Hamar. El dios. Diez
HAMAR El dios DIEZ
Herio
—¡Herio!
La voz de Gorka me despierta y me siento sobre el suelo de piedra, respirando con dificultad y temblando. Sigo empapado. ¿Dónde…? La realidad me golpea, con un maldito puñetazo en el estómago.
Sofía, la ría, el agua furiosa, la tormenta. Los recuerdos se me clavan como agujas en el pecho. Bajo la mirada y la realidad es demasiado angustiante. Sigue muerta. Está muerta.
—Hostia puta, tío. —Gorka me agarra de los hombros y me obliga a mirarlo—. Te has desmayado cabrón, ¡menudo susto me has dado!
Bajo la vista hacia… el cadáver. Eso es.
El cadáver de Sofía. Y tengo la estúpida sensación de que es un error.
Estaba con ella justo ahora, ¿o no? Había una clase.
¿O estábamos en un tren? Me llevo una mano temblorosa a la cabeza, me duele.
Soy gilipollas, habrá sido un puto sueño.
Estábamos… en algún sitio como si nos conociéramos.
Y ella y yo nunca hemos estado en ningún sitio.
Está muerta y no he podido hacer nada.
Qué chavala más tonta. Cómo te mueres por un puto iPhone.
El perro ya no ladra.
—Suéltala, tío. —La voz de Gorka suena rasposa, afectada—. No hay nada que hacer.
No me había dado cuenta, todavía la aferro del pelo, con una mano. Su cara está ligeramente inclinada hacia un lado, como dormida. Sigue sin parecer muerta del todo.
Me aparto, intentando respirar, alejándome del agua, hemos dejado en una poza alrededor del cuerpo de ella.
El perro gimotea y tiembla, alejándose, ocultándose contra las sombras de la pared de piedra.
Qué oscuro y frío es este sitio. Más que nunca.
—¿Ondo zaude? [48] —Gorka me mira preocupado.
—Bai, no ha sido nada.
—¡Casi la palmas también!
—Que no, joder. —Me paso una mano por el pelo mojado, echándolo hacia atrás—. Ha sido difícil, sacarla de la ría y darle aire. Me he desmayado.
Pero no ha sido un desmayo normal. Lo sé. Pero tampoco sé qué cojones ha sucedido y, lo que sea que ha pasado, no ha servido de nada.
—Para ser un semidiós —dice Gorka, torciendo los labios—, eres un debilucho.
Gilipollas.
—Vaya desperdicio de chica. —Gorka se pone de pie. Inspira hondo y se sacude la ropa—. Ya está, cómo dice mi amuma, ¡egindakoa, eginda dau! [49]
Me entran ganas de golpearlo, aunque en realidad, él tiene razón. Todavía nos hace falta terminar la misión de esta noche y Gorka no comprende cómo me afecta lo de Sofía, no sabe lo obsesionado que estuve con ella hace años.
¿Por qué no puedo dejar de mirarla? Sus pestañas mojadas, esa boca delicada y hermosa que tiene. Joder. Ni siquiera la he conocido nunca en realidad.
—Akerbeltz no puede enterarse. —Gorka se muerde una uña, nervioso—. Si se entera de que se nos ha muerto una virgen la noche del akelarre, es capaz de sacrificarnos a nosotros en vez de al perro.
No respondo. Joder. Es verdad que se ha muerto. [50]
—¿Crees que podemos preservar su cuerpo? —Gorka observa a Sofía un momento—. ¿Así como has hecho con Eguzki?
—Ni de coña. —Con una chica muerta y preservada en mi casa me basta—. Deberíamos tirarla a la ría antes de que Akerbeltz se entere de que se nos ha muerto una virgen.
Aunque de solo imaginar el tirar a Sofía Ochoa a la ría me entran ganas de potar. Y Aker no puede enterarse, va a colgarme si sabe que la he dejado morir.
Yo mismo quiero colgarme por haberla dejado morir.
¿Pero qué voy a hacer? Mi amuma ya gasta muchas energías en preservar el cuerpo de mi ex. Si le llevo otra chica… No sé qué haría si le llevo otra chica. Tal vez me enviaría a terapia.
De nuevo.
—¡No me jodas! —Gorka me mira molesto—. ¡No voy a lanzar a Sofía Ochoa a la puta ría!
Me pongo de pie, aparentando indiferencia. Me alegro de que sea él quien rechace la idea.
—Bueno, ya que insistes, cuida su cuerpo durante la noche y mañana veremos qué hacer. —Aunque le hablo a Gorka, no dejo de mirar a Sofía—. Yo tengo que llevar el puto perro para el ritual. Si no llego con él, estamos jodidos. Además, si no asciendo esta noche tendré que esperar otro año más.
—¿Tanto?
—Bai. [51]
El perro tiembla, acurrucado contra la pared, ajeno al destino que le espera. Ni siquiera ha intentado escapar.
Y Sofía… No se mueve. En serio se ha muerto. Una parte de mí espera a que mueva un dedo, quizá las pestañas. Pero no. El pecho me duele de angustia y trato de que no se me note. Aprieto las manos, tengo que hacer el rito. Ya viví la muerte de Egu. Puedo superar esto.
—Pero, tío, me es imposible quedarme cuidándola.
—Gorka empieza a caminar de un lado a otro, poniéndome más nervioso—.
Akerbeltz me ha encargado que recoja a las chavalas que se han ofrecido para el rito, tengo que irme.
Voy más que retrasado. Tú eres un semidiós y a ti te perdonará. A mí va a colgarme de los huevos.
Hostia. Tendremos que dejarla aquí y la idea me parece terrible. Es un sitio asqueroso; frío, oscuro y húmedo. Es un cadáver pero… da igual. Sigue siendo un cadáver demasiado hermoso para este sitio.
La alegría y euforia que hoy me inundaban por mi ascensión se han ido a tomar por culo. Ya no me apetece nada. Pero es cierto, llevo años esperando esta noche, no puedo amargarme y arruinarlo todo.
Si ves a una chica de pelo celeste, aléjate de ella. Arruinará tus planes.
Joder, ni siquiera me afectaría solo a mí. Tengo que hacer esto por Egu. [52]
—Bueno, ve a buscar a las chicas del rito. Pero, cabrón, no vayas a decirle a Akerbeltz lo que ha ocurrido.
—¿Eres tonto? Lo que faltaba. —Se seca las manos mojadas en los vaqueros—. Está furioso por lo del otro día. A ti va a perdonarte ese error, a mí no.
—El que miró mal las fichas fuiste tú. No me jodas, ya bastante te ahorras solo mirando mientras yo me los cargo.
—Ya, ¿y la sangre por todos lados? ¿Sabes cuánto tardé en limpiar ese desastre? Akerbeltz estaba furioso porque ensuciamos su almacén. Tú no viste cómo se puso.
—¿Desastre? ¡Pero si te encanta ver como los hago gritar!
Y le gusta todavía más el dinero que gana subiendo las torturas a la dark web .
—¡No me encanta pasarme horas limpiando la sangre y los vómitos! Estoy hasta los huevos de tus fetiches.
—¿Fetiches? —Apunto a la chavala muerta—. Eres tú el que paga por ver el OnlyFans de una chica virgen.
—¡Tú también lo pagabas!
—Ya no.
Bueno, puede que hace unos meses me haya hecho unas pajas con sus vídeos, después de la muerte de Egu. Pero usé los vídeos que tenía guardados.
Parpadeo, mirando otra vez el cuerpo de Sofía. Por un segundo, un efímero segundo, me he olvidado de que el cadáver a nuestros pies es el de ella.
Se me cierra la garganta.
—No me juzgues. —Gorka da un paso hacia mí—. No tú. ¡Tienes a tu ex embalsamada porque no eres capaz de superarla!
¿En serio? Este imbécil acaba de bajar de la categoría de mejor amigo. No puedo creer que me eche eso en cara sabiendo lo que Egu y yo pasamos juntos, lo dura que fue su muerte para mí.
—No está embalsamada. Está preservada. —Lo apunto con el dedo—. Es diferente. Y acabas de sugerir que preservemos también a Sofía.
No responde. Por supuesto que no admito que me estoy pensando la sugerencia de preservarla también [53] y nos quedamos así, mirándonos en un silencio siniestro.
Se oye mi propia respiración, todavía acelerada y el ruido de los golpes del bote, que sigue amarrado a la saliente del refugio y se mueve con la marea.
Las celebraciones de Gau Beltza deben haber empezado, el zumbido de la ciudad es como una música de fondo, un enjambre humano que emborrona el silencio.
Ya no llueve.
Y en este momento odio a Gorka.
—Vale, vale. —Gorka suspira y me sonríe—. No me mires así. Ha sido un arrebato, joder. Esto me ha afectado.
Suelto el aire despacio.
—Si esto te afecta, piensa como me afectó perder al amor de mi vida antes de soltarme esa mierda otra vez.
Y ahora he perdido al amor platónico de mi juventud.
La vida me odia. Menuda ironía.
No puedo evitar reírme. Empiezo a reírme sin parar, desesperado.
—Vale, vale, Herio, lasai. [54] —Gorka levanta las manos pero apenas lo veo. Se ha vuelto borroso por las lágrimas. Lágrimas de risa. No puedo dejar de reír—. ¡Joder! ¡Que das miedo cuando te pones así!
Mi risa retumba en la caverna, retumba en la oscuridad de este zulo de mierda y… Me callo. Me callo porque el perro está de pie junto al cadáver de Sofía. ¿En qué momento? ¡No lo he oído acercarse a ella!
Se inclina y le da un lametazo en la cara.
—¡Ey! —Doy un paso y aparto a Gorka de un empujón para llegar hasta el perro—. ¡Qué cojones haces!
Estoy a punto de agacharme para coger al perro, pero me quedo quieto, helado. Sofía ha movido la mano. Estoy seguro. Sus dedos se han movido un poco, han rasguñado la gravilla del suelo de piedra.
El corazón se me dispara.
—Gorka… —Agarro a mi amigo del brazo—. ¡Hostia!
Sofía se levanta bruscamente, la espalda muy recta, como un puto zombi despertando. Nos mira conmocionada, respira con dificultad todavía sentada en el charco de agua. Como si nunca hubiera estado muerta.
Hossstiiia puta.
El pelo celeste le cae alborotado alrededor de la cara.
Gorka grita como un histérico. Me cago en dios, en todos los dioses.
Los ojos de Sofía se abren horrorizados y empieza a toser, encorvándose.
Se pone de rodillas y escupe agua. No soy capaz de moverme.
¿Qué cojones? Tose con violencia, casi convulsionando.
El agua le cae de la boca y se estrella contra la piedra.
Las luces de las linternas titilan. Se encienden y se apagan.
El perro ladra, más y más. Cada ladrido es un eco furioso en la penumbra y un escalofrío me recorre mientras ella jadea y alza los ojos hacia nosotros, irritados, enrojecidos.
Los clava en mí.