Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi) Hamabi. Mentiras. Doce
23%

Hamabi. Mentiras. Doce

HAMABI Mentiras DOCE

«La forma de vincular a una sorgina depende de la naturaleza de cada dios. Sí, también hay hombres, pero son pocos».

Amaia.

Traducción al castellano

Herio

Joder. Quisiera dar brinquitos de felicidad porque Sofía está viva. ¡La ha revivido! ¡Yo! ¡Con mis poderes! ¡JA, JA, JA! Pero no doy brinquitos. Y solo me río en mi mente porque soy un semidiós, tengo que comportarme como tal. Me cruzo de brazos y observo como llora desolada en el suelo.

Tengo que morderme la lengua para no reír de felicidad.

Está viva. Viva.

—¡Por favor! —ruega sollozando y pasándose las manos por las mejillas—. ¡Déjame ir!

El perro ladra y se mueve de un lado a otro enfadado. Le ponen nervioso los llantos de Sofía. Y la verdad, me ponen nervioso a mí también, pero estoy demasiado feliz porque está viva.

Además, esta chavala sabe que la mayoría de los hombres medianamente heterosexuales caen rendidos a sus pies. No voy a caer en sus manipulaciones emocionales.

—Herio, mira, quiero que Akerbeltz nos perdone —dice Gorka mirando a Sofía y luego a mí—. Pero esto es demasiado. No soporto verla así.

Y por supuesto que Gorka sí ha caído. Pero yo no soy un humano miserable como él. Yo puedo soportarlo.

Además, joder, la he revivido. ¡Mis habilidades han funcionado!

—No quiero que se la entreguemos a Akerbeltz —insiste Gorka—. Ya no.

—Lo haremos y asunto zanjado —digo, dedicándole una de esas miradas semidivinas que he practicado mucho tiempo para intimidar a la gente.

Al menos Gorka se ha tragado mi actuación. Y por los llantos de Sofía, ella también. Ni de coña se la entrego a Akerbeltz. ¿Darle a ese dios depravado a la mujer de mis sueños? Antes muerto.

Pero es la única excusa que se me ha ocurrido para llevármela.

El destino me ha puesto a Sofía Ochoa al frente, sería un imbécil si la dejo ir.

—Herio, piénsalo bien. —Gorka parece desesperado por los llantos y temblores de Sofía—. Tu amuma, que jamás falla con una de sus profecías, te ha dicho que te alejes de las chicas de pelo celeste y estás haciendo todo lo contrario.

Puto Gorka. Tiene razón.

—Por eso mismo la llevaré conmigo. —Me paso la mano por el pelo y luego recuerdo que no debo mostrarme exasperado, así que las meto en los bolsillos, guardando también el móvil de Sofía—. Ya me he acercado a ella. Lo mejor será llevármela y asegurarme de que no ocurra nada desastroso.

—Eso no tiene sentido —insiste Gorka.

No. No lo tiene. Pero tampoco tiene sentido que el amor platónico de mi juventud apareciera la noche del ritual ahogándose en la ría de Bilbo.

Y a mí tampoco me hace gracia verla llorar de esta forma.

Pero ¿qué puedo hacer? ¿Dejarla ir? Podría hacerle pensar que soy un buen chico, decirle, toma Sofía, anota mi número de móvil y quedemos otro día.

Pero es que no soy buen chico. Además… eso es justamente lo que haría siguiendo la lógica razonable del asunto. La profecía dice que me aleje. Sugaar la puso en mi camino para joderme. Lo esperable sería que la alejara de mí.

¡Eso es lo que ese puto dios pretende que haga! Él conoce a mi amuma. Sabía perfectamente que ella vería a Sofía cruzarse en mi camino y me recomendaría apartarme.

Así que haré lo contrario. Me la llevo, ya está.

—¡Qué no soy una espía! —lloriquea Sofía.

—¿Segura? —Arqueo las cejas—. ¿Niegas también que quieres quitarnos al perro?

—¡Porque quieren sacrificarlo!

Le doy la espalda, me acerco al perro y le paso una cuerda a él también por el cuello. Hasta este momento el cachorro se había comportado bien, pero ahora intenta soltarse y me gruñe, enseñando unos dientes demasiado filosos para ser de un perro cualquiera.

Creo que no le gusta que esté haciendo llorar a la chica. O tal vez… ¿entiende lo que hablamos?

—Vale, vale. —Me levanto, suspiro y me giro hacia Sofía—. Deja de llorar y lleguemos a un acuerdo.

Al principio no reacciona, pero parece que mis palabras se abren paso en su ataque de histeria y levanta la mirada con los ojos enrojecidos.

El estómago se me contrae. Soy un hijo de puta, no voy a negarlo.

Soy un cabrón que hace el trabajo sucio de Akerbeltz y me he cargado a más personas de las que puedo recordar.

Pero los ojos vidriosos e irritados de esta chavala me retuercen las tripas.

—¿Vas… vas a soltarme? —murmura entre sollozos.

Me acerco y me agacho apoyando una rodilla en el suelo para quedar a su nivel. Hostia, ¿todas las chavalas empapadas y a punto de sufrir hipotermia huelen así de bien? Sofía se estremece bajo mi mirada, como si quisiera ocultarse entre las sombras del refugio.

Incluso llorosa y con el maquillaje corrido, esta tía es guapa.

Cuando se hizo popular yo tenía diecinueve.

Soñaba con ella, veía todo el contenido que subía.

Pagaba cualquier cosa que subiera a OnlyFans.

Estaba tan obsesionado con ella que pensé que nunca aparecería una mujer que en la realidad me hiciera sentir lo que ella me causaba solo con un vídeo.

Hasta que conocí a Egu. Una diosa. Necesité conocer a una diosa para olvidar mi obsesión con Sofía Ochoa.

Parcialmente.

—Neska —digo, intentando mostrarme tranquilo, como si su aroma delicioso no me pusiera en absoluto—, no sé por qué has mentido, pero no puedo arriesgarme a qué…

—¡No he mentido! ¡Yo no…!

—Escúchame. —La agarro de los hombros para que me mire—. No voy a arriesgar la noche más importante de mi vida. Pero te daré una oportunidad.

Guarda silencio y me observa. Sus hombros se agitan ligeramente entre mis manos, pero no vuelve a gritarme ni a llorar.

Aléjate de ella.

Los cojones.

—Vendrás conmigo y mi amuma decidirá si eres o no una espía, o si te enviaron para impedir que haga lo que tengo que hacer con el perro.

—Omito la palabra sacrificio, por si el cachorro entiende algo—.

Tengo que pasar por mi casa a buscar mis cosas antes del ritual.

Es un viaje de unos cuarenta minutos, no más.

Ni siquiera saldremos de Bizkaia. Si mi amuma decide que eres inocente, te soltaré.

—¿Tu amuma? —Sofía suspira, limpiándose una lágrima—. ¿Por qué?

Porque es una bruja retorcida que sabrá si te ha enviado Sugaar solo con mirarte.

—Herio… —Gorka se acerca—. ¿Y si la soltamos, sin más?

Gorka no comprende porque no sabe la verdad.

Si supiera que la única chica por la que alguna vez deliré es ella…

se daría cuenta de que es realmente sospechoso que haya aparecido esta noche.

Estas casualidades no existen. Alguna fuerza oscura está detrás de esto y no puedo soltarla porque me dé lástima.

Seguramente eso es lo que Sugaar quiere que haga.

No puedo tomar decisiones de blanducho solo porque ella suspire.

Ni por su pelo de ángel ni su carita de muñeca, o esos ojos brillantes que me miran con súplica y…

No. No seas imbécil. Te quiere manipular. Tiene miles de seguidores en OnlyFans a los que controla con un par de gemidos. Sabe cómo convencer a un hombre y no voy a caer en eso. Yo no soy un hombre.

Soy un puto semidiós.

—No, Gorka, no la soltaré. —Vuelvo a mirar a Sofía—. Tómalo o déjalo, neska.

—¿Por qué tu abuela? —pregunta otra vez.

—Yo preferiría enfrentarme a Akerbeltz —susurra Gorka.

Lo ignoro y me concentro en Sofía.

—¿Sabes que soy un semidiós, verdad?

Ella asiente.

—Un semidiós arrogante que se cree influencer —dice con la voz cargada de rabia.

Me mira con desprecio, pero hace tiempo me envió una solicitud en Instagram.

—¿Qué pasa? —Sonrío—. ¿Ya no te mola eso de hacer una colaboración conmigo?

Se pone roja, pero controla la rabia que chispea en sus ojos y me devuelve una sonrisa fría. Va dejando de lado su fachada de víctima. Ajá, eso es. Muéstrame tu verdadera naturaleza, neska.

—No. Ya no me mola —murmura—. Pasó tu oportunidad.

Suelto una carcajada. Normalmente las chicas y chicos se mueren por algo tan miserable como hacerse una foto conmigo. Pero no me extraña que ella diga esto. Es mucho más popular que yo, especialmente en Latam.

Y a pesar de eso se ha arrojado al agua por un iPhone. ¿Tendrá problemas de dinero? ¿A pesar de todo lo que gana en OnlyFans? En alguna movida debe estar metida.

—Es esto o dejarte atada aquí y que te mueras de hipotermia.

Tú eliges. —Me pongo de pie y la miro desde arriba, con arrogancia.

Como si no quisiera arrojarme a sus pies—.

Mi amuma no es una viejita cualquiera. No.

Es una sorgina. [64] Fue una de las sorginak más poderosas de Mari antes de que…

—Hummm, esa información no es necesaria—.

En su juventud. Ella sabrá, con solo echarte un vistazo, si lo que dices es verdad.

Sofía me mira dudosa. No confía para nada en mí. Sus ojos bonitos y oscuros son como los de un corzo desconfiado.

—Si ella dice que no estoy mintiendo, ¿en verdad vas a soltarme?

Asiento en silencio y Gorka también. El perro al fin se queda tranquilo y se sienta, observándonos desde las sombras.

—Te doy mi palabra de semidiós —extiendo la mano hacia ella.

Tiene los brazos atados, pero consigue doblar uno lo suficiente para levantar la mano. Me mira a los ojos y yo cierro mis dedos alrededor de los suyos.

Un escalofrío me recorre. La piel de Sofía Ochoa está muy fría.