada.

Aguzo un momento el oído, pero no oigo pasos, solo algunas goteras del alcantarillado rebotando por ahí. También se percibe el suave zumbido de los coches en la calle que está encima del túnel, lo que significa que no estamos tan lejos de la salida de Atxuri.

Podríamos tomar esa salida, está cerca de donde he dejado el coche. Si hacemos eso corremos el riesgo de que la peña nos reconozca o, todavía peor, encontrarme con alguien de mi cuadrilla. Pero seguir en este túnel solos significa arriesgarnos a volver a toparnos con Mateo y Andrés.

—También creo que hay difundir la cultura vasca —añado, hablando lo más despacio que puedo.

Ella me mira con curiosidad. Algo se revuelve satisfecho dentro de mí. Qué tontería. No debería importarme la opinión que ella tenga de mis cosas.

—¿Hacer vídeos sin camiseta en el cementerio difunde la cultura? —murmura, sarcástica.

—Bai. [90] Atrae las miradas. —Sonrío, aunque no sé si puede ver mi cara como yo veo la de ella.

Los semidioses, algunos, ven mejor en la oscuridad—.

Además, los muertos tienen derecho a divertirse, les mola que baile sobre sus tumbas.

También atrae turistas, tenemos cementerios guapísimos.

¿Acaso no me escribiste para colaborar por eso?

No responde. Obviamente no fue por eso, seguro que fue por mi cuerpo de semidiós, como todas. Aunque nunca, jamás, ni en mis sueños más pervertidos de adolescente pensé que una de esas todas fuera ella.

Se mueve un poco y su brazo roza el mío. Charl… digo, el puto perro, se ha hecho un ovillo en medio de nosotros.

—¿Todavía tienes frío? —murmuro.

—No.

Sé que está mintiendo. Tiene las piernas contra el pecho y tiembla ligeramente. Ya se habrá dado cuenta de que la sudadera no es mágica.

Meto la mano a mi bolsillo y saco de nuevo el paquete de gominolas.

—¿Una?

Tarda un momento, pero finalmente estira la mano hacia mí. Joder, no puedo saber de qué color son las gominolas con esta oscuridad y prefiero no encender el móvil todavía, por si esos gilipollas siguen rondando. Deberíamos esperar al menos cinco minutos más.

Le paso una cualquiera. Espero que no haya sido roja, no me quedan muchas.

—Gracias —dice y oigo el sonido que hace al masticarla.

Por alguna razón, el sonido me hace pensar en cómo estaba pegada a mí hace unos minutos en el otro agujero. En sus tetas contra mi piel.

Hostia. ¿Cómo puedo ponerme caliente por oírla masticar unas putas gominolas? Casi puedo sentir el calor de su piel, a pesar de que nos separan unos centímetros.

Me siento infiel. Eguzki lleva ya dos años muerta pero me siento infiel. Qué puto asco doy. [91]

—En realidad —susurra y su voz acaricia la oscuridad—, te pedí colaborar porque decías ser el semidiós de la muerte.

Hummm, eso me hace un poco de daño en el ego. Entonces fue por eso.

—¿Por qué te interesa la muerte?

Su TikTok era todo lo contrario al mío. Mientras yo me quito la ropa y bailo entre las tumbas, ella brillaba entre sus sedas de muñeca. Vida, luz, inocencia. Eso representaba para mí.

Me gustaba, solo imaginarme con ella era una idea profana, sucia. Me ponía a mil. Y eso que ni siquiera me creía esa tontería de la virginidad. Si llega a ser cierto que es virgen, Akerbeltz fliparía. Querría a toda costa usarla para el ritual.

—Hummm. —Lo piensa un momento, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

Como si esta noche fuera infinita. Como si no hubiera mejor sitio para charlar que en un agujero debajo de la ría con dos delincuentes husmeando por ahí—.

Me interesa la muerte porque creí que tú podrías saber si alguien está muerto.

No esperaba eso. ¿Quién habrá muerto?

Saco más gominolas y me como una. Ella estira la mano y le comparto unas cuantas. Entre nosotros, Charlie se acomoda y se ovilla todavía más.

—¿Y entonces? —insiste—. ¿Puedes?

—Ez dakit. [92] No manejo bien mis habilidades mágicas. Tal vez con la guía de mi amuma podría. No es algo que pueda hacer aquí y ahora. Nunca lo he intentado.

—¿No? Vaya. —Suena triste.

Me como otra gominola y… Joder. Tengo que controlar mis impulsos. Me sacude una necesidad terrible de satisfacerla, de decirle que podré ayudarla. Solo para que cambie ese estado de ánimo miserable.

No debería inmiscuirme más, pero…

—¿A quién buscas? —Soy un fracasado.

¿Cómo voy a ser un dios si una chavala derrama una lágrima y yo me desespero por darle el mundo entero?

Bueno. No cualquier chavala. Es la chavala de mis sueños.

No, no. ¿Qué me pasa? La mujer de mis sueños es una diosa, Eguzki. Mi novia. Exnovia. No lo sé.

Hostia. Estoy confundido.

Nunca, jamás, me había sentido confundido sobre… ¿Sobre qué? Eguzki es el amor de mi vida. Le juré amor eterno cuando estaba viva y también sobre su tumba. No es que esté confundido sobre algo romántico. [93]

¿Qué quiero de Sofía? Bajo la mirada hacia ella, que se acurruca un poco más contra mí y me muevo sin siquiera pensarlo para tocarla todavía más con el brazo.

Quiero follármela, claro que quiero eso. Eso es lo que cualquier hombre heterosexual querría. No es que sea infiel, es un simple deseo. Un deseo que me está trastornando con el olor a su pelo mojado, pero eso. Nada más que un anhelo. No la he traído para eso.

No sé para qué la he traído, hostia.

—Busco a mi hermana —dice Sofía de pronto—. Llevo años buscando a mi hermana.

Vaya, qué raro, esas cosas suelen saberse. Especialmente con alguien tan popular como ella. Todos saben que mi novia murió, incluso rumorean que la tengo preservada. ¿Cómo es que nadie ha hecho correr el rumor de que le había ocurrido algo a su hermana?

—Por eso desapareciste —digo tanteando, no quiero que se cierre con sus secretos.

—Sí. Mi hermana… se metió en líos con gente peligrosa en Latam. Tuve que ocupar su lugar. No tuve opción o caerían sobre mi familia.

¿Gente peligrosa? ¿Está en movidas con narcos?

—Pero estás activa de nuevo. Lo sé por Gorka —digo rápido, para que no me pille. Si se entera que soy su fan, va a manipularme. Más—. Ha mencionado que hace poco subiste un examen de tu virginidad.

Eso me ha sorprendido antes, cuando lo ha dicho mi amigo. Pensé que quizá había desaparecido porque se había cansado de esa tontería de la virginidad. Quizá ya no quería seguir jugando a ese papel y eso enfadaría a sus suscriptores.

Además, ¿quién se cree esas tonterías? Todos saben que no es posible determinar a ciencia cierta si alguien es virgen. A mí eso me daba igual. Esta tía podría haberse follado a medio Euskal Herria y me seguiría pareciendo la chica más guapa de todo el planeta.

Porque lo es. Objetivamente hablando.

—Mis jefes me dejaron volver a las redes sociales. Es más… —Percibo su silueta, como se abraza las rodillas, doblando las piernas contra ella—. Me ordenaron volver. —Habla tan bajito que apenas la puedo oír, como si le diera miedo lo que está contando—. La mayoría de mi dinero se lo quedan ellos.

Hostia. ¿En serio? Qué cabrones. Es terrible.

Algo que me parecía casi artístico de pronto se ha convertido literalmente en un trabajo de trata de personas.

Si lo hace obligada, eso es. Y puede que yo trabaje para gente como Akerbeltz o para la familia de Haize, pero ellos tienen códigos.

No trafican con droga. No se meten con niños ni con mujeres.

Algo de moral tienen. Algo.

Y ya, yo la he secuestrado hoy, pero temporalmente. Solo para… No sé para qué. Hostia puta. Creo que solo quería estar con ella un poco más.

Empiezo a sentirme como una auténtica mierda y eso no puede ser. No puede ser.

La moral humana es para los humanos.

Haize se burlaría de mí en este momento.

Aléjate de ella. Arruinará tus planes.

Tal vez mi amuma tenía razón. Quizá Sugaar no pretendía que hiciera lo que decía mi amuma. Quizá la trampa era acercarme a Sofía. Que me volviera blando, que…

—Los odio —murmura Sofía y me sobresalto. Me había perdido en la oscuridad—. Los odio tanto que me siento… Me siento podrida.

El desprecio que destila de sus palabras es brutal. Percibo la energía que irradia, casi como un aura roja que la rodea y que vibra contra mí. No, no casi. La percibo de verdad.

Hasta que suelta una carcajada y la energía se disipa, como si nunca hubiera estado.

Pero no la imaginé. Charlie se remueve entre los dos, inquieto.

—Mierda. —Sofía se pasa una mano por las mejillas. ¿Estaba llorando?—. Odio que me vean así.

Siento la garganta seca, me cuesta tragar. Me cuesta no abalanzarme sobre ella, rodearla con los brazos y prometerle que no dejaré que ningún desgraciado vuelva a hacerle daño.

Joder, yo soy un desgraciado que hoy le ha hecho daño. Parecía bastante histérica cuando le dije que la iba a entregar a Akerbeltz.

—¿Siguen detrás de ti? —Necesito saber más—. ¿Son de aquí?

No responde. Supongo que no tiene por qué responderme, considerando donde la he traído, cuando pude dejar que Gorka la llevara a la Ozakidetza y se olvidara de todo esto.

El techo de piedra vibra sobre nosotros, pasan pocos coches por las fiestas, pero son suficientes para hacer temblar todo el túnel. Creo que ya han pasado como quince minutos.

Deberíamos irnos. Ella no va a soltar más y tal vez eso sea mejor. No me está gustando nada esto.

Empiezo a moverme para levantarme pero…